Héctor Barberá, a rueda de nadie

Hay que darle al gas como ellos para ser conscientes de la realidad…
Luis López Lozano | Foto: Gold and Goose -
Héctor Barberá, a rueda de nadie
Héctor Barberá, a rueda de nadie

En muchas ocasiones se habla de los pilotos de Gran Premio como si fuéramos entrenadores de fútbol, por hacer un símil tan sencillo como habitual. Algunos sentenciamos como si diéramos a entender que el entrenador de éste o aquél equipo no tuviera ni idea de lo que hace. Son los que podrían denominarse “entrenadores de salón”. Cuestionar es fácil cuando las cosas van mal, y aplaudir también lo es cuando todo sale rodado.

Pues bien, si lo trasladamos al mundo de la moto, tampoco faltan los que critican dentro y fuera de los circuitos sin ser, eso sí, pilotos profesionales. ¿Alguien duda del tesón, la técnica y el buenhacer general de Toni Bou? Sus títulos le avalan. Cambiemos de disciplina y de piloto con un pelo de menor fortuna en el desarrollo de su carrera deportiva y veamos los resultados. Viene todo esto a colación por las críticas vertidas sobre uno de los nuestros, Héctor Barberá. El piloto de Dos Aguas se sintió agredido por los que le consideran un “chuparruedas”, pasando a reivindicarse en el Gran Premio de la República Checa donde conseguiría un excelente resultado… a rueda de nadie. Se hizo el slencio.

 

Su quinta posición, con un posible cuarto puesto si su compañero de equipo, Loris Baz, no le hubiera rebasado en los últimos compases de la prueba, sorprendió a todos menos a él mismo. Calcó el resultado en entrenamientos a sabiendas de que la lluvia le favorecería durante la carrera si hacía acto de presencia. Con su rendimiento sobre el trazado de Brno, Héctor demostró que de no ser rápido no hubiera podido llegar donde llegó, insisto, a rueda de nadie, para finalizar en una excelente quinta posición.

Partimos de la base de que cualquier piloto que se encuentra inmerso en MotoGP es digno del máximo respeto. Por esta razón, resulta un tanto incomprensible los que le tildan de oportunista en las sesiones clasificatorias. Ir rápido en moto puede ser más o menos complicado, pero si te crees con el valor de llegar al nivel de los monstruos del Mundial y sigues la rueda de Baz o del propio Barberá, por poner dos ejemplos de motos satélite “añejas”, si lo consigues, te aseguro que tardas en llegar a Dorna y pedir un equipo que te acoja. Bajo esta premisa, la opinión de Héctor guarda una lógica aplastante: “si pensáis que es tan fácil rodar a rueda de Márquez, Lorenzo o Rossi, estaría más arriba y lo haría constantemente”. O dicho con otras palabras, hay que roscar el gas como solo un piloto de MotoGP es capaz de hacerlo para acercarte al tiempo de los más grandes; pero incluso estos, los punteros con claras opciones al título, se miran los unos a los otros para lograr esa décima extra que te permita salir en primera línea… o abandonarte al ostracismo de la segunda. Una diferencia vital cifrada en un puñado de metros que pueden llegar a ser fundamentales de cara al resultado final de la carrera del domingo.

Los pilotos punteros se miran los unos a los otros para lograr esa décima extra

Resulta evidente que el máximo nivel de exigencia de un piloto logrará alcanzarse tomando como referencia a los “punteros” de la categoría, pero no es menos cierto que si tu moto no se encuentra al nivel de las demás, aunque solo sea por los años que la separan de los prototipos oficiales, poco podrás hacer para alcanzar la gloria. Héctor lo hizo en la República Checa con la ayuda de sí mismo y de un equipo, todo hay que decirlo, que le apoya al ciento por ciento. Un equipo que merece tener a un piloto de la talla y valentía de Héctor, así como Barberá también tiene la suerte de contar con una alineación de profesionales que confían en él a tope. Lo mismo podría decirse de Baz.

Ellos, como el resto de pilotos de MotoGP, buscan la oportunidad para rodar tras otro rival, bien a rueda o con el punto de mira situado en el colín de su moto, comprobando hasta qué punto las evoluciones se corresponden con las suyas o las del resto. Una referencia, una trazada distinta, un punto de frenada diferente… Cualquier “imput” es procesado por el cerebro del piloto a una velocidad inimaginable por cualquier mundano. Y si alguno de ellos no reconoce dicho planteamiento, probablemente esté lanzando al aire una pequeña mentira piadosa.

Un rebufo no lo da todo. Una rueda no te convierte en candidato al podio de MotoGP. El mero hecho de seguir a cualquiera de ellos es lo que, ya de por sí, establece una sólida base de opinión, una imagen certificada del nivel del piloto que la protagoniza.

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