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Supercross, la fiebre americana

El Supercross USA 2018 arranca este próximo fin de semana. La previsión de los futuros campeones, mejor se la dejamos a los astrólogos más iluminamos. Mientras no llegan los resultados reales, os invitamos a aprender la esencia del SX USA, con este «retro-artículo».
MOTO VERDE Núm. 46. Febrero de 1982. -
Supercross, la fiebre americana
MOTO VERDE número 46. Febrero de 1982

Cogemos nuestra máquina del tiempo y nos remontamos al pasado con este artículo publicado en el número 46 de la revista MOTO VERDE, nada menos que en febrero de 1982. Un reportaje en el que viajábamos a Estados Unidos, para conocer en primera persona la nueva especialidad que, tras apenas ochos años de existencia, se había convertido en un auténtico fenómeno entre las competiciones de dos ruedas, especialmente en Norteamérica; el supercross. Como veréis, este interesante artículo del pasado, explica muchas cosas de lo que ocurre en el presente.

«América no es Europa, desde luego. Y cuando los americanos han comenzado a meterse en esto de las motos, siempre lo han hecho a su manera, sin tomar demasiado en cuenta los patrones establecidos. Pero detrás de su postura, hay algo más que un mero capricho, pues factores incluso de tipo geográfico en un país como Estados Unidos condicionan en buena medida la estructura de las competiciones motociclistas.

Nos parece lo más normal del mundo que un piloto del Viejo Continente se queje por tener que realizar a lo largo del año largos desplazamientos cuya cifra global de kilómetros oscila en torno a los 10.000. Pues bien, un piloto «made in USA» a veces se ve obligado a recorrer semejante distancia para sólo tomar la salida en una única carrera. Y ante tales premisas, tampoco es de extrañar que allí abunden los profesionales y los «peseteros», porque pegarse tales palizas de carretera, con la moto a cuestas en un «pick-up», cada fin de semana, exige un ritmo de vida verdaderamente profesional. No solo se trata de un problema económico, pues hace falta mucho dinero para afrontar una temporada completa en Estados Unidos -de ahí que algunos certámenes se dividan en dos Costas-, sino también de logística y tiempo.

Las aburridas jornadas de carretera tienen su compensación el día de la carrera, especialmente si se trata de una prueba de supercross, que pueden llegar a reunir un total de 500 participantes. Este tipo de competiciones se celebran sobre circuitos artificiales, trazados en estadios de fútbol o incluso en el recinto interior de pistas de asfalto, como ocurre en Daytona. Y el espectáculo a que dan lugar no puede ser descrito con palabras. Los americanos son unos maestros en el arte de la publicidad, saben hacerlo como nadie, porque tienen muy clara la noción del término «espectáculo».

Los pilotos se suman al juego. Hombres que en su vida privada a lo mejor son «normales», pero cuando se sientan sobre la moto se convierten en temibles fieras rabiosas. Entran en una «horquilla» y ninguno corta gas. Salen de un salto, y tampoco… La única manera que hay de parar a estos tipos es bajando la bandera de cuadros.

Esta filosofía parece que da resultados, puesto que el nivel del cross americano es altísimo, incluso en carreras locales. La prueba está en que los pilotos europeos que deciden probar fortuna en tierras yanquis, rara vez consiguen resultados apreciables. Ahora bien, la receta mágica no consiste únicamente en conducir «ciegos», tomando todos los riesgos posibles y jugar con las emociones del público. Más importante que esto es contar con una inagotable cantera de corredores que, carrera tras carrera, van acumulando experiencia al lado de los «maestros», y de entre los cuales siempre acaba por salir alguna figura nueva.

Ninguno de los participantes, del primero al último, da su brazo a torcer y los adelantamientos imposibles se convierten en la tónica general de todas las mangas y las clasificatorias. El nivel medio de esa masa de corredores es muy elevado, sobre todo si lo comparamos con el nivel de una carrera internacional en Europa. Ahí radica el secreto de la evolución del cross americano.

Por último, hay una figura que se sitúa a medio camino entre pilotos y espectadores, y que resulta inevitable en los acontecimientos deportivos de esta índoles: el «speaker», un extraño ente, tan arraigado al folklore americano como la Coca-Cola, que tiene por misión contagiar al público de las emociones que los pilotos viven dentro de la pista, aunque sea a base de gritos, exclamaciones y aspavientos…».

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