El día que el Mundial se reencontró con su pasado

En el Gran Premio de Qatar fue como si el Campeonato del Mundo hubiese viajado atrás en el tiempo.
El día que el Mundial se reencontró con su pasado
Tetsuta Nagashima y Albert Arenas, ganadores del GP de Qatar 2020 en Moto2 y Moto3 (Fotos: Gold & Goose, Aspar Team, Repsol).

Debutar en el Mundial de Moto3 con 16 años, saltar a Moto2 antes de cumplir la veinteta y llegar a MotoGP con 23 como mucho. En los tiempos que corren, todo lo que no sea cumplir esos plazos, o acercarse mucho a ellos, hace pensar que al piloto en cuestión se le ha pasado el arroz.

La profesionalización del motociclismo ha convertido el Mundial en una escalera donde la categoría de MotoGP es el eje sobre el que todo gira, al mismo tiempo que ha traído una extraordinaria precocidad en la que si eres mayor de edad ya eres de los viejos de Moto3.

Así pues, son dos mantos los que dan sombra al panorama actual de MotoGP: una juventud casi insultante de sus protagonistas y una preponderancia absoluta de la clase reina.

En el Gran Premio de Qatar, solamente las motos llenas de colores vivos y plagadas de patrocinadores atestiguaban que se trataba del curso 2020. Desde 1992 –salvo la excepción de Laguna Seca- todos los grandes premios acogen a todas las categorías, pero antes era habitual que no todas viajasen a cada GP.

Para encontrar una cita mundialista a la que no acudiese la categoría reina hay que ir hasta el duodécimo y último GP de la temporada 1986: el Gran Premio de Baden-Württemberg en Hockenheim, al que solamente fueron los pilotos de 125cc y 80cc, con los de 500cc y 250cc ya de vacaciones desde más de un mes antes. Aquel año fue algo excepcional, pero hasta 1982 era frecuente la celebración de grandes premios sin los pilotos del medio litro.

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Casi cuatro décadas después, organizar un gran premio sin los pilotos de MotoGP algo que ni se contempla. Salvo casos de ‘force majeure’, claro está. El coronavirus ha sido uno de esos casos. La psicosis global (motivada o no, no es este espacio para ese debate) está haciendo estragos en el mundo del deporte, y el motociclismo no ha sido ajeno. Y una carambola hizo que en Losail ya estuviesen los pilotos de Moto2 y Moto3 cuando el gobierno catarí impuso aislamiento de 14 días a quienes viniesen de países como Italia o Japón, lo que hacía inviable que llegasen muchos pilotos y equipos de MotoGP.

Así pues, durante un fin de semana los focos de Qatar alumbraron muy fuerte a los pilotos de Moto2 y Moto3, protagonistas por un día como sucedía antaño cuando los capos de 500cc se saltaban una cita.

Pilotos cocinados a fuego lento (o el día que el Mundial se reencontró con su pasado)

Tetsuta Nagashima en 2016.

Un regusto añejo que no quedó ahí: como si estuvieran poseídos por el espíritu de los pilotos de antaño, donde un piloto podía estirar su carrera en la categoría pequeña hasta los cuarenta (ver Stefan Dörflinger) o dominar la categoría intermedia bien entrada la treintena (ver Toni Mang), dos de los pilotos más veteranos de las categorías en liza reclamaron su minuto de gloria absoluta en ausencia de los acaparadores de portadas y planos televisivos.

Dos pilotos cuyas trayectorias deportivas se han ido cocinando a fuego lento, desafiando las prisas imperantes del siglo XXI e incluso, cuando ha hecho falta, burlando la escalera predeterminada para abrirse huecos entre las rendijas del sistema.

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En el caso de Albert Arenas, sí ha seguido la escalera pautada desde el Mundial Junior de Moto3, pero no cumplió los plazos establecidos. Después de varios años luchando por saltar a la escena mundialista, no lo consiguió pese a ser subcampeón del FIM CEV de Moto3 y no empezó su primera temporada a tiempo completo hasta 2017, ya con veinte años cumplidos.

El año pasado, con solo 22, se vio con un pie fuera del Mundial después de una racha horrible, pero consiguió enderezar la temporada y ha empezado este 2020 de la mejor forma posible. Con 23 años ya cumplidos es uno de los mayores de la categoría: es el más joven de los cinco nacidos en 1996, pero solamente John McPhee –al que batió ayer- nació antes: en 1994.

Pilotos cocinados a fuego lento (o el día que el Mundial se reencontró con su pasado)

Albert Arenas en 2015.

En 1992 nació Tetsuta Nagashima, el cuarto piloto más mayor de Moto2 2020. A diferencia de Arenas, nunca había ganado. Tampoco pasó por Moto3: en 2011 fue campeón del All-Japan GP-Mono y dos años después hizo wild card en Motegi, ya en Moto2, categoría en la que corrió en 2014 hasta perder el sitio tras no puntuar en once carreras.

Bajó al Europeo de Moto2, donde tras un año fichó por el Aki Ajo y mejoró una barbaridad, logrando ser subcampeón a la segunda con un año glorioso donde logró ocho podios en las últimas nueve carreras, volvió al Mundial con el SAG, pasó por el Idemitsu, volvió al SAG y, a última hora, aceptó la oferta de Ajo para este 2020 en el que, a sus 27 años, se ha estrenado como ganador mundialista.

Atendiendo a los estándares actuales, Arenas y Nagashima están mayores para las categorías en las que compiten, pero en Qatar el Mundial regresó al pasado y se convirtieron en los grandes protagonistas, como en aquellos tiempos donde cada categoría tenía entidad en sí misma y a los pilotos nadie les preguntaba la edad, porque solamente importaba ganar.

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