La playa de Marc Márquez

No sólo cumplió el último trámite en la oficina: lo hizo convirtiéndose en Márquez van Beethoven.
Nacho González -
La playa de Marc Márquez
Marc Márquez en un cambio de rasante en Sachsenring (Foto: Gold & Goose)

Como Ludwig van Beethoven ante un pentagrama en blanco después de componer nada menos que ocho sinfonías. Así se debía sentir Marc Márquez esperando a que se apagase el semáforo en la parrilla de Sachsenring. Después de ocho obras prodigiosas todo el mundo esperaba una novena.

Un pentagrama por rellenar y la presión que lleva saber que todo lo que no fuese una nueva obra de arte sería calificado como un fracaso. El sino de los genios.

Como Ludwig van Beethoven, Márquez también compuso su novena sinfonía, y de propina lo hizo en el mismo país que vio nacer al histórico músico. Empezó a rellenar el pentagrama, olvidando los ocho anteriores, y bajo la bandera a cuadros, entregó su novena sinfonía entre los aplausos del público germano. No había duda: se había convertido en Márquez van Beethoven.

Vale que la ciudad de Bonn –lugar de nacimiento del músico- y el trazado de Sachsenring están en puntas distintas de Alemania, pero el circuito pilla más o menos de camino a Viena, cuna de la música y lugar de fallecimiento de Beethoven. Así que en paz.

La playa de Marc Márquez

Marc Márquez durante la carrera de Sachsenring (Foto: Gold & Goose)

Además, la especialidad de Márquez es reducir distancias. Al fin y al cabo, en eso consiste su trabajo: en reducir antes que nadie la distancia que le separa de la línea de meta. Una vez más, lo hizo a la perfección, provocando de paso la que es la otra modalidad de dicha especialidad: reducir la distancia con décadas pasadas. Lo suyo con Sachsenring evoca lo de Giacomo Agostini con Imatra a finales de los sesenta y principios de los setenta.

Publicidad

La trayectoria deportiva de Márquez es una reducción constante de la distancia que le separa de los mitos del motociclismo. Se lo toma como un juego: en Assen demostró que el balón es más suyo que nunca, y en Alemania ha evidenciado que se trata de un balón hinchable: perfecto para guardarlo en la maleta, jugar un rato con él en Sachsenring, su parque favorito (será por el tobogán) y volver a guardarlo para llevárselo a la playa. Reducir a cero la distancia entre el ocio y el negocio.

Sachsenring se ha convertido en la playa de Marc Márquez. Desde hace muchos años, para los pilotos, el paso por el anillo alemán supone el preludio del parón vacacional. El último trámite antes de cambiar el mono por el bañador e irse a la playa a desconectar.

La playa de Marc Márquez

Marc Márquez cruza la meta victorioso en Sachsenring (Foto: Gold & Goose)

La realidad es que, para poder desconectar de verdad, la primera parte de la temporada ha tenido que ir bien. Sin ir más lejos, Maverick Viñales ha reconocido que no va a descansar, que va a seguir trabajando para recortar las distancias. Todo lo contrario que Márquez.

Porque, por muy bien o muy mal que haya ido la primera parte de la temporada, nada alivia más antes de las vacaciones que cerrar la puerta de la oficina con los deberes hechos, sin dejar tareas pendientes ni correos sin leer. Si además te vas sabiendo que estás siendo el mejor en lo tuyo, el alivio se torna en regocijo. Si lo último que has hecho antes de las vacaciones es convertirte en el Beethoven de lo tuyo componiendo la novena sinfonía, la palabra gozo se queda corta.

Publicidad

En ese sentido, Márquez tiene la inmensa suerte de que el encargo pre-vacacional es su favorito. Incluso cuando la temporada no está yendo según lo esperado (ver 2015), Sachsenring actúa como un bálsamo para él.

La playa de Marc Márquez

Marc Márquez en el podio de Sachsenring (Foto: Gold & Goose)

Un lugar que da paso a la paz. Su locus amoenus. Donde guardar el balón en la maleta y, durante unas semanas, recargar las pilas. En el que poder huir de toda la presión que supone ser el número uno y tener que demostrarlo cada vez que se apaga el semáforo.

Para el resto, Sachsenring es esa playa abarrotada en el primer día de vacaciones: allí todos quieren clavar la sombrilla, coger sitio y darse un chapuzón de éxito. Algunos lo consiguen y acaban empapados en champán. Otros no, y se pasarán las vacaciones dando vueltas en la toalla, incapaces de dejar de pensar en la tarea que dejaron pendiente en la oficina.

Y luego está Marc Márquez. No le preocupa lo abarrotada que esté esa playa, porque sabe que hay una que es suya. Sabe que sólo él conoce los secretos, los recovecos que esconde el laberíntico camino plagado de giros a la izquierda que recorre sin permitir que el viento le despeine y que le lleva a otro lugar, tan parecido y tan distinto.

Una cala, situada al lado del bullicio, en la que reina la quietud, gobierna la paz y no hay más ley que la tranquilidad del trabajo bien hecho. Donde el mar transita en calma, en la que desde 2015 apenas se ve oleaje. Este año la paz es más grande que nunca.

Con 46 puntos, en este 2018, la playa de Marc Márquez es una balsa.

La playa de Marc Márquez

Marc Márquez en Sachsenring (Foto: Gold & Goose)
Publicidad
También te puede interesar

Novena seguida del líder de MotoGP en el trazado alemán, con Maverick Viñales en el podio.

Te recomendamos

Como habrás podido comprobar por ti mismo ya tenemos aquí al frío, y que como cada añ...

Llegar más allá del trail y del enduro es posible gracias a las nuevas tecnologías....

Si estás pensando en hacer un viaje con tu moto, Bridgestone ofrece una amplia gama d...