Enduro en Rumanía: Trialeras del viejo continente

Cuando un amante del offroad piensa en Rumanía, inmediatamente se le viene a la cabeza el rally extremo más duro del mundo. Las montañas por las que se deslizan los pilotos son las protagonistas del sufrimiento y de la satisfacción de coronar sus trialeras. Todo ello envuelve a la ciudad de Sibiu, un antiguo emplazamiento del imperio Austrohúngaro en la que el tiempo se ha quedado inmóvil.
Fran Rico. -
Enduro en Rumanía: Trialeras del viejo continente
Enduro en Rumanía: Trialeras del viejo continente

A más de 2.000 metros de altura el enduro es «paradisíaco».

La hierba está verde. En las montañas cercanas de la antigua ciudad austrohúngara de Hermannstadt el silencio es sobrecogedor. Parece que el bosque respira respeto por todos los pilotos que han sufrido en su interior. Los mejores pilotos de enduro extremo han sido esculpidos por el cincel que suponen las eternas subidas y bajadas de el rally extremo más duro del mundo. Así es... Red Bull Romaniacs marca sus famosos trackspor las primeras estribaciones de los Cárpatos rumanos.

En la meseta de Transilvania («detrás de los montes» en castellano) el calor empieza a ser estival, pero a 1.500 metros de altitud, entre pistas de esquí, el viento seca el sudor y lo hace frío. «Recuerdo que el año pasado el punto de asistencia del segundo día de Romaniacs estaba en esta estación de esquí», le comenté a Álex, nuestro sherpa rumano. Es un recuerdo agridulce porque a ese service point llegué con una fisura en la culata. Los dos mecánicos del equipo, Javi Bezana y Héctor Rubio echaron el resto para buscar una solución pero en ese momento solo quedaba continuar aún sabiendo que el tiempo límite se me vendría encima en mitad de estos bosques de infarto. Así fue, doce horas encima de la moto para rendir cuentas al hard enduro a los pies de una bajada de una hora y cincuenta minutos llamada Rompehuesos.

A más de 2.000 metros de altura el enduro es «paradisíaco».

Sibiu mantiene el aspecto de antigua ciudad medieval.

La última ciudad de Occidente

Sin embargo, Sibiu y toda Transilvania van más allá de Romaniacs y del enduro. Transilvania, y también Valaquia, son dos regiones históricas europeas que, durante 700 años, han formado parte del imperio de Austria y Hungría. Tras el suicidio de la civilización europea en la Primera Guerra Mundial, ambos territorios pasaron a ser Rumanía. De Sibiu se dice que es o fue la última ciudad de lo que se conoce como Occidente. Hay que recordar que tras esta ciudad y Brasov se levantaba el imperio Otomano, musulmán.

Por tanto, Sibiu respira aires teutones por sus cuatro costados. A la entrada de la ciudad, el cartel de entrada indica Sibiu y justo debajo, hace referencia a su nombre original, Hermannstadt. Además, la arquitectura del casco antiguo te traslada a otra época y a la cultura alemana. El corazón de la ciudad son la plaza Mayor y la plaza Chica. En ambas plazas se puede disfrutar de los cafés y de las terrazas (cuando llega el buen tiempo).

Es fácil encontrar una buena cerveza como Ursus o Timisoarena, probablemente, descendencia también del 'Imperio del Este', al igual que el pan bretzel. Otro indicativo de la influencia austriaca es la muralla medieval que guarda el centro de la ciudad. Si te fijas en los vídeos del prólogo de Romaniacs, se trata de la gran pared de adobe que decora la espectacular prueba.

Sibiu mantiene el aspecto de antigua ciudad medieval.

Los Cárpatos guardan el sufrimiento de muchos pilotos en Romaniacs.

Los Cárpatos no hacen prisioneros

Son las ocho de la mañana. El desayuno de la «pensiunea» no está nada mal. El pan es del día y hay complementos suficientes para poner el cuerpo a punto. No obstante, un truco que me enseñó mi gran amigo Alfredo Gómez es ir con provisiones de casa porque en ciertos países uno no sabe lo que va a encontrar. De esta manera, siempre me llevo algo de pan en forma de wraps, embutido como lomo o jamón y arroz que se calienta al instante en microondas. De todas formas, en la Rumanía turística se puede encontrar buena comida como por ejemplo sopas, carne, verduras y pasta.

A las ocho de la mañana las motos ya estaban listas para la aventura rumana. Tampoco había mucha elección: Husqvarna 350 4T con un par de años, bastante devoradas, pero perfectas para disfrutar de los Cárpatos. Al parecer, disfrutar de la montaña con una moto también se está poniendo complicado en Rumanía. Ya no se puede acceder a las altas montañas dirección Bucarest y hay ciertas zonas boscosas que están muy restringidas. La Unión Europea ha llegado y con ella el negocio de las asociaciones ecologistas. De hecho, el Gobierno está buscando dar una solución a los guías de enduro y una de ellas puede ser hacerles agentes forestales, cargo que en la actualidad no existe.

Los Cárpatos guardan el sufrimiento de muchos pilotos en Romaniacs.

Los cafés y sus terrazas también muestran el legado austrohúngaro.

Dejamos la ciudad a la espalda y las verdes praderas te hacen flotar sobre la moto. La ascensión es interminable y las cabañas de pastores empiezan a asomar por las laderas. La soledad es asombrosa. Intento ponerme en la piel de los pastores que pasan largas temporadas en mitad de la nada. En Romaniacs siempre nos encontramos a unas cuantas familias viviendo sin luz, sin agua y como techo las estrellas. ¡El mundo moderno se abre a su paso sobre uno de sus instrumentos! ¡La motocicleta! Ellos tardan días en subir caminando desde las aldeas y nosotros llegamos al mismo punto en tan solo horas o incluso minutos. Pero de veras creo que la sensación de pequeñez y estar en manos de la naturaleza es una sensación vivida por los mismos seres.

La historia interminable, Vodka & Red Bull, la Bamba Negra, las Cataratas del Viagra, La Imposible... Son trialeras de Romaniacs que aguardan en silencio a sus víctimas. ¡Incluso hay un bosque que se llama «el Hotel Español»! Por lo visto, en una de las ediciones de la carrera, un piloto español tuvo que hacer noche en esa zona y al día siguiente la organización pudo dar con él. ¿Te imaginas no tener cobertura y pasar la noche en los Cárpatos? El año pasado pude conocer a este rider español y me comentó que lo primero que hizo para llamar la atención fue encender una hoguera, aunque la madera estaba húmeda, y también para espantar los posibles animales que en Rumanía sí que son un peligro... Estoy hablando de los osos. A la mañana siguiente finalmente fue encontrado.

Los cafés y sus terrazas también muestran el legado austrohúngaro.

En Rumanía, te puedes encontrar a grupos de endureros españoles y lectores de MOTO VERDE.

Tras unas cuantas horas de enduro, paramos en una pequeña pensión para comer. Tened en cuenta que el precio medio de una comida por persona fuera de la ciudad, equivale a unos 5 € ó 6 €. Estos pequeños negocios que en temporada baja encuentran su hueco entre tours de este tipo, intentan, de una forma engañosa, subir la tarifa hasta los 15 ó 20 euros. Por lo tanto, muy alerta si estás pensando en tener una experiencia endurera por Rumanía. Por la tarde y tras un merecido descanso, lo ideal es conocer la genuina Hermannstadt.

Al encuentro del Viejo Continente

Los nuevos hoteles rodean el casco antiguo y las grandes masificaciones comerciales empañan el skyline de la ciudad. Sin embargo, los automóviles no pueden acceder al interior de una ciudad con más de 500 años de antigüedad. Los adoquines, los inclinados tejados y la madera de las puertas hacen referencia a una época en la que se viajaba por todo el mundo sin pasaporte y uno podía empaparse de lleno en el ideal europeo. Las placas en las puertas de las casas rinden honores a antiguos literatos y artistas y se puede imaginar a tales mentes sentados en cualquier café con refinado toque vienés.

Las dos plazas principales de Sibiu están divididas por la Torre del Reloj. Puede ser una buena opción para contemplar la vida en Sibiu y su historia arquitectónica. También las iglesias de distintas ramas cristianas que proliferaron en esa «paz imperial». El centro es pequeño por lo que también se puede hacer una pequeña excursión hasta el castillo de Bran, más conocido como la vivienda del conde Drácula.

En Rumanía, te puedes encontrar a grupos de endureros españoles y lectores de MOTO VERDE.

Transilvania es uno de los pocos paraísos endureros que quedan, por ahora, en Europa. A tan solo tres horas de España es sencillo perderse por un lugar histórico, tanto para los amantes de la disciplina como para los más turistas. Pero ten cuidado, la cordillera de los Cárpatos exigen un nivel aceptable de pilotaje si verdaderamente quieres conocer los tracks de Romaniacs.

Por otro lado, los descansos te servirán para trasladarte a un tiempo pasado y descubrir las últimas luces de una civilización que necesita resurgir de sus cenizas. En palabras del gran escritor austriaco Stefan Zweig: «Nosotros, sin embargo, que todavía conocimos el mundo de la libertad individual, sabemos, y podemos dar fe de ello, que en otros tiempos Europa disfrutó de su juego de colores calidoscópico. Y nos estremecemos al ver cómo nuestro mundo se ha entenebrecido, esclavizado y encarcelado gracias a su furia suicida». 

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