Ricardo Tormo, Corazón de León

En una época en la que Ángel Nieto era todo el motociclismo español, hubo un piloto, Ricardo Tormo, que puso en duda la superioridad del "doce más uno". Y no sólo eso. Tormo simbolizó el esfuerzo de superación que, en no pocas ocasiones, terminó culminando en éxitos.
Juan Pedro de la Torre -
Ricardo Tormo, Corazón de León
Foto: MPIB

Ricardo Tormo fue una referencia y un ejemplo para todos los deportistas. La historia de este voluntarioso valenciano, de una terquedad noble, llena de razón, le marcó de por vida y fue un símbolo de su carácter. Este Ricardo Corazón de León del motociclismo español fue un piloto inolvidable. Salió de la nada, de la inagotable cantera valencia, de un motociclismo que cada fin de semana salpicaba el calendario de carreras con sus trofeos de fiestas por cualquier rincón de las tres provincias valencianas, Castellón, Valencia y Alicante, pero también por Albacete y Murcia, componiendo un pequeño cosmos motociclista en el que Tormo echó a andar.

De niño, Ricardo vivió cerca del ambiente de las motos, porque su tío Pascual poseía un pequeño y modesto taller mecánico, pero las motos no eran su principal anhelo. Le atraía la mecánica, pero no la competición. Comenzó aficionándose al ciclismo, hasta que una mala caída (sin graves consecuencias, pero sí muy dolorosa), le hizo renegar de la bici. La vendió, y con los cuatro duros que se sacó se compró una Ducson 49 de tres velocidades, oxidada y cochambrosa; empleó todo su talento en ponerla a punto.

Sólo tenía catorce años, y al final le cogió gusto a la moto, con la que comenzó a montar a escondidas de sus padres, aunque éstos, con gran comprensión, aceptaron la nueva pasión de su hijo, que poco a poco fue creciendo ya sin remedio. Lo que no sabían es que, unos pocos años después, el bueno de Ricardet iba a falsificar la firma de don Ricardo, su padre, porque sólo tenía 18 años y necesitaba una autorización paterna para correr (por aquel entonces la mayoría de edad estaba fijada en los 21 años). Así fue su inicio en la competición.

Ricardo se estrenó en una carrera en Cullera en 1971, con una Derbi 74 de cinco velocidades que había comprado a un piloto de Játiva. La verdad es que la ilusión le hizo llegar con todo muy justo: un viejo Cronwell de segunda mano de fabricación nacional, un mono casi de cuero, y unas botas de la "mili" de algún conocido. Tal era su pinta que al verlo Paco González, el hombre de referencia del motociclismo valenciano durante décadas, se apiadó de él y le prestó unas viejas botas suyas, que luego Tormo tuvo que devolverle.

Pese a todo, aquella carrera a escondidas resultó un éxito: Ricardo fue segundo. La satisfacción fue muy grande, pero Tormo tuvo que contenerse. El trofeo se lo guardó un amigo, y todo el equipamiento, y Ricardo confiaba en que en su casa nadie llegara a saber nada. Pero Canals era un pueblo demasiado pequeño como para tener secretos. Y cuando don Ricardo descubrió el éxito de su hijo, y su engaño, hizo añicos su licencia, le prohibió correr, y le obligó a colocar el trofeo sobre el televisor como recordatorio diario de que, mientras fuera menor de edad, tenía que olvidarse de las carreras de motos.
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En 1973 se lanzó a por el Campeonato de España

Fue una tormenta pasajera. En 1972, ya con el visto bueno familiar, Ricardo pudo emprender su primera temporada en serio. Se compró una OSSA 250, y junto con la Derbi 74 se dedicó a recorrer toda la geografía levantina. Su primera victoria llegó en Castellón, una lluviosa mañana en la que se impuso a un tal… Noyes. Te suena, ¿verdad?

Los éxitos de ese año se sucedieron con frecuencia, y se convirtió en uno de los mejores junior del panorama nacional. Su fama poco a poco fue creciendo, y al final tuvo el honor de contar con un grupo de incondicionales que fueron su apoyo y su respaldo a lo largo de toda la temporada, y de sucesivas campañas, porque la humanidad de Ricardo impulsó la fidelidad de sus amigos y de su gente. Siempre se vio bien arropado y fue muy querido por todos.

Fruto de aquellos éxitos llegó en 1973 su primer paso adelante: compró una Derbi RAN 50, aquellas "carreras cliente" que desarrolló la firma vallesana a partir de la moto campeona de Ángel Nieto, y con esta auténtica moto de carreras Ricardo dio el salto de calidad que necesitaba. Se lanzó al Campeonato de España, y ya en 50 se colocó a rueda de los oficiales Nieto y Grau, llegando a lograr su primera victoria en el Nacional. Además, con su bien afinada OSSA, también corría en 250, con no malos resultados. E hizo su debut en el Mundial con la Derbi, terminando décimo en el Gran Premio de España.
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Del Nacional al Mundial

Poco a poco se hizo un hueco en la velocidad nacional, a pesar de sus reducidos medios. En las siguientes temporadas siguió su progresión, participando en 50, 125 y 250 en el Nacional, con Kreidler, Derbi y Bultaco, siempre como piloto privado. Ricardo destacaba como el nuevo talento que surgía frente al dominio casi absoluto de Nieto. Pero detrás de esos resultados brillantes se escondía una diferencia de medios notable que le obligaba a correr constantemente en el filo de la navaja.

Y a pesar de los éxitos, al final llegó un grave accidente, en Guadalajara, donde sufrió una fractura abierta de tibia y peroné. Su convalecencia duró bastante tiempo, y la recuperación fue dificultosa, motivo por el cual Tormo dejó pasar la que, para muchos en aquellos momentos, suponía la gran oportunidad de su vida: el equipo oficial Bultaco. La marca de San Adriá acababa de adquirir el departamento de competición de Piovaticci, y había fichado a Nieto como piloto para el Mundial, tanto en 50 como en 125. Hubo mucha controversia en torno a ese no de Tormo, pero en realidad Ricardo no quiso hacer frente a esa responsabilidad tan grande sin estar plenamente recuperado de su lesión, y se dedicó a correr el Nacional en 50 y 250 con sus motos privadas. Pero en 1977, por fin dio el esperado salto.

Desde su llegada al Mundial, Tormo se convirtió en un piloto digno de atención. Siempre rapidísimo y muy valiente, y además demostró ser especialmente hábil en mojado, donde enseguida se convirtió en uno de los mejores del campeonato. Además, descubrió lo que suponía ser piloto oficial: tenía un sueldo de la fábrica, donde trabajaba además en el departamento de carreras, y Nolan le pagaba un fijo por llevar sus cascos, así como otra serie de pluses procedentes de diferentes compromisos.
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Ricardo Tormo, éxitos y tormenta

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