Entrevista a Dennis Noyes: “Roberts era el héroe de todos los humildes orgullosos”

Dennis ha sido y es uno de los personajes más influyentes en el periodismo de motor desde que llegó a nuestro país a mediados de los `60
Sergio Romero -
Fotos: MPIB / Gold & Goose

Noyes ha dedicado su vida a las motos y lo ha hecho de muchas maneras, como probador, comentarista, técnico, organizador y también como piloto. Llegó a España en 1965 y desde entonces  comenzó su andadura en la prensa, primero en Solo Moto y después en Motociclismo. Tras varias etapas se marchó con Dorna. Debutó en el Mundial en 1974 y creó la famosa serie de artículos de opinión «cinta americana». Su paso por la televisión ha sido también una parte importante en su carrera y ha sido comentarista técnico en Antena3, RTVE y los últimos cuatro años en Mediaset. Ha sido piloto de coches y en la actualidad es uno de los organizadores de la RFME Copa de España de Flat Track.

¿Cómo fue tu primer contacto con las motos?

Al llegar a España, y precisamente a Barcelona, en 1965, había motos por todos lados. En mi pueblo en USA había dos o tres motos, todas Harley con manillar alto llevadas por tíos temibles. Pero en Barcelona cada cambio de semáforo era como la salida de un GP. Desde Lobitos hasta las majestuosas Norton Atlas 750 cc. Yo tenía 23 años y nunca había llevado una moto. Daba clases de inglés en el Instituto de Estudios Norteamericanos en la Vía Augusta, cerca de la tienda Norton de Juanjo Rodés y de Ducati en Travesera de Gracia, terreno de Ricardo Fargas. Un día un profesor colega de Indiana me ofreció por 6.000 pesetas su BMW R26 250cc, mono con cardan, matrícula militar americana caducada y documentación en turco… (era originalmente de un soldado americano en una base turca). Le dije que sí, por capricho y porque yo había corrido tres años en «stock cars» en «dirt track» y la vida de profesor ya me aburría. Las motos nunca aburren.

Me han gustado todos los trabajos, pero más el de probador. No parecía trabajo. Me pagaban por divertirme

¿Por qué viniste a España y cómo empezaste a trabajar en nuestro país? 

En la universidad era obligatorio aprobar dos años de estudios en un idioma. Yo lo dejaba hasta el tercer año y opté por español porque ya sabía decir «mañana», «adiós», «siesta» y unos cuantos tacos mexicanos. Y me iba fatal, hasta estaba en duda si me graduaría o no. Pero un profesor cubano me dijo: «Tú no sabes aprender de libro. La única solución es irte a México solito con poco dinero y no hablar con ningún gringo». Lo hice… Historias de Jalisco que no vienen al caso. Algo me pasó. Me enamoré del idioma y de todo relacionando con la cultura hispana. Estuve un año estudiando en Costa Rica y pasé un verano trabajando de periodista en Caracas. Después de graduarme trabajé en Guatemala hasta que un joven agente de la CIA (era 1964 y Guatemala estaba todavía metido en su larga guerra civil), me habló de España. Me dijo: «España es el país más bello del mundo».  Tenía razón, aun con la dictadura. Aquella España de entonces para un chico de Illinois era como una película. Conseguí trabajo en el instituto, aprendí a ir en moto y cincuenta años después... ¡Pues, ya ves!

De todos los trabajos que has tenido, probador, redactor, comentarista, en Dorna, organizador ¿con cuál has disfrutado más?

Me han gustado todos los trabajos, pero más el de probador. No parecía trabajo. Me pagaban por divertirme. Hice miles y miles de kilómetros con motos de pruebas. Desde la Ducati 24 Horas y la Montesa Crono, hasta la Laverda Jota y la Ducati 900ss. Pero era un placer y un privilegio hacer las «Pruebas a fondo» de 10.000 km con las españolas, italianas, británicas y las primera japonesas en llegar a España. Tenía total libertad para escribir que la Ducati Twin era frágil y nada fiable y que la Yamaha XS 1100 era demasiado cara y muy inestable para todo menos la conducción más tranquila. La frase que más cabreó a Yamaha era que «bailaba como un hipopótamo enamorado de la luna». Un agente me hizo saber que tenía en la recámara una bala con mis iniciales, y algunos vendedores quitaron la publicidad, pero, hablo ya de Motociclismo, mi jefe, Javier Herrero, siempre me apoyaba. «Lo que es bueno, bueno es, y lo otro también». Contaba las cosas como me parecían porque me identificaba con el comprador mucho más que con el vendedor. Eran otros tiempos.

Has vivido muchos años en las carreras, ¿con qué época te quedas?

La época Kenny Roberts y sobre todo la breve época de Roberts contra Barry Sheene. La rivalidad con Barry desde fuera parecía amarga, pero no lo era. Los dos, Barry y Kenny, eran tan diferentes de carácter. Barry era un showman natural, como Valentino, y Roberts un genio rudo, de la América profunda, con un sentido de humor agudo y brutal. «¿Qué piensas de Barry?». Le preguntó un periodista británico a Kenny. «No mearía encima de él aunque estuviera en llamas», fue la contestación. Cuando se lo dijeron a Sheene se partió de risa. Hubo entre ellos un enorme respeto mutuo. Sheene me dijo una vez: «Yo le admiro por su salida de las curvas y el me envidia las curvas de las chicas que salen conmigo». La famosa peineta de Barry a Kenny en Silverstone en 1979 fue realmente cariñosa. Barry le decía con el dedo del medio: «No soy tonto… No voy a dejar que chupes rueda hasta la meta. Te toca a ti liderar». Pero Roberts frenó la carrera tanto que llegaron Hartog y Barry tuvo que tirar. Kenny cogió el rebufo y ganó por 0.03". Hablar con estos dos, por separado por supuesto, era de lo más divertido, casi todo «off the record». Además, en aquellos tiempos, publicar lo que se decían hubiera sido imposible.

¿Cuál es tu piloto favorito y con cuál ha sido más difícil tratar?

Uno mismo: Roberts, mi favorito y a la vez el más difícil. Como americano de la América profunda, de la América de «nucas rojas», Roberts era el héroe de todos los humildes orgullosos. Y el trato, cuando quería ser cabrón, era inaguantable. Si no aguantabas insultos era mejor no entrar en su garaje, pero Roberts es muy buena gente.

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¿Cómo ves a la generación actual de pilotos españoles?

Algunas veces me pregunto si realmente saben lo que deben a los que abrían las puertas cerradas del Mundial: Nieto, Tormo, Aspar, Cardús, Pons, Garriga, y también Palomo. Aquel primer título de Ángel, el gran año de Sito en 1988 con Garriga de enorme rival, la hazaña de Palomo en Formula 750 y aquel título de 500 de Crivi. Sin aquellos pioneros, la moto no hubiera llegado a ser tan importante como para que una empresa española, Dorna, hubiera hecho la locura de invertir 60 millones de dólares en algo que nadie más que ellos hubiesen podido levantar. La generación actual de Pedrosa, Lorenzo y Márquez es como la americana de Roberts, Lawson, Mamola, Spencer….Y los españoles que tomarán el relevo, ya sabemos los nombres, serán vuestros Rainey y Schwantz españoles. Esto va para rato.

Los pilotos españoles de Flat Track son buenos y merecen un Campeonato Nacional

En este último año fuera de la escena has estado trabajando en otros proyectos, ¿qué nos puedes contar de la novela?

De las novelas no se habla hasta que están publicadas.

Hay un tema que sé que siempre te ha interesado, ¿qué supone el «flat track» en USA?

Yo llegué tarde a las motos pero hice tres inolvidables años como piloto de «stock cars», en circuitos de «flat track» en Illinois. Con 17 años empecé con un Ford V8 de válvulas laterales y después hice dos años al volante de uno «modificado» con carrocería de Plymoth 1934 y motor Chrysler New Yorker V8 con dos carburadores de cuádruple cuerpo hinchado a 6 litros. El deporte del motor en USA, coches y motos, tiene su origen y alma en los óvalos de «flat track». Ganaba, en una buena semana, más en el óvalo que lo que hubiera ganando en una fábrica y no «trabajaba».

Habéis organizado la RFME Copa de España de Flat Track en 2016. ¿Cómo es el campeonato? ¿Qué proyección tiene en España y que ha supuesto para los Noyes?

Esto ha sido un sueño de mi hijo Kenny, campeón de Fórmula USA Flat Track en el año 2000, delante del mismo Bryan Smith que acaba de ganar el título Grand National. Su idea era hacerlo después de retirarse, pero la caída de Motorland ha cambiado los planes. Es un proyecto que le da mucha ilusión, a él, a su esposa y a mí. Un proyecto Noyes-Petrova junto con la RFME y Dunlop y con apoyo de los amigos en Dorna. ¿Cómo es el campeonato? Yo dejo que los demás juzguen. Creo que va a más en gran parte porque, y esto lo dice nada menos que Brad Baker, los pilotos españoles de Flat Track son buenos de verdad y merecen un Campeonato Nacional.

Noyes ha dedicado su vida a las motos y lo ha hecho de muchas maneras, como probador, comentarista, técnico, organizador y también como piloto. Llegó a España en 1965 y desde entonces  comenzó su andadura en la prensa, primero en Solo Moto y después en Motociclismo. Tras varias etapas se marchó con Dorna. Debutó en el Mundial en 1974 y creó la famosa serie de artículos de opinión «cinta americana». Su paso por la televisión ha sido también una parte importante en su carrera y ha sido comentarista técnico en Antena3, RTVE y los últimos cuatro años en Mediaset. Ha sido piloto de coches y en la actualidad es uno de los organizadores de la RFME Copa de España de Flat Track.

¿Cómo fue tu primer contacto con las motos?

Al llegar a España, y precisamente a Barcelona, en 1965, había motos por todos lados. En mi pueblo en USA había dos o tres motos, todas Harley con manillar alto llevadas por tíos temibles. Pero en Barcelona cada cambio de semáforo era como la salida de un GP. Desde Lobitos hasta las majestuosas Norton Atlas 750 cc. Yo tenía 23 años y nunca había llevado una moto. Daba clases de inglés en el Instituto de Estudios Norteamericanos en la Vía Augusta, cerca de la tienda Norton de Juanjo Rodés y de Ducati en Travesera de Gracia, terreno de Ricardo Fargas. Un día un profesor colega de Indiana me ofreció por 6.000 pesetas su BMW R26 250cc, mono con cardan, matrícula militar americana caducada y documentación en turco… (era originalmente de un soldado americano en una base turca). Le dije que sí, por capricho y porque yo había corrido tres años en «stock cars» en «dirt track» y la vida de profesor ya me aburría. Las motos nunca aburren.

Me han gustado todos los trabajos, pero más el de probador. No parecía trabajo. Me pagaban por divertirme

¿Por qué viniste a España y cómo empezaste a trabajar en nuestro país? 

En la universidad era obligatorio aprobar dos años de estudios en un idioma. Yo lo dejaba hasta el tercer año y opté por español porque ya sabía decir «mañana», «adiós», «siesta» y unos cuantos tacos mexicanos. Y me iba fatal, hasta estaba en duda si me graduaría o no. Pero un profesor cubano me dijo: «Tú no sabes aprender de libro. La única solución es irte a México solito con poco dinero y no hablar con ningún gringo». Lo hice… Historias de Jalisco que no vienen al caso. Algo me pasó. Me enamoré del idioma y de todo relacionando con la cultura hispana. Estuve un año estudiando en Costa Rica y pasé un verano trabajando de periodista en Caracas. Después de graduarme trabajé en Guatemala hasta que un joven agente de la CIA (era 1964 y Guatemala estaba todavía metido en su larga guerra civil), me habló de España. Me dijo: «España es el país más bello del mundo».  Tenía razón, aun con la dictadura. Aquella España de entonces para un chico de Illinois era como una película. Conseguí trabajo en el instituto, aprendí a ir en moto y cincuenta años después... ¡Pues, ya ves!


De todos los trabajos que has tenido, probador, redactor, comentarista, en Dorna, organizador ¿con cuál has disfrutado más?

Me han gustado todos los trabajos, pero más el de probador. No parecía trabajo. Me pagaban por divertirme. Hice miles y miles de kilómetros con motos de pruebas. Desde la Ducati 24 Horas y la Montesa Crono, hasta la Laverda Jota y la Ducati 900ss. Pero era un placer y un privilegio hacer las «Pruebas a fondo» de 10.000 km con las españolas, italianas, británicas y las primera japonesas en llegar a España. Tenía total libertad para escribir que la Ducati Twin era frágil y nada fiable y que la Yamaha XS 1100 era demasiado cara y muy inestable para todo menos la conducción más tranquila. La frase que más cabreó a Yamaha era que «bailaba como un hipopótamo enamorado de la luna». Un agente me hizo saber que tenía en la recámara una bala con mis iniciales, y algunos vendedores quitaron la publicidad, pero, hablo ya de Motociclismo, mi jefe, Javier Herrero, siempre me apoyaba. «Lo que es bueno, bueno es, y lo otro también». Contaba las cosas como me parecían porque me identificaba con el comprador mucho más que con el vendedor. Eran otros tiempos.

Has vivido muchos años en las carreras, ¿con qué época te quedas?

La época Kenny Roberts y sobre todo la breve época de Roberts contra Barry Sheene. La rivalidad con Barry desde fuera parecía amarga, pero no lo era. Los dos, Barry y Kenny, eran tan diferentes de carácter. Barry era un showman natural, como Valentino, y Roberts un genio rudo, de la América profunda, con un sentido de humor agudo y brutal. «¿Qué piensas de Barry?». Le preguntó un periodista británico a Kenny. «No mearía encima de él aunque estuviera en llamas», fue la contestación. Cuando se lo dijeron a Sheene se partió de risa. Hubo entre ellos un enorme respeto mutuo. Sheene me dijo una vez: «Yo le admiro por su salida de las curvas y el me envidia las curvas de las chicas que salen conmigo». La famosa peineta de Barry a Kenny en Silverstone en 1979 fue realmente cariñosa. Barry le decía con el dedo del medio: «No soy tonto… No voy a dejar que chupes rueda hasta la meta. Te toca a ti liderar». Pero Roberts frenó la carrera tanto que llegaron Hartog y Barry tuvo que tirar. Kenny cogió el rebufo y ganó por 0.03". Hablar con estos dos, por separado por supuesto, era de lo más divertido, casi todo «off the record». Además, en aquellos tiempos, publicar lo que se decían hubiera sido imposible.

¿Cuál es tu piloto favorito y con cuál ha sido más difícil tratar?

Uno mismo: Roberts, mi favorito y a la vez el más difícil. Como americano de la América profunda, de la América de «nucas rojas», Roberts era el héroe de todos los humildes orgullosos. Y el trato, cuando quería ser cabrón, era inaguantable. Si no aguantabas insultos era mejor no entrar en su garaje, pero Roberts es muy buena gente.

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¿Cómo ves a la generación actual de pilotos españoles?

Algunas veces me pregunto si realmente saben lo que deben a los que abrían las puertas cerradas del Mundial: Nieto, Tormo, Aspar, Cardús, Pons, Garriga, y también Palomo. Aquel primer título de Ángel, el gran año de Sito en 1988 con Garriga de enorme rival, la hazaña de Palomo en Formula 750 y aquel título de 500 de Crivi. Sin aquellos pioneros, la moto no hubiera llegado a ser tan importante como para que una empresa española, Dorna, hubiera hecho la locura de invertir 60 millones de dólares en algo que nadie más que ellos hubiesen podido levantar. La generación actual de Pedrosa, Lorenzo y Márquez es como la americana de Roberts, Lawson, Mamola, Spencer….Y los españoles que tomarán el relevo, ya sabemos los nombres, serán vuestros Rainey y Schwantz españoles. Esto va para rato.

Los pilotos españoles de Flat Track son buenos y merecen un Campeonato Nacional

En este último año fuera de la escena has estado trabajando en otros proyectos, ¿qué nos puedes contar de la novela?

De las novelas no se habla hasta que están publicadas.


Hay un tema que sé que siempre te ha interesado, ¿qué supone el «flat track» en USA?

Yo llegué tarde a las motos pero hice tres inolvidables años como piloto de «stock cars», en circuitos de «flat track» en Illinois. Con 17 años empecé con un Ford V8 de válvulas laterales y después hice dos años al volante de uno «modificado» con carrocería de Plymoth 1934 y motor Chrysler New Yorker V8 con dos carburadores de cuádruple cuerpo hinchado a 6 litros. El deporte del motor en USA, coches y motos, tiene su origen y alma en los óvalos de «flat track». Ganaba, en una buena semana, más en el óvalo que lo que hubiera ganando en una fábrica y no «trabajaba».

Habéis organizado la RFME Copa de España de Flat Track en 2016. ¿Cómo es el campeonato? ¿Qué proyección tiene en España y que ha supuesto para los Noyes?

Esto ha sido un sueño de mi hijo Kenny, campeón de Fórmula USA Flat Track en el año 2000, delante del mismo Bryan Smith que acaba de ganar el título Grand National. Su idea era hacerlo después de retirarse, pero la caída de Motorland ha cambiado los planes. Es un proyecto que le da mucha ilusión, a él, a su esposa y a mí. Un proyecto Noyes-Petrova junto con la RFME y Dunlop y con apoyo de los amigos en Dorna. ¿Cómo es el campeonato? Yo dejo que los demás juzguen. Creo que va a más en gran parte porque, y esto lo dice nada menos que Brad Baker, los pilotos españoles de Flat Track son buenos de verdad y merecen un Campeonato Nacional.


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