Criville contra Doohan, un duelo de alto voltaje en la temporada 96

Por encima de la consecución el tercer título de Mick Doohan, la campaña de 1996 será recordada por los vibrantes duelos que nos ofrecieron el australiano y Alex Crivillé.
Marta Gastón Fotos: Gold&Goose -
Criville contra Doohan, un duelo de alto voltaje en la temporada 96
Criville contra Doohan, un duelo de alto voltaje en la temporada 96

En 1994 Australia recogió, de manos de Estados Unidos, la corona que le acreditaba como primera potencia motociclista. Tras años de dominación yankee, solo interrumpidos por Wayne Gardner en el 87, los australianos retornaban a la élite de 500cc, por obra y gracia de Mick Doohan. El de Brisbane regalaría a su país cinco títulos mundiales entre el citado año y 1999, curso en el que los europeos, hasta entonces relegados a un segundo plano, emergerían con fuerza.

El cetro logrado por Alex Crivillé poco antes de iniciarse el siglo XXI supuso un cambio de signo en la máxima categoría pero, por encima de todo, fue la constatación palpable de que la categoría reina ya no era coto privado de americanos y australianos. Los españoles primero, con Crivillé, y los italianos después, con Valentino Rossi, tomaban el testigo, iniciando una nueva era.

Unas campañas antes el propio Crivi había sido el encargado de hacer temblar los cimientos del poderío australiano. La semilla de aquellos nuevos aires comenzó a gestarse la pretemporada del 96, cuando estaba a punto de afrontar su tercer curso en el seno del Repsol Honda Team. El noi de Seva se preparó mejor que nunca y como resultado encontró una mejora generalizada de sus cronos. Se sabía fuerte y por ello llegó a la primera cita de la temporada, Malasia, con el deseo de cosechar un gran resultado. Sus ansias de victorias, sin embargo, le llevaron al suelo: “Salí con un exceso de ganas y lo pagué. Sufrí una caída  que me tocó bastante. Me destrocé la mano otra vez. Me rompí un tendón y perdí una buena parte de la piel. Con el siguiente GP siete días después, pensé que las dos primeras iban a pasar en blanco para mí”. Pero no lo hicieron. En Indonesia Álex completó una buena prueba, dada sus condiciones físicas, y llegó a meta cuarto, por detrás de Doohan, Barros y Capirossi.

Dos semanas más tarde, en Suzuka, Crivillé comenzó a encarrilar la temporada al terminar en la segunda plaza. El trazado nipón supondría un punto de inflexión, pues a partir de ahí pelearía siempre por situarse en los puestos delanteros.

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Una victoria robada por la afición

La llegada del Mundial a Europa, con la disputa del Gran Premio de España, espoleó a Crivi, a quien tras ser segundo en Japón solo le valía un triunfo en casa. Pero como a buen seguro guardan los aficionados en su memoria, el español no pudo adjudicarse ese triunfo. La invasión de pista que realizaron algunos fans en el último giro obligó a Crivi a ralentizar la marcha, al tiempo que posibilitó a Doohan recortar los metros que les separaban y adelantarle mediante un interior en la curva final. Crivillé, viéndose superado, abrió gas antes de tiempo y se fue al suelo. El público frustró una carrera que parecía que tenía ya en su mano y el campeón hizo lo propio con la reclamación que presentó su equipo al término de la prueba. De esta forma, Álex vio cómo le robaban un triunfo que finalmente solo llegó a acariciar con los dedos.

La cita de Jerez fue trascendental, pues influyó directamente en el transcurso del resto de la campaña. Crivillé cambió de estrategia y dejó que otros fueran los que asumieran los riesgos. Así ocurrió en Mugello, donde Doohan volvió a vencer. “Sí, reconozco que en Italia me vi con capacidad de ganar la carrera. Lo que pasa es que a tres vueltas del final Mick tiró muy fuerte y ante la posibilidad de que seguirle me llevara a cometer otro error, preferí no dar en ese momento el ciento por ciento”, declaraba piloto.

En Francia y Holanda se repitió el mismo guión, con Doohan ganando y el de Seva segundo. Nurbunring fue un pequeño oasis en el que Cadalora se impuso, pero en Donington ambos volvieron a cosechar otro doblete, siendo nuestro piloto nuevamente el vencido.

Para cuando el campeonato recaló en Austria Mick ya se había encargado de enrarecer el ambiente en el equipo, realizando declaraciones insidiosas, como cuando aseguró que  con el español a rueda se sentía seguro y no tenía necesidad de rodar al máximo de sus posibilidades. Su confianza en sí mismo era casi tan grande como su arrogancia.

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Hachazo en Austria

Ausente del calendario la campaña anterior, Austria regresaba al circo mundialista con el A1 Ring, una remodelación del antiguo Osterreichring. Sería en este escenario  donde Crivillé lograría por fin su ansiada victoria ante Doohan, completando un GP muy inteligente en la que dejó que el peso del liderato lo soportase su rival: “Creo que ya me tocaba. Llevaba tantas carreras a punto de ganar que empezaba a pensar que ese día no iba a llegar nunca. Al final llegó. No fue una cuestión de suerte, sino que hice una carrera diferente a las realizadas hasta entonces. En Jerez y Holanda había sido yo el que había llevado la iniciativa y él me pasó en las última vueltas después de haberme observado. En Austria decidí mantenerme a su rueda y estudiarle. Esperé hasta el final y le di el hachazo. Me quedé muy a gusto. Sirvió para desbloquearme psicológicamente. Me di cuenta de que podía ganarle”.

El entonces bicampeón de 500cc se vio lastrado por la elección de una goma inadecuada, cierto, pero en lugar de aceptar la derrota elegantemente optó por arremeter contra su compañero: “Correr contra Crivillé es frustrante. Me siento como si hubiese tirado de él a lo largo de toda la carrera con una cuerda. Parece incapaz de rodar rápido por sí solo”, llegó a expresar.

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Dos milésimas

Dos semanas más tarde, Doohan y Crivillé se reencontraron en Brno para la disputa de la undécima prueba del año. En carrera, Crivi repitió la estrategia empleada en Austria y obtuvo el mismo resultado, aunque esta vez por un margen mucho más exiguo: tan solo dos milésimas de segundo. “Allí también podía haberle superado antes de la última vuelta, pero volví a asegurar la jugada esperando hasta el final”, reconocía Alex. Su vecino de garaje no dirigió muy bien la derrota y cargó de nuevo contra el español.

La tensión que se vivía en el equipo no se rebajó ni un ápice en Ímola, donde Crivi sucumbió ante su contrincante. Días después, el aussie se alzaba con su tercer título consecutivo, al cruzar la meta del Circuit de Catalunya en la segunda posición. Tras repetir un 1-2 en Brasil, los dos integrantes de la escuadra oficial de HRC aterrizaron en Australia, último round del curso. Ambos querían despedir el año con una victoria, pero ninguno lo consiguió. Pese a que Crivi se hizo con la pole el día anterior, el domingo la lucha fue muy igualada. Ninguno quiso ceder y, al final, los dos acabaron en el suelo. Pudieron regresar a pista y ver la bandera a cuadros, pero muy lejos de los integrantes del podio (Capirossi, Okada, Checa).

El duelo de Eastern Creek, aunque llevado al extremo, fue un fiel reflejo de lo vivido a lo largo de una temporada de alto voltaje, y un preludio de lo que acontecería años más tarde cuando Crivillé catapultaría a España a la cima del motociclismo.

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