Andrea Dovizioso, la estrella oculta en el cielo de MotoGP

Detrás de las cinco principales, en el cielo de MotoGP había una sexta estrella oculta.
Nacho González -
(Fotos: Gold & Goose)

Hace solamente una semana, se desató la búsqueda de calificativos para reconocer la victoria de Andrea Dovizioso en Mugello. Un piloto que no estaba incluido en las quinielas iniciales, donde contemplábamos hasta cinco estrellas, pero donde no contábamos con que, detrás de esas cinco, en el cielo de MotoGP 2017 había una sexta estrella oculta.

‘The Normal One’ fue el apelativo elegido por mi compañero Chechu Lázaro, que con toda la razón del mundo situó al 04 como la baza de Ducati para pelear por el título. Lejos de ser una broma, Dovizioso llegó de tapado (como siempre) a Montmeló y salió de allí con 25 puntos más.

Dentro de la caótica nube de dimes y diretes y del quítame allá esta goma y póngame una de neumáticos para llevar, la única certeza en el cómputo global de los ocho días son los 50 puntos de Andrea Dovizioso, por los 30 de Marc Márquez, los 26 de Maverick Viñales, los 21 de Valentino Rossi o los 20 de Álvaro Bautista y Johann Zarco.

A partir de ahí, el análisis puede ir en dos vías, una de ellas ya manida desde el banderazo a cuadros –y desde mucho antes-, y que apunta directamente al debe de Michelin. El otro análisis acude en la otra dirección: en cómo Dovizioso ha sabido resolver dos carreras difíciles, venciendo a los dos jóvenes genios a los que todo el mundo quiere ver batirse en duelo: Maverick Viñales y Marc Márquez.

De momento, el que ha batido a ambos en duelo es Dovi, y en ambos con un guion similar. En Mugello, utilizó a Danilo Petrucci de ‘pantalla’ para abrir un hueco que el 25 ya no pudo enjugar. En Montmeló, fue el 93 el que se vio impotente para reducir la ventaja del de Ducati, cuya ‘pantalla’ en aquella ocasión fue Dani Pedrosa.

Casualidad o no, en ambos casos el adelantamiento ganador (winning overtake) de Dovizioso se produjo yendo todavía en grupo, y su tirón definitivo aprovechando que había un piloto entre él y el que acabaría siendo su máximo perseguidor: Petrucci en Mugello y Pedrosa en Montmeló.

Esto demuestra que, además de ser a día de hoy el piloto que mejor sabe explotar las virtudes de la Ducati, empieza a creerse que sí, que él también es una estrella de MotoGP. Que quizá no venda tantas camisetas ni gorras como sus principales rivales, pero que en pista puede competir de tú a tú con cualquiera de ellos.

Porque muchas veces, en el cielo, detrás de las estrellas más brillantes, las que copan las miradas de los pobres mortales que contemplan melancólicos el firmamento en una noche despejada, hay otras estrellas. También muy brillantes, pero eclipsadas por las primeras. Hasta que un día, su fulgor es tan grande que se hacen su propio hueco entre las más admiradas constelaciones.

Y en ello está Andrea Dovizioso. Poco tiene que ver con aquel Dovi que se vio superado por la exigencia de ser parte del Repsol Honda. A sus 31 años, el de Forli ha alcanzado la madurez deportiva y, sobre todo, se lo cree. Lejos de amilanarle, el fichaje de Lorenzo le ha servido como auténtico revulsivo para exhibir su mejor versión.

No es el escudero de nadie. Quizás le haya costado más que a sus rivales, talentos tocados por una varita. Él tuvo que pelear con muchas motos distintas, brillando con todas ellas pero nunca lo suficiente como para ser incluido en la constelación principal del motociclismo. Aquello se acabó: Andrea Dovizioso es una estrella de MotoGP. Ya es imposible ocultarlo.

Hace solamente una semana, se desató la búsqueda de calificativos para reconocer la victoria de Andrea Dovizioso en Mugello. Un piloto que no estaba incluido en las quinielas iniciales, donde contemplábamos hasta cinco estrellas, pero donde no contábamos con que, detrás de esas cinco, en el cielo de MotoGP 2017 había una sexta estrella oculta.

‘The Normal One’ fue el apelativo elegido por mi compañero Chechu Lázaro, que con toda la razón del mundo situó al 04 como la baza de Ducati para pelear por el título. Lejos de ser una broma, Dovizioso llegó de tapado (como siempre) a Montmeló y salió de allí con 25 puntos más.

Dentro de la caótica nube de dimes y diretes y del quítame allá esta goma y póngame una de neumáticos para llevar, la única certeza en el cómputo global de los ocho días son los 50 puntos de Andrea Dovizioso, por los 30 de Marc Márquez, los 26 de Maverick Viñales, los 21 de Valentino Rossi o los 20 de Álvaro Bautista y Johann Zarco.

A partir de ahí, el análisis puede ir en dos vías, una de ellas ya manida desde el banderazo a cuadros –y desde mucho antes-, y que apunta directamente al debe de Michelin. El otro análisis acude en la otra dirección: en cómo Dovizioso ha sabido resolver dos carreras difíciles, venciendo a los dos jóvenes genios a los que todo el mundo quiere ver batirse en duelo: Maverick Viñales y Marc Márquez.

De momento, el que ha batido a ambos en duelo es Dovi, y en ambos con un guion similar. En Mugello, utilizó a Danilo Petrucci de ‘pantalla’ para abrir un hueco que el 25 ya no pudo enjugar. En Montmeló, fue el 93 el que se vio impotente para reducir la ventaja del de Ducati, cuya ‘pantalla’ en aquella ocasión fue Dani Pedrosa.


Casualidad o no, en ambos casos el adelantamiento ganador (winning overtake) de Dovizioso se produjo yendo todavía en grupo, y su tirón definitivo aprovechando que había un piloto entre él y el que acabaría siendo su máximo perseguidor: Petrucci en Mugello y Pedrosa en Montmeló.

Esto demuestra que, además de ser a día de hoy el piloto que mejor sabe explotar las virtudes de la Ducati, empieza a creerse que sí, que él también es una estrella de MotoGP. Que quizá no venda tantas camisetas ni gorras como sus principales rivales, pero que en pista puede competir de tú a tú con cualquiera de ellos.

Porque muchas veces, en el cielo, detrás de las estrellas más brillantes, las que copan las miradas de los pobres mortales que contemplan melancólicos el firmamento en una noche despejada, hay otras estrellas. También muy brillantes, pero eclipsadas por las primeras. Hasta que un día, su fulgor es tan grande que se hacen su propio hueco entre las más admiradas constelaciones.

Y en ello está Andrea Dovizioso. Poco tiene que ver con aquel Dovi que se vio superado por la exigencia de ser parte del Repsol Honda. A sus 31 años, el de Forli ha alcanzado la madurez deportiva y, sobre todo, se lo cree. Lejos de amilanarle, el fichaje de Lorenzo le ha servido como auténtico revulsivo para exhibir su mejor versión.

No es el escudero de nadie. Quizás le haya costado más que a sus rivales, talentos tocados por una varita. Él tuvo que pelear con muchas motos distintas, brillando con todas ellas pero nunca lo suficiente como para ser incluido en la constelación principal del motociclismo. Aquello se acabó: Andrea Dovizioso es una estrella de MotoGP. Ya es imposible ocultarlo.


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