De Giorgio a Jorge

Un repaso a la trayectoria deportiva de Jorge Lorenzo
Juan Pedro de la Torre -
De Giorgio a Jorge
Jorge Lorenzo en su etapa en el Copa Aprilia 50 en 1998.

Con su despedida de MotoGP Jorge Lorenzo ha puesto fin a 22 temporadas dedicado a la competición. Entró en las carreras a través de la Copa Aprilia 50, en 1998, con sólo 11 años de edad. Allí se encontró con algún compañero de singladura, como Álvaro Bautista, que también eligió la Copa Aprilia para pasar de las minimotos a los circuitos de velocidad. En aquella época, Lorenzo era Giorgio. Mucho tiempo después, ya en el Mundial, pasaría a ser Jorge.

En aquellos años su padre Chicho comenzó a esculpir al Lorenzo piloto a través de una metodología autodidacta que lo llevó a desarrollar sus propias técnicas de conducción con la que han terminado trabajando infinidad de pilotos. Pero a la hora de entrar en las carreras, Lorenzo necesitaba algo más, y ese extra lo aportó Dani Amatriaín, que fue el manager de Jorge hasta 2008. Amatriaín construyó un piloto profesional a escala. Siendo un niño, sorprendía lo diferente que era Lorenzo en comparación con otros niños-piloto, tímidos y vergonzosos en sus respuestas, Giorgio respondía con el aplomo de un piloto profesional, quizás excesivamente hierático y encorsetado, pero sin duda que ya daba muestras de su determinación.

Tras ganar la Copa Aprilia en 50 y 125, Lorenzo dio el salto al CEV y al Europeo de 125

Pasó por la Copa Aprilia 50 y 125 de un modo arrollador, ganando de forma consecutiva ambos campeonatos para plantarse en el CEV en el año 2000. Allí se encontró con sus compañeros de generación, con los que al cabo de unos años conformaría la generación más brillante de la historia del motociclismo español. Su entrada en las motos de Gran Premio, motos de carreras de verdad, no fue tan impactante. Se topó con la realidad de las carreras, aunque la potencia de los recursos del Team Monlau, la escudería de Amatriaín, permitió que atendiera a todas las necesidades del joven Lorenzo.

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Disputó el CEV un par de años, y también el Campeonato de Europa de 125. Corriendo el Campeonato de Europa descubrió el dolor de las carreras. En una caída en Cartagena sufrió su primera fractura de clavícula. Nunca ha sido un piloto propenso a las caídas, pero ha conocido el lado amargo de las carreras en varias ocasiones. Finalmente, en 2002, Derbi le da la oportunidad de llegar al Mundial, y su debut marca un hito en la historia del campeonato, porque se convierte en el debutante más joven de la historia del campeonato, ya se tuvo que esperar a cumplir los quince años para poder realizar la segunda jornada de entrenamientos del Gran Premio de España.

Río 2003

Su paso por Derbi lo catapultó a la fama, precisamente en una etapa en la que no era la mejor para la firma vallesana. En su primera campaña fue adquiriendo experiencia. A finales de 2002, Harald Bartol, que había sido el responsable técnico de la escudería desde su reentrada en el Mundial en 1998, decidió cambiar de aires y hacerse cargo de KTM. El problema es que el desarrollo de las motos se hizo siempre desde las instalaciones del propio Bartol en Austria, así que cuando cambio de aires, en el departamento de competición de la fábrica de Mollet no quedó ni un tornillo, prácticamente nada, con lo que el panorama de cara a 2003 fue desalentador.

En medio de esa situación, Emilio Alzamora ficha por Derbi para afrontar la que sería su última temporada, que resultó realmente deslucida. Olivier Liegeois se hizo cargo del equipo técnico y manejó la situación con los pocos recursos a su alcance. Mientras el veterano Alzamora era incapaz de conseguir un resultado decente, el joven Lorenzo fue mejorando poco a poco. No hubo grandes resultados, y en cada carrera Giorgio, que siempre se impuso una alta exigencia, mostraba un aparente descontento, una insatisfacción que le acompañaría durante varias temporadas, hasta que en 2006, con su primer título, su actitud y su carácter se relajó, pasando a ser mucho más abierto.

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La única alegría de aquel año para Derbi llegó en Río, donde Lorenzo, con unas trayectorias sorprendentes, se hizo con la victoria. Ese día en el circuito carioca se labró el lema que siempre le ha acompañado: Por fuera. Y en 2004, ya con Gigi Dall’Igna al frente del DRD (Derbi Racing Development), Lorenzo fue capaz de ganar tres carreras y ser un habitual en la pelea por la victoria, en una temporada en la que se coronó Andrea Dovizioso como campeón. En vez de consolidarse en la categoría, Lorenzo decidió dar el salto al Mundial de 250, con Honda. Fue un duro aprendizaje, pero Dall’Igna lo repescó en 2006 para poner a su disposición una Aprilia oficial. Aquello fue su despegue definitivo.

Campeón del Mundo

De la mano de Aprilia, Giorgio dio el salto de calidad que necesitaba. Después de un buen inicio de campeonato una serie de circunstancias hizo que la campaña se le pusiera cuesta arriba, y a la mala racha de la pista se sumó problemas de índole personal que derivaron en la ruptura con su padre. A partir de ese momento, fue Jorge.

La campaña 2006 se enderezó precisamente en Mugello, donde salió a la luz su crisis familiar. Aquello lo desenredó, recuperó la concentración e inició una racha de victorias que culminó en Valencia con el título. Y al año siguiente, con el número 1, su rendimiento fue aún mejor, enlazando su segunda corona. El paso siguiente era MotoGP, y su entrada en la máxima categoría se fraguó con maestría y discreción, y antes de que se especulara con su destino final ya estaba formado su acuerdo con Yamaha.

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De Giorgio a Jorge

De Giorgio a Jorge

Irrumpió en MotoGP en 2008 de manera impactante: tres poles en las tres primeras carreras, ganador en la tercera cita (Estoril) y liderato compartido con Dani Pedrosa. Tuvo los altibajos propios de la inexperiencia, pero fue cuarto en su primera campaña mundialista, y desde el primer momento, a pesar de la aparente placidez de su relación, demostró que su intención era destronar a Valentino Rossi. Su rivalidad vivió momentos álgidos en 2009 y 2010, hasta la lesión del italiano en Mugello. Con su baja quedó el camino libre y nadie puedo frenarlo, con lo que se convirtió en el primer campeón español de MotoGP, una hazaña que alcanzaría hasta en tres ocasiones.

La disputa con Rossi alcanzó momentos de mucha tensión, pero el paso del tiempo limó asperezas. También quedó atrás su cerrada pugna con Pedrosa, que le persiguió durante años, hasta que finalmente aquellas peleas pasaron a ser anécdotas del pasado. Con Rossi sólo hubo un repunte de la tensión en 2015, cuando ambos se disputaron el título. La relación se volvió conflictiva de nuevo, y si en 2010, cuando Rossi puso a Yamaha en la disyuntiva, o él o yo, y Lorenzo salió ganador, en 2016, tras el conflictivo final de la temporada anterior, Yamaha dejó a Lorenzo en una situación tan incómoda que se echó con gusto en los brazos de Ducati, seducido por la llamada -una vez más- de Gigi Dall’Igna y por un carro de dinero de Phillip Morris.

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Este periodo final de su carrera deportiva ha sido el más complicado y convulso, un periodo en el que Lorenzo lo ha pasado mal, aunque también ha tenido alegrías, como las tres victorias conseguidas en 2018, cuando ya la cúpula directiva de Ducati había forzado su salida. Fue entonces cuando cayó la ficha de Dani Pedrosa en Honda, confirmó su retirada y su hueco se lo ganó Lorenzo, ofreciéndose directamente a Honda. Pero el final de año, accidentado en Aragón y en Tailandia –por un fallo técnico-, le dejó un mal sabor de boca. Desgraciadamente, nunca llegó a estar completamente a punto para rodar, y antes de comenzar la campaña 2019 volvió a lesionarse, lastrando la parte definitiva de su pretemporada.

Sobre la Honda nunca se sintió a gusto, nunca fue el piloto que todos hemos conocido, y el remate fue la mala racha de junio: se cayó en el Gran Premio de Cataluña, tuvo una fortísima caída al día siguiente en unos entrenamientos, y se lesionó de gravedad en Holanda. Desde ese momento, tirado en la grava de Assen, Lorenzo se preguntó si merecía la pena tanto sufrimiento. Lo intentó de nuevo, pero ya no tenía la confianza ni la determinación. Y llegó un momento en el que dijo hasta aquí hemos llegado. El resto de la historia ya la conocéis.

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