Marc Márquez y lo que faltaba por ver

En Australia volvió a ganar, pero esta vez lo hizo en unas condiciones muy distintas.
Marc Márquez y lo que faltaba por ver
Marc Márquez se encamina a la victoria y Maverick Viñales se va por los suelos (Fotos: Gold & Goose).

Por fin se vio un mano a mano entre Marc Márquez y Maverick Viñales. O bueno, al menos se pudo atisbar una especie de esbozo del duelo con el que gran parte de la afición se relamía cuando Maverick Viñales se subió a la Yamaha en 2017 y comenzó su aventura con los diapasones de forma apabullante. Pero no fue eso lo que faltaba por ver y se vio. Fue otra cosa.

El duelo entre ambos, aunque estuvo más cerca que nunca, tendrá que seguir esperando algo más. Si Viñales sigue a este nivel, no debería tardar mucho, si bien eso es lo mismo que se pensaba hace dos años y medio.

Lo sucedido en esos dos años y medio posteriores es bien sabido por parte de la afición de MotoGP: Márquez, que para entonces ya sumaba tres títulos mundiales de la categoría reina a sus espaldas, ha seguido engrosando su leyenda coleccionando tres títulos más y decenas de victorias, mientras Viñales ha sufrido con la Yamaha YZR-M1, ganando apenas dos carreras de las últimas 48 después de haber vencido tres de las primeras cinco.

En Phillip Island, todo parecía servido para que llegase su séptima victoria en MotoGP: llegaba con el cartel de candidato a su trazado fetiche –en el que acabó con la sequía de Yamaha hace un año- y lo cambió por el de favorito durante el viernes y el sábado, mostrando una velocidad superior al resto y un ritmo que hacía pensar en una repetición de la escapada de 2018.

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Mucho más discretos fueron los entrenamientos de Márquez en el trazado australiano, donde ni tan siquiera en la Q2 pudo ni acercarse a los tiempos de Viñales; que con la pole cortaba una racha impresionante del de Cervera, que llevaba cinco años seguidos haciéndose con la pole en Phillip Island.

Un circuito que siempre le ha encantado pero en el que abandona más que en ningún otro (cuatro veces en MotoGP, dos más que en cualquier otro circuito) y al que llegaba con apenas 8,33 puntos de media en sus seis visitas previas allí en categoría reina. Y, sobre todo, con una especie de maldición encima: siempre que llegaba allí con el título ya conquistado, tenía que abandonar la carrera. Pasó en 2014, en 2016 y en 2018.

No había duda: el binomio formado por Viñales y Yamaha era el más rápido en Phillip Island. La buena sintonía del español con el trazado australiano, ayudado por el consabido gran paso por curva de la M1, le situaban en plena disposición de irse a por la carrera y, de paso, apurar sus opciones de subcampeonato.

Marc Márquez y lo que faltaba por ver

Marc Márquez persiguiendo a Maverick Viñales.

En el otro extremo de la primera fila, separado del 12 por Fabio Quartararo, estaba Marc Márquez. Por primera vez en muchas carreras, salía a una carrera en la que el cartel de favorito era de forma indiscutible para otro piloto.

40 minutos después, Marc Márquez se despojaba para siempre de la maldición al cruzar la línea de meta como ganador del Gran Premio de Australia, mientras Maverick Viñales acababa de ponerse en pie tras haberse deslizado por la bajada de la curva 10, donde había perdido el control de su M1 al intentar devolver el adelantamiento al 93.

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El de Yamaha lo había hecho todo bien y no había sido suficiente. Había conseguido la pole, también la vuelta rápida… pero se iba de Phillip Island con cero puntos en su casillero, enterrando así toda opción de subcampeonato y, lo más doloroso, sin una victoria que había visto al alcance de su mano.

El primer envite (llamarlo duelo sería muy atrevido con un solo adelantamiento y uno de los contendientes por los suelos) entre ambos se había resuelto con un único adelantamiento y un desenlace totalmente inesperado: nadie imaginó que Viñales se iría con un cero.

Eso sí es lo que faltaba por ver en Marc Márquez: verle ganar una carrera a otro piloto que es claramente más rápido que él en pista. Es el último golpe moral que le quedaba por asestar a sus rivales.

Ya hace dos grandes premios que conquistó el título matemáticamente –y bastantes más que lo sentenció virtualmente-, pero no concede absolutamente nada. Las críticas de sus detractores cuando perdió dos carreras seguidas en la última curva han desatado la versión más caníbal del 93, que también volvió a sacar su lado más controvertido con un adelantamiento fuera de lugar a Cal Crutchlow, al que tocó para hacerse hueco cuando vio que Viñales había adelantado al británico y trataba de irse.

Como el primer Caníbal del deporte, el ciclista belga Eddy Merckx –llamado así porque ganaba la general del Tour, la montaña y la regularidad a la vez-, Marc Márquez lo quiere ganar todo. Hirieron su orgullo y, desde entonces, lleva cinco victorias seguidas. Y la última, sin ser el más rápido. Lo que faltaba.

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