Yamaha DT80 1983, la primera “Made in Spain” de la marca japonesa.

Con la Yamaha DT80, la marca de los diapasones iniciaba en 1982 su trayectoria como fabricante “español”. Comenzaba una nueva era.
Joan Carles Orengo | 
Motocicleta propiedad de Toni Elías Racing expuesta en el Museo de la Moto de Barcelona -
Yamaha DT80 1983, la primera “Made in Spain” de la marca japonesa.
Yamaha DT80 1983, la primera “Made in Spain” de la marca japonesa.

En febrero de 1982, SEMSA Yamaha realizaba la presentación de la primera importación oficial de motocicletas japonesas en nuestro país tras haber absorbido a la firma española Sanglas. Pero la gran noticia de aquel día, además de la llegada de las primeras Yamaha importadas «legalmente» a nuestro país, fue el anuncio de que a partir de septiembre del mismo año comenzaría la producción española de la DT80 en las antiguas cadenas de montaje de Sanglas, ubicadas en la localidad catalana de l’Hospitalet de Llobregat y de las cuales ya había salido el primer fruto de la cooperación hispano-japonesa: la Sanglas 400Y con motor Yamaha. Las primeras unidades de la DT80 irían destinadas a la exportación a diferentes mercados europeos, y no sería hasta un año más tarde, concretamente en octubre de 1983, cuando se empezaría a comercializar en nuestro país esta primera Yamaha «Made in Spain».

Adolescentes

Dirigida a un público adolescente, la DT80 venía para ocupar el hueco que habían dejado modelos tan míticos en su momento como las Bultaco Lobito o Montesa Enduro 74 y para competir directamente con las Derbi, Puch y Rieju de la época. Pero esta pequeña Yamaha llegaba con dos nuevos argumentos de mucho peso: su filosofía genuinamente trail y su calidad de fabricación y acabados. El trail era una categoría que en aquellos años experimentaba un auténtico «boom» de ventas en Europa pero en España no podíamos disfrutar de apenas ningún modelo, puesto que los diversos intentos de las marcas nacionales, ya prácticamente desaparecidas, no habían pasado de adaptaciones más o menos acertadas de modelos puramente «off road». La DT80 -siempre sin olvidar las limitaciones de su potencia- ofrecía una dulzura de utilización y una versatilidad nunca vista hasta el momento en una moto de esta cilindrada, y era tan apta para un uso cotidiano como para disfrutar de las escapadas deportivas al campo, sin pretensiones de competición.

CANTILEVER

Pese a su aparente sencillez, técnicamente contaba con dos argumentos que le permitían brillar con cierta eficacia. Por un lado, la suspensión trasera de tipo Cantilever, un sistema hasta el momento reservado a modelos mucho más «racing» y caros y que le otorgaba un comportamiento medianamente aceptable en utilización «off road», además de una gran comodidad en uso urbano. Por el otro, la adopción del sistema Y.E.I.S. calificado como de «inducción de energía» , una cámara ubicada entre el carburador y el cilindro que lograba una mayor eficacia de la admisión en todo el rango de revoluciones, consiguiendo así una elasticidad inédita en un modelo de esta cilindrada y realzando de esta forma la gran versatilidad de este modelo. Todo ello, unido a una notable calidad de fabricación y acabados, convirtió inmediatamente a esta moto en un éxito de ventas.

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