Mi mejor carrera. Dani Pedrosa. Gran Premio de Sudáfrica de 2004

Dani Pedrosa disfrutaba de una temprana gloria en 125 para caer al infi erno sin apenas darse cuenta. Pero su espíritu de superación le devolvió a la victoria antes de lo que él mismo podía imaginar.

Venancio L. Nieto Fotos: Gold & Goose -
Mi mejor carrera. Dani Pedrosa. Gran Premio de Sudáfrica de 2004
Mi mejor carrera. Dani Pedrosa. Gran Premio de Sudáfrica de 2004

Dani Pedrosa es, sin sombra de duda, uno de los pilotos más rápidos del campeonato del mundo. Si las inoportunas lesiones de hombro no le hubieran castigado, es muy probable que el piloto español hubiera luchado con Casey Stoner por el título de MotoGP de la pasada temporada.

Pero, desafortunadamente, esa sensación de impotencia no es desconocida para el piloto de Castellar del Vallés. Las secuelas después de las caídas han condicionado especialmente sus dos últimas temporadas. Saber que tienes el talento y el material necesarios para ganar y no poder demostrarlo de forma continuada por las lesiones, acabaría con la moral de cualquiera.

Pero no con la de un piloto como Dani Pedrosa, que parece haber heredado la fragilidad fí sica y la extraordinaria resistencia mental de su mentor Alberto Puig, quien durante su carrera como piloto de 250 y 500 en la década de los 90 ya había demostrado una ilimitada capacidad de sufrimiento frente a las lesiones.

Pedrosa no solo es uno de los mejores en la categoría de MotoGP, sino que el menudo piloto español ya demostró su potencial desde los 18 años, cuando se proclamó campeón del mundo de 125 en 2003 con Honda.

A aquel primer éxito le han seguido otros de la mano del mismo fabricante a lo largo de toda su carrera, sumando dos títulos mundiales consecutivos de 250 en las temporadas siguientes y el subcampeonato de MotoGP de 2007 y 2010.

A lo largo de su carrera deportiva Pedrosa ha estado en distintas ocasiones en lo más alto para caer a lo más bajo en cuestión de décimas de segundo, y lo pudo comprobar por primera vez inmediatamente después de ganar el título de 125. Tras asegurarse matemáticamente el entorchado en Malasia, y con las carreras de Australia y Valencia aún por disputar, Pedrosa sufría una desafortunada caída durante los entrenamientos en Phillip Island en la que se fracturó ambos tobillos. De ser campeón del mundo a no poder caminar.

Ni siquiera con muletas. Del cielo al infi erno en una sola frenada. Pero este contratiempo no cambiaría la idea de Pedrosa y Puig de abandonar el «octavo de litro» para subir a 250 en la temporada siguiente. Pedrosa hizo así de tripas corazón y comenzó el proceso de recuperación para llegar en la mejor forma posible a la primera carrera de 2004 en Sudáfrica:

«Hubo dos factores cruciales en todo aquello», comienza Pedrosa. «Uno fue tener a Alberto Puig a mi lado, que había pasado ya por situaciones parecidas. Para mí era la primera situación grave que me podía afectar, tanto fí sica como mentalmente. Él estuvo muy cerca de mí, sobre todo durante los primeros días en el hospital, y me explicó muchas cosas que me ayudaron a enfocar las circunstancias de forma diferente y no verlo como un drama. Sobre todo hizo mucho hincapié en ese aspecto. Había que encarar la situación con normalidad».

«El segundo factor importante es que tuve mucho tiempo para recuperarme. El accidente ocurrió en octubre, así que hasta la primera carrera en abril tuve tiempo para pasar por diferentes estados mentales, desde el sentimiento de pena por lo ocurrido o no poder disfrutar del título que había conseguido en 125, a otras mil cosas así».

Pero es igualmente cierto que Pedrosa posee una indestructible fuerza interior que le hace grande frente a los problemas, siendo sometido a distintas intervenciones quirúrgicas en diferentes momentos de su carrera para subir inmediatamente después a lo más alto del podio. Después de una larga rehabilitación en la pretemporada 2003, llegó a la primera carrera de la temporada siguiente en 250, una nueva categoría para él que no conocía, pero que estaría destinada a darle mayores alegrías incluso que el «octavo de litro».

Sin embargo, el camino no fue fácil ni estuvo exento de problemas: «Todo fue pasando y sí, me preocupaba porque tenía que empezar así a correr con la “dos y medio”», continúa Pedrosa. «Pero al mismo tiempo yo no tenía ninguna obligación de ganar, así que no estaba demasiado preocupado por si llegaría listo o no al comienzo de la nueva temporada. No tenía presión, prisa o miedo al “dos y medio” porque no tenía referencias ni sabía nada de la cilindrada. Yo solo había corrido con las “pocket bikes” y la 125. A veces es mejor no saber según qué cosas. Y yo no sabía qué esperar. Eso me tranquilizó mucho. Lo que no me gustaba era seguir en casa y que los demás ya estuvieran entrenando».

«En el apartado físico no me encontraba del todo bien. Había estado mucho tiempo usando la silla de ruedas y con sesiones de rehabilitación y fisioterapia, y evidentemente no había podido entrenar mucho, y menos aún con la moto». «Cuando me subí el primer día me dejé llevar buscando que todo ocurriese por sí solo. No fui con prejuicios o con una perspectiva determinada. Simplemente me subí a la moto e intenté disfrutar de pilotarla después de tanto tiempo sufriendo. Me subí a ella y enseguida fui rápido».

En más de una ocasión la obstinación ha conseguido que un piloto olvide un problema, sobre todo si en ese proceso encuentra la forma de canalizar todo el sufrimiento pasado hacia el talento que sabe es capaz de desplegar en estado de gracia.

Algo así debió pasar al llegar al circuito de Ph akisa cuando estaba a punto de comenzar la primera carrera de la temporada en 250 para Pedrosa: «Llegamos a esa carrera con las expectativas bastante en contra sobre si sería capaz de llevar una “dos y medio” o si podría ser rápido después de lo que me había pasado. En general, todo apuntaba a que no sería capaz de hacer nada.

Pero al final ese día sonó la campana, y en la primera carrera», dice Pedrosa con media sonrisa. «No me había planteado nada, pero cuando me clasifiqué en primera fila durante el cronometrado del sábado por la tarde, pensé que si me aplicaba lo necesario a lo mejor arrancaba un podio de aquella carrera. Pero entonces también apareció el problema del síndrome compartimental en el brazo derecho, por lo que pasadas solo unas vueltas ya no podía usar cómodamente el gas y la maneta de freno, y me costaba mucho controlar la moto. Recuerdo aquella tarde del sábado en el hotel. Estaba muy enfadado por haber estado trabajando para llegar hasta allí y la forma en que lo había conseguido, para encontrarme un nuevo problema. En realidad es algo que se ha ido repitiendo a lo largo de mi carrera. Después de luchar mucho, aún aparecen nuevos problemas».

A la mañana siguiente, ya en primera línea de parrilla junto a Sebastián Porto, Randy de Puniet y Manuel Poggiali, el panorama cambiaría sensiblemente: «Una vez salí en carrera Sebastián Porto se había escapado, me encontraba bien y empezaba a pasar pilotos. En ese momento Porto se salió de la pista».

Ese error dejó a De Puniet solo en cabeza de carrera. El francés comenzó a rodar a un ritmo inalcanzable para el resto, excepto Pedrosa. Las décimas entre ambos fueron cayendo y en la novena vuelta el español ya rodaba tras el francés: «Entonces me encontré delante con De Puniet, pero ya no sentía ni problemas en el antebrazo ni nada. Ahí decidí que tenía ganar esa carrera como fuera. Me acuerdo que pensé en ello cuando quedaban pocas vueltas para el final».

De Puniet llevaba el peso de la carrera, aunque durante tres vueltas Pedrosa se puso delante, pero el francés se precipitó al entrar en la vuelta final como líder. A ese momento le siguieron adelantamientos memorables, pero Pedrosa supo imponerse y entrar en meta primero con 0”536 segundos de ventaja: «De Puniet se equivocaba mucho en algunas curvas. Él frenaba más tarde y yo no podía hacerlo igual por el brazo, pero sí podía frenar antes y salir más rápido de la curva. Ésa fue la diferencia. Nos adelantamos muchas veces. Solo en la última vuelta le pasé tres veces, así que debió haber cinco adelantamientos antes de llegar a meta. Hice mi último adelantamiento en la última curva, pero hasta el fi nal no se sabría quién iba a ganar. Pero gané yo por algo más de medio segundo».

«La carrera de Sudáfrica es especial no por la carrera en sí, sino por las circunstancias que confluyeron en ella. Se trataba de lo que había ocurrido anteriormente y lo que estaba pasando entonces. Lo especial de aquel día es que se trataba de mi primera carrera en 250 después de un invierno en el que apenas había podido entrenar, creo que cogí la moto dos veces en ese tiempo, en Barcelona y Valencia, y me presenté tal cual en la primera carrera. Aquello fue muy emocionante. Si miras los vídeos de aquel día se pueden oír los gritos del equipo en el momento en que cruzaba la meta. Nunca les había oído gritar de esa forma. Era una mezcla de alegría, sorpresa, ilusión. Fue todo junto. Sabíamos que se podía hacer, pero no pensamos que fuera a ser ese día. Y resultó que sí fue ese el día».

Aquella victoria sobreponiéndose a los problemas, también le convirtió en el más joven ganador de un Gran Premio de 250 desde el británico Alan Carter en 1983. El título de 250 esa misma temporada también supuso ser el más joven bicampeón del mundo de la historia de este deporte:

«Aquello también fue como un despertador para el resto del año. En el equipo nos puso a todos el turbo y decidimos que, si habíamos podido hacer aquello, tendríamos que seguir haciéndolo durante el resto de la temporada».

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