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China 2008

Aventuras en China I. Este verano China está de moda, las Olimpiadas de Pekín y la pujanza económica del gran gigante asiático le tendrán en primera plana. Es el momento de conocer sus increíbles paisajes y su milenaria cultura, viajando en moto por sus carreteras y caminos.

El verano es tiempo de viajar, pero también de leer tranquilamente en tu lugar de vacaciones algunos relatos de viajes en moto. Si, como en este caso, son sobre China, ten por seguro que no te aburrirás con los próximos capítulos de un completo viaje por China de este a oeste y de regreso desde Kasghar, en el extremo occidental hasta Xining en el centro.

Que este es su año de la suerte está en parte basado en su número favorito, el ocho, por eso inauguran las Olimpiadas el 08 del 08 del 2008 a las ocho de la tarde. Para nosotros la suerte es que, por fin, tras milenios de aislamiento, China empieza abrirse a occidente, aunque con infinitas limitaciones burocráticas y dificultades, por fin podemos recorrer en moto sus territorios, sus desiertos, bosques y montañas.

Hemos dividido este largo viaje de más de 12.000 km en cinco capítulos en base a los muy diferentes panoramas y atractivos que se enlazan a lo largo del mismo. Nada tiene que ver la China oriental con sus grandes ciudades con el desierto del Gobi o la región de Xining con su desierto del Taklamakan (que traducido significa: entrarás, pero no saldrás) y aun menos con el Tíbet. Todos tienen más que suficientes argumentos para convertirse en viajes memorables, así que arranquemos en Xining, sobre un par de BMW F-650 Dakar para empezar a disfrutar.

Nos pusimos en marcha Ricard y yo desde Xining en busca del lago Qinghai, el más grande de China, enclavado a casi 3.000 metros de altitud. Ricard, más acostumbrado que yo a las continuas comidas picantes y a los brindis inacabables con los que nuestros anfitriones que nos acompañaban en automóviles 4x4, además de las autoridades locales, nos agasajaban cada día. Partimos de la modernista capital de la región de Qinghai ,en el centro del país, es la mejor base de operaciones para alcanzar en unos días todos los paisajes de la China, un crisol de sus razas donde Asia central y oriental, los mongoles del norte y los tibetanos del sur, se funden con la nueva China. Una larga ascensión por carretera te deja en el litoral del lago, un mar interior y su entorno tibetano. El primer tramo «off-road» que vino al día siguiente fue una pista solitaria en busca del lago de la Luna, por donde, según los chinos, jamás había rodado un occidental en moto. En pleno desierto, tras una pista polvorienta y dura, llena de trampas y emociones se encuentra este lago rodeado de lugares mágicos, evocadores, donde los espíritus y la naturaleza conviven. Donde el ser humano va muy de tarde a alterar su desértica soledad. Arena, dunas, polvo; variados en su orografía, los desiertos de China sorprenden por la rapidez con que cambian los paisajes. Pernoctamos en una ciudad prohibida, y gracias a encontrarnos en visita oficial pudimos quedarnos en el hotel y hasta tuve ocasión de enseñarle a jugar a los chinos al alcalde tras la cena. Estábamos sin duda en la china más profunda y desconocida por occidente.

Los siguientes días atravesamos el desierto de Chaidam. Un retazo entre el Gobi y Taklamakan, sus formaciones geologías de dunas solidificadas, móviles, piedras, desfiladeros y salares Un paisaje que podríamos definir como lunar o marciano, pero que es terrestre. Por aquí le llaman la ciudad fantasma y en verdad que hay tramos que lo parecen. El ulular del viento entre las rocas hace gemir al desierto y son pocos o ninguno los que se atreven a poner en tela de juicio que no son verdaderas almas errantes las que claman por el territorio.

Finalizamos este primer tramo de unos 3.000 km en Golmud, la segunda ciudad de Qinghai, en la carretera hacia Lasa y ya a una altura considerable, en torno a los 4.000 metros de altitud. Es el segundo altiplano tibetano desde la depresión de China central. Aquí hay verde. Los lagos y los árboles aún no han desaparecido abrasados por el sol del desierto, ni asfixiados por la falta de oxigeno y los vientos de las más altas cordilleras.

Las motos se habían portado excepcionalmente bien a pesar de la dureza del recorrido. No son de enduro, tampoco turísticas, pero sí buenas aventureras. Ya estábamos ansiosos por empezar la segunda parte del viaje en Pekín con las nuevas BMW F-800 GS. El plan les exigiría mucho más que a sus hermanas monocilíndricas, el objetivo era atravesar el desierto del Gobi, siempre próximos a la frontera con Mongolia. Continuará.