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¿Mezclar la Suzuki Hayabusa y la GSX-R del 89? Se puede y queda así

Los compañeros de la revista Motorrad estuvieron rodando con una de las preparaciones más curiosa, e impresionantes, que recordemos.
Carlos Domínguez -
Fotos: Motorrad, bilski-fotografie.de

Cuando la ves de lejos no tienes duda alguna, aquel bifaro que aparece a lo lejos con carenado azul no puede ser otra cosa más que una Suzuki GSX-R y, por las formas, apostarías por la 1100 del 89. Pero hay algo que no cuadra: suena demasiado fina, demasiado moderna… el sonido es completamente distinto a lo que se esperaría de un tetra "en bruto" de 1.100 cc y carburadores con casi 30 años a sus espaldas. Las dudas te invaden cuando te acercas a la máquina y ver un chasis de aluminio que te resulta muy familiar pero que pertenece a una época muy distinta. ¿Qué es lo que tienes delante? La Suzuki Hayabusa de Falk Dirla, sería la respuesta.

La historia de esta máquina comienza, como con casi todas las preparaciones, con la llegada al concesionario BMW y Suzuki Arrigoni Sport de Zurich de una Suzuki Hayabusa completamente deshecha. Un modelo del año 2000 que había sufrido un accidente y que además llegaba con el motor en pésimas condiciones con las 16 válvulas torcidas aunque los cilindros, milagrosamente, estaban intactos. En vez de deshacerse de ella, Falk vio una oportunidad y le encomendó a su aprendiz, Ivan Ruggle, la restauración del propulsor de 1.300cc. Ivan no defraudó y semanas más tardes volvía a rugir. Los primeros metros en la nueva vida de la Hayabusa transcurrieron sin su preciado y envolvente carenado, sin sus líneas distintivas. Ahí es cuando se acordó de sus inicios en el motociclismo, de las primeras carreras y los motores preparados de las GSX-R 750 y 1100 de los 80.

A Falk y su equipo les llevó cerca de 80 horas transformar aquella bestia de la velocidad en una de las motos más queridas de los 80-90. En eBay encontraron todo lo que necesitaban: carenados que una vez llevaron los modelos originales, luces, guardabarros etc… y para contener el coste total del proyecto, en vez de montar una selección de piezas "pata negra" firmados normalmente por Öhlins y Brembo, optaron por reconvertirlas. Así, las pinzas Tokico originales se convertían en unas "Bremse" (frenos, en alemán) escrito con las mismas letras de la famosa compañía italiana. ¿Y la horquilla? una "Öhldrin", un juego de palabras con la firma sueca que viene a sonar como "aceite dentro". Y no es la única broma que luce, atento también a las siglas SACS, ahora rebautizadas a "Suzuki Advanced Comical System".

Según nos cuentan nuestros compañeros alemanes, a bordo te sientas completamente integrado con la moto y listo para dar gas como en toda buena Hayabusa, especialmente si vas a pasar por alguno de los tramos de autovía alemanas sin límite de velocidad. Si el proyecto en cuestión te interesa, puedes contactar con el preparador (falk.dirla@gmx.ch) y hacer una oferta sobre una moto que han valorado en unos 10.000 euros.

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