TM EN 250, 2018: TreMendo delirio

La práctica del enduro encuentra una dimensión especial y notable cuando se realiza con una moto que nos provoca el delirio. Acaloramiento y entusiasmo colosal, desmedido y tremendo, creando un clímax para el recuerdo especial con una moto que nos hace latir el corazón y nos deja perder la cabeza. Porque una TM se compra por pasión por encima de la razón.
Santi Ayala. -
TM EN 250, 2018: TreMendo delirio
TM EN 250, 2018: TreMendo delirio

No llegó a tiempo para la comparativa que hicimos de las 250, pero sí después, así que con ella completamos el análisis de la gran mayoría de las enduro 250 2T. Si habéis leído la entradilla, muchos, la mayoría, ya estaréis diciendo algo así a cómo se le va la cabeza a Santi, o qué exagerado es, que poético, cuán fuera de realidad está… Vale, por supuesto, admito vuestras críticas pero os la rebato con ímpetu hasta el punto de lograros llevar a la convicción de lo que se siente con una TM. Hace falta abrir el corazón, por supuesto, por encima de la razón, tener sensibilidad y sacar nuestra parte pasional. No lo neguéis, casi todos en algún momento habéis pensado en cometer la locura de comprar una, porque mola, porque es diferente y porque transmite halo de exclusividad. Y no lo hacéis por, corazón en mano, valorar racionalmente el precio, siempre alto. Pero a mí la presencia de una TM en MOTO VERDE me sigue emocionando, tanto por la propia moto en sí como por el hecho de conseguir alguna de las que hay en España. Más aún si llega de la mano de su propietario, Julio Herráez, piloto de Salamanca, que corre Campeonato de España Senior B, apasionado y fan como pocos de los que nos habéis visitado por el enduro y, en particular, por las TM. Escuchando al salmantino hablar de su moto, con su sentir forofo exagerado pero bien razonado, te permite entender por qué tener una de las máquinas italianas.

Veteranísimo motor pero que sigue joven y fuerte. Le falta el arranque eléctrico.

Fuoco in el Cuore

Alberto no tenía tradición motera en casa, y tuvo que acceder a su pasión por cabezonería y por gastar los ahorros del verano trabajando, en una moto. Y cómo siempre ha tenido que poner mucho trabajo para llegar a su sueño, pues siempre ha soñado alto, para tener lo más deseable y de mayor aspiración, una TM. Tardó años en tener la primera, una 125, luego le siguieron varias 125 más, hasta que el año pasado cambió a una 250 2T, moto que ahora renueva con la versión 2018. ¿Por qué te compras una, le pregunto? Su respuesta es clara: «porque no la hay igual. Una TM o la odias o te enamora. Nadie la compra porque sí. Es cara, claro que sí, pero me transmite sensaciones que ninguna otra consigue, tanto funcionando como en parado. Mi pasión por ella me lleva incluso a meterla en el salón de mi casa, limpia, por supuesto. Escapa mucho más de lo racional. Y él que no lo entienda, pues, evidentemente nunca tendrá una TM. Eso sí, vas con la moto y todo el mundo te mira, te pregunta… Además es como icónica, como un símbolo de que las cosas te van bien, de que te sientes bien y de que eres la envidia, aunque nadie lo reconozca».

Los que no tengáis ese corazón ya probablemente habéis dejado de leer, pero los más sentidos aquí seguís escrudiñando una prueba especial. Antes de seguir, que nadie se lleve ya al equívoco y diga lo que yo no he dicho: la TM es la mejor enduro porque es la más cara. No confundáis churras con merinas, angulas con gulas o tortilla de patata con deconstrucción de tortilla.

Veteranísimo motor pero que sigue joven y fuerte. Le falta el arranque eléctrico.

La TM entra por los ojos, tiene línea llamativa y cautivadora, sin duda. Te lleva a mirar detalles, incluso habiéndola visto mil veces antes, se disfruta mucho antes de arrancarla. Como diría los italianos enciende «fuoco al cuore» –fuego al corazón-. Y eso que detalles como que aún lleve pegatinas adheridas sobre la carrocería, en vez de los grafismos inyectados en el plástico como las marcas más actuales, nos deja un poco «flasheados».

Poco ha cambiado esta versión 2018 sobe la anterior, precisamente la obligada decoración anual es una de las diferencias, junto al escape retocado, la horquilla Kayaba con tratamiento antifricción y chasis reforzado a la vez que aligerado.

A los mandos la vista se va hacia la tapa con branquias, sobre el depósito –en esta unidad el dueño ha cambiado la de plástico por otra de carbono-, que es la entrada de aire hacia la caja del filtro, ubicada bajo el asiento en posición convencional. Otro detalle peculiar de la TM que es singular hasta en no montar arranque eléctrico, la única 250 2T que no lo lleva. Y que no tiene intención alguna la marca de montarlo ni siquiera con el motor acoplado como apéndice sobre el encendido como lleva la Gas Gas o como tuvieron las primeras KTM con botón. No quieren ponerlo, se mantienen puristas, aunque es el gran «déficit» de la EN. Arranca fenomenal a patada pero se añora el botón sobre todo si trialeamos o nos metemos a rodar a ritmo lento en el tan de moda enduro extremo. Aquí, cuando se cala el motor, en posición complicada, a pedal cuesta más arrancar que con botón, sin duda.

Esta vista nos muestra como está diseñada la entrada del aire, arriba y delante, hacia la caja del filtro, atrás.

La TM tiene un singular sonido, retro moderno, propio de un motor de hace décadas pero actualizado, más metálico. Eso sí, rodando, la aspiración del aire se deja notar y puede que os resulte molesto el sonido de la admisión, sobre todo girando alto de vueltas. El propulsor italiano no esconde su gen racing ni en aspectos como el sonido, o en su empuje. Exagerado, fabuloso e imponente, con una potencia de 48 CV, la más elevada entre todas las rivales 2018 pero con una grandiosa entrega. Quizás impropia de una TM que ya no es pura sangre indómita y, gracias a la «fusta» de la válvula con motor eléctrico, se ha domesticado mucho. No es tan crítica y exigente para pilotarla. Refinada moto la 250 con un exquisito golpe de gas que deja en olvido el pasado en el que los bajos eran tímidos, los medios aparecían con exceso de desparpajo y los altos con fogosidad. La entrada de potencia ahora es continua pero sigue corriendo una brutalidad. Sensaciones para el recuerdo que no se olvidan las que tenemos sobre una TM, para muchos el clímax de una 250 2T, no solo por lo que empuja sino por cómo lo hace. En pistas y cronos, es un portento, y en salidas desde parado, con una aceleración de dragster, empuja como ninguna otra. Trialera bien también, aunque sin la precisión y el control de respuesta que sí permiten las otras rivales probadas como KTM, HVA y Gas Gas. Algo más enérgico el motor TM hay que controlarlo con el embrague que, de serie, es algo on/off en sus reacciones, antigua, no progresivos. Por eso, hay quienes como Julio, para bajar la dureza de los muelles, le ponen unos casquillos y unos separadores que descargan tres muelles y queda menos presionados. Así no patina y la respuesta no es brusca, otro de los puntos a mejorar.

Esta vista nos muestra como está diseñada la entrada del aire, arriba y delante, hacia la caja del filtro, atrás.

En lo que sigue penalizando a la «Teme» es en su cambio de cinco marchas, esquema, sin resultar inadecuado para enduro, no es el mejor. Salvo que nos dediquemos solo a recorridos de marchas cortas, en cuando hacemos enduro de pistas, las 5 marchas quedan descompensadas. Acostumbrados a cajas de 6 me cuesta encontrar la marcha idónea para llevar un ritmo constante sin tener que estar todo el rato cambiando. Y, además, la cuarta y la quinta tienen mucho salto, que obliga a subir de vueltas mucho para que engrane la «directa» sin quedarnos colgados. Y el tacto es duro por lo que cuesta meter la marcha, quedando encima la palanca alta. Otros dos detalles mejorables de la TM son el nivel de vibraciones, alto, así como el consumo, con una media alta, aunque el depósito grande de 9,5 litros, le ayuda a superar los 100 km antes de quedarnos secos.

La parte ciclo presenta su ya tradicional posición, con los estribos altos, que nos deja algo las rodillas elevadas. Sobre la moto nos movemos bien, y se nota el manillar Renthal que ha montado Julio, que aporta un puesto más dominante. Sigue sobresaliendo mucho la tapa del encendido, expuesto de forma notable a golpes por el lado izquierdo. Pocas motos transmiten tanta confianza en la rueda delantera como la TM, rígida, cierto, pero precisa en las trazadas y estable. Exigente con el piloto en cuanto a que le marque la entrada en la curva, se lleva muy bien con los pies, pero sólida en la trazada una vez que la rueda está dentro de la trayectoria. Resulta imponente su aplomo y nobleza, cualidades que junto al potente motor, nos dejan ir muy rápido, nunca demasiado, pero hace las cosas más fáciles que encontrar un número perfecto impar. La TM peca de radio de giro corto y de una agilidad que no es como la de otras. Y eso que es ligera, la mejor de la clase –sin arranque eléctrico, sin olvidarlo- aunque esta unidad de Herráez ha pesado algo más que la 2017 al llevar mousses, otro manillar…

La suspensión ha mejorado, sobre todo la horquilla. Antes trabajaba súper seca, ahora tiene más tacto, responde firme pero se puede ir sin que la rueda escupa las piedras. Es sólida en los peraltes y en los saltos pero también sensible en suelo roto. Artífice de poder ir muy rápidos con la EN y confiados. El amortiguador TM, de producción propia, es muy bueno, regulado por Julio muy suelto y rápido de extensión, que carga atrás para que traccione bien la moto. Mucha sensibilidad y buen dibujar del terreno el que reporta el tren trasero.

La frenada tiene los mismos puntos positivos (mordiente y potencia) como negativos (tacto raro de la bomba delantera, algo fofo e impreciso). Delante, la curiosa mezcla de bomba Nissin con pinza Brembo no casa bien, curiosamente. Con otra bomba Brembo las cosas cambian y la TM frena mejor –eso nos dice Julio que lo lleva él-.

Confieso, sin esconderme, que la TM «mata de amor» y que es TreMendamente delirante, y eso la hace aún más cautivadora para muchos. Porque en su precio ya no es más cara que sus rivales.

EN DETALLE

  • La blanquiazul rezuma personalidad y tiene buena planta. Si disfrutáis de los detalles visuales, aparte de los dinámicos, ésta es vuestra opción. ¡100% pasional! 
  • La TM tiene un singular sonido, retro moderno, propio de un motor de hace décadas, pero actualizados, ahora más metálico. Rodando, la aspiración del aire, por la toma encima del depósito, se deja notar. Puede que os resulte molesto el sonido de la admisión, sobre todo girando el motor alto de vueltas. 
  • Horquilla Kayaba en el tren delantero junto a una pinza freno Nissin y un disco flotante. Un óptimo combinado para garantizar solidez y efectividad dinamica. 

CONCLUSIÓN

Experta en robarle latidos al corazón la TM es una embaucadora que cautiva por la vista y por sus prestaciones. Con sus 48 CV y su relación peso/potencia la EN es una moto de carreras pero ahora útil en el día a día. La penan el no disponer de arranque eléctrico y que tiene cambio de 5 marchas, aunque seguro a muchos no os importa y hasta lo olvidáis.

Lo más:
  •  

    Rendimiento motor

  •  

    Chasis muy aplomado

  •  

    Carácter deportivo

Lo menos:
  •  

    Sin arranque eléctrico

  •  

    Cinco marchas

  •  

    Radio de giro corto

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