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Alaska

Etapa 7. Seattle (Washington) – Anchorage (Alaska). Tras más de 4.500 km de fantástico viaje, al llegar a Anchorage, principal ciudad en Alaska, teníamos sentimientos encontrados; la satisfacción de haber terminado una inolvidable aventura sobre cuatro magníficas BMW GS 1200 Adventure, frente a la tristeza de no poder seguir disfrutando, aún más, de la naturaleza en la inmensidad del oeste norteamericano.

Que chicas, ¿cómo os sienta el clima de Alaska? Otro nuevo equipo nos ha traído hasta es extremo norte de Norteamérica y en verdad que ha sido divertido. Hemos viajado en varios ferries por lugares prodigiosos y lo sabemos porque en muchas ocasiones hemos navegado en la cubierta de algunos pequeños barcos para atravesar los fiordos canadienses. También rodamos por unos cuantos miles de km por territorios desiertos de población que no de naturaleza, pues en sus inmensos bosques, lagos y montañas, desde los osos a las ardillas, Canadá y Alaska están llenos de vida. Esto ha sido lo mejor de toda la etapa. Las soledades de los desiertos del mundo como el Sahara y los de Norteamérica central están muy bien, pero las soledades humanas pero saturadas de fauna salvaje del Yukón tampoco se quedan atrás. Territorios más grandes que la Península Ibérica y apenas poblados, una sensación de auténtica libertad. Además otra vez nos han aparcado delante del ayuntamiento, escoltadas por la policía local y nuestros pilotos han sido homenajeados por el alcalde de la capital de Alaska. Nos sentimos eufóricas, pues sí bien es verdad que a veces nos han caído trombas de agua y granizo de gran calibre, tampoco es menos cierto que estos paisajes recorridos sólo pueden realizarse en moto en unos pocos días del verano. El resto del año penumbras y noches permanentes, nieves y temperaturas a bajo cero hacen imposible el viaje. Leer el diario de los pilotos de la 7ª etapa, mientras nosotras partimos con rumbo hacia Sudamérica.

29 de junio 2006: Muy buena la labor del concesionario Ride West BMW en Seattle, ciudad cuna de empresas como Microsoft, Amazon, Starbucks Coffee, etc. Desde sus talleres salimos y después de un enjambre de rutas tomamos el trasbordador a la Isla de Vancouver (Canadá). Enorme isla de más de 600 kilómetros de longitud con una vegetación increíble de abetos y pinos desde el mismo borde del océano hasta las cumbres montañosas. Todos con nuestros trajes relucientes, ni nos imaginábamos que sería la única ocasión de verlos así. Tras 10 horas de un viaje duro, de lluvia, de arena, de polvo, de acople a las motos, no quedaba nada de aquellos trajes impecables. No cabe duda que cuando aparecen cuatro nuevos modelos BMW GS 1200 Adventure, espléndidamente equipadas con cuatro pilotos idénticamente vestidos, en cualquier rincón del mundo, atraen al público. Aquí, nativos y foráneos, no paraban de mirar el recorrido en el lateral de las maletas. Con mucha satisfacción muchos motoristas nos preguntaron: ¿Sois los de www.vueltalmundobmw.com?.

30 de junio a 4 de julio 2006: La isla de Vancouver nos retuvo cuatro días en lugares tan atractivos que salíamos a las 8 de la mañana a ver orcas, ballenas, focas y simpáticos delfines, o de pesca. Sólo pescamos dos bacalaos de pequeño tamaño y peso que picaron despistados y que hubo que retornar a la mar. Vivimos en cabañas hermosas en Parksville y Telegraph Cove, lugares muy recomendables y de allí en un trasbordador durante 17 horas por el interior entre tierra firme y las Islas Charlotte hasta el Pacífico para llegar a Prince Rupert.

5 de julio 2006: Ya en ruta terrestre continuamos por British Columbia para llegar a Watson Lake a través de la soberbia Cassiar-Stewart Highway. Allí se encuentra un atractivo original, que es un bosque de carteles. Dicen que hay mas de 30.000 carteles de los turistas que durante años han pasado por allí dejando matrículas antiguas o carteles con sus nombres y ciudades. Encontramos uno: «Vicálvaro, España os saluda». Lógicamente quedó para la posteridad una calcomanía de la Vuelta al Mundo BMW, en lugar predominante.

6 de julio 2006: Días de 350 hasta 700 km eran la media. El límite de velocidad está en 110 km/h (habitualmente menos) y cuanto más al norte, más sinuosas, estrechas y con trozos en reparación, son las carreteras. El depósito de gasolina sobredimensionado que teníamos nos ofrecía gran tranquilidad al estar las estaciones de servicio separadas normalmente más de 100 km. Tuvimos nuestra primera experiencia con animales salvajes, nada más y nada menos que con un oso al borde de la carretera, como quien ve una liebre, por cualquier carretera de interior de España. Alucinante de verdad, y no fue la única ocasión. Ya entrados en Yukón, el estado canadiense más grande (más extenso que España y Francia juntos) y con el 80 por ciento en estado virgen, nos dirigimos a través de la famosa Alaska Highway hacia Whitehorse, la capital de Yukón, (ciudad que sólo tiene 75 días al año sin heladas), de donde se abastecían los buscadores de oro, hoy base de las empresas que extraen otros minerales como platay plomo. Recordamos con agrado el último restaurante donde cenamos muy bien un salmón salvaje servido porunas camareras que endulzaron nuestros ojos. Peter también hubiese tenido posibilidades de establecerse para siempre en dicha ciudad, si le hubiese hecho caso a sus compañeros en ser consorte de la dueña de una