Vaya vida que llevamos chicas. Esto sí que es conocer Norteamérica. En nuestra quinta etapa de la Vuelta al Mundo, la tercera que hacemos en los EE.UU., ya podemos presumir de conocer sus más representativas ciudades y casi todas sus montañas, pero lo mejores que aún nos queda mucho más por descubrir. De las Cataratas del Niágara al Cañón del Colorado y de Nueva York a Los Ángeles, o sea de norte a sur y de este a oeste, hemos pasado por muchos rincones archiconocidos de los Estados Unidos, pero también por la América profunda, la de la historia de los exploradores españoles y los colonos británicos. Con este último equipo y su singular mezcla de pilotos con un madrileño, un valenciano, un español medio norteamericano y un yanqui de pura cepa, hemos disfrutado de lo lindo. Entre unos y otros han unido lo mejor de todos sus mundos y nos han conducido por las infinitas rectas de la histórica Ruta 66 y las sinuosas carreteras de las montañas de Colorado y California. También nos han sometido a las muy elevadas temperaturas de desiertos como el Valle e la Muerte y nos han congelado en los puertos nevados. Ellos se lo pasaron genial pero nosotras ¡no veas! y además dicen los pilotos que seguimos en dirección a Alaska. ¡Esto si que es vivir!.
Viernes 26 mayo: Chicago (Illinois)-Jefferson City (Misuri), 643 km. Plantadas sobre sus caballetes, las motos se veían esbeltas y orgullosas, listas para llevarnos a California. La caravana se puso en marcha, buscando la autopista 55 Sur. Gradualmente la autopista se transformó en carretera. Extensas llanuras y plantaciones de maíz.
Sábado 27 de mayo: Jefferson City-Chandler (Oklahoma), 671 km. Dirección suroeste, ante nosotros teníamos los grandes llanos de Oklahoma y Texas, antes de entrar en lo más interesante del viaje, las montañas y desiertos de Nuevo México, Colorado, Arizona, Nevada y California. Nos alojamos en un decrépito motel, el único que tenía habitaciones para los sudorosos motoristas. Todos los restaurantes del pueblo, menos el más malo, estaban cerrados pero al menos la cerveza estaba fría.
Domingo 28 de mayo: Chandler-Amarillo (Texas), 535 km. Chandler está en la Route 66, la primera carretera que cruzó los Estados Unidos de costa a costa. Hoy sólo quedan largos tramos aislados que discurren paralelos a las autopistas. Vista desde la ancha, transitada y aburrida autopista, la solitaria y ondulada ruta 66 nos tentaba y con frecuencia nos pasábamos a ella. Museos, hoteles, salones y restaurantes muy «históricos». Atraen a los incondicionales de la moto y las películas de James Dean, Marlon Brando y Peter Fonda.
Lunes 28 de mayo: Amarillo(Santa Fe)-Taos (Nuevo México), 586 km. Salimos temprano, por la autopista 40, cruzamos la frontera entre Texas y Nuevo México. El noroeste de Texas es árido y semidesértico, preludio de los desiertos de Nuevo México, Utah y Arizona. A lo lejos se dibujaba la silueta de las Montañas Rocosas. Nos despedimos de las autopistas y entramos en carreteras que cruzaban reservas de indios comanches, navajos, sioux y hopis.
Martes 30 de mayo: Taos-Durango (Colorado)-Ouray (Colorado), 582 km. Experimentamos una sensación de espacios abiertos difícil de sentir en Europa. Mi moto recorrió 712 km con un depósito y el computador indicando que podía hacer 36 más. Entramos en Colorado y llegamos a Durango. Las motos de maravilla, daba gusto tumbarlas en las curvas y disfrutar la montaña. Pasamos l puerto de Molas Pass a 3.600 metros de altura. El contraste entre el cielo azul, las montañas rojas, la nieve blanca y los bosques verdes es espectacular; la carretera llega a Ouray, un valle idílico, que parece traído de Suiza.
Miércoles 31 de mayo: Ouray-Gran Cañón del Colorado (Arizona), 718 km. Hoy nuestro destino era el Gran Cañón del Colorado. Gradualmente, los bosques se clareaban y el terreno se fue haciendo árido. Paramos en el Four Corners Monument, donde se cruzan las fronteras de Nuevo México, Colorado, Arizona y Utah. Una foto curiosa, cada uno de nosotros física y legalmente en un Estado diferente. Cruzamos Colorado, Utah, Nuevo México y Arizona.
Jueves 1 de junio: En el Gran Cañón del Colorado. Juan Carlos y José Carlos volaron en helicóptero sobre y entre las paredes de este cañón.
Viernes 2 de junio: Gran Cañón-Las Vegas (Nevada), 584 km. Salimos en dirección a Sin City, (Ciudad del Pecado) Las Vegas. El calor era intenso, las rectas interminables. A las 4 p.m. aparcamos las motos en el garaje del lujoso hotel MGM.
Sábado 3 de junio: En Las Vegas. Esta ciudad es un espejismo, un oasis artificial en el desierto de Nevada. He visitado la Ciudad del Pecado varias veces: mujeres espectaculares, enormes casinos, coches de lujo, mujeres impresionantes, y otras tentaciones para nuestros débiles sentidos. En mi habitación, estaría a salvo. Por la noche asistimos a un magnífico espectáculo del Cirque du Soleil, que nos dejó boquiabiertos.
Domi