Valentino Rossi, la revolución y los secretos de Yamaha

La falta de reacción visible en la marca lleva al italiano a reclamar una repetición de 2004.
Nacho González -
Valentino Rossi, la revolución y los secretos de Yamaha
Valentino Rossi, la revolución y los secretos de Yamaha

No hacía falta esperar al semáforo de Motorland para darse cuenta de que, en el Gran Premio de Aragón, a Yamaha se le estaba juntando la consumación de su peor sequía con el peor momento y lugar dentro de la misma. No era ya sólo llegar a 23 carreras sin ganar dos décadas después de la racha de 22 que suponía el tope; era hacerlo muy lejos de los ganadores. Así fue.

Valentino Rossi, cuyas palabras suelen ser el mejor termómetro de la enorme crisis que vive la marca de Iwata, ya ironizaba diciendo que su motivación para ir rápido era la de acabar la carrera cuanto antes para irse de Motorland Aragón, el circuito que más ha desnudado las vergüenzas de una YZR-M1 cuyo rendimiento estaba lejísimos de Honda, Ducati y Suzuki; e incluso claramente por detrás de la Aprilia RS-GP de Aleix Espargaró.

Al final, octavo y gracias, ya que cayeron tres pilotos que por ritmo hubieran quedado delante. Se consumaba el peor resultado del año y se igualaba el peor de la racha: el octavo de Japón 2018, con la diferencia de que fue en mojado y Rossi cayó. En Motorland, en una carrera en seco y en la que no pasó nada extraño, Rossi fue octavo con Maverick Viñales 10º, Johann Zarco 14º y Hafizh Syahrin 18º. Un día para olvidar.

Ya en ese momento, Rossi avisaba de que atraviesan una situación muy difícil y que no será fácil recuperarse, recalcando que no servía de nada enfadarse pero mandando un mensaje muy claro.

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La revolución de Valentino Rossi y los secretos de Yamaha

Valentino Rossi llegó a Yamaha en 2004 (Foto: Gold & Goose)

UNA REVOLUCIÓN NECESARIA

Después de la carrera seguía sin mostrar enfado, pero sí que se mostró todavía más tajante al pedir, directamente, una revolución en Yamaha. Según él, la marca necesita llevar a cabo un proceso similar al que abordaron en 2004 justo antes de su llegada, cuando llevaban 18 carreras sin ganar y, a la vez que el fichaje de ‘Il Dottore’, Masao Furusawa hizo cambios en el departamento de carreras. El resultado fue claro y rapidísimo: Yamaha, que llevaba sin conquistar la categoría reina desde 1992 con Wayne Rainey, conquistó los dos títulos siguientes y seis en nueve años.

En esta ocasión, Rossi pide algo parecido a excepción del cambio de pilotos, ya que considera que el problema no está ni en él ni en Maverick Viñales, básicamente porque los dos han dado sobradas muestras de su talento cuando la M1 ha estado a la altura de las expectativas. Tampoco en Silvano Galbusera, Ramón Forcada ni el resto de personal que conforma el box del Movistar Yamaha MotoGP. Si Rossi pide una revolución es porque tiene claro dónde está el problema de Yamaha: en Japón.

La revolución de Valentino Rossi y los secretos de Yamaha

Valentino Rossi señala a Masao Furusawa en Francia 2008, primer triplete de la historia de Yamaha en MotoGP con Jorge Lorenzo y Colin Edwards (Foto: Gold & Goose)

Desde hace ya un tiempo, sus peticiones siempre van dirigidas hacia allí, y por enésima vez lo volvía a recalcar el sábado antes de carrera: “El hardware es el problema y necesitamos algo de ayuda de Japón, pero este discurso ya lo hemos dado durante este año”, se lamentaba apuntando que no es que en Aragón hubiese empeorado la moto, sino que el circuito es más difícil y magnifica los problemas existentes.

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Si en algo coinciden Rossi y Viñales es en la total ausencia de motivación. Hace tiempo que llegan a los grandes premios cabizbajos, sin más duda de a cuánto estarán de Honda y Ducati y de sí podrán competir con Suzuki. Como muchísimo, de intentar rascar un podio si los astros se alinean. Algo que ha provocado que Rossi ya pida directamente una reestructuración más profunda en el departamento de competición de la marca.

SECRETISMO EN EL PROYECTO

Sin enfadarse, pero totalmente frustrado tanto con la moto como por el secretismo que rodea a la parte de desarrollo que lleva a cabo en Iwata. Mientras que antiguamente ya en torno al Gran Premio de la República Checa ya comenzaban a probar cosas para el año siguiente, por ahora todo lo que han probado pensando en 2019 es un nuevo motor, demasiado parecido al actual para su juicio.

La revolución de Valentino Rossi y los secretos de Yamaha

Valentino Rossi estruja su M1 en Motorland (Foto: Gold & Goose)

En este sentido, aunque sin decirlo abiertamente, sí deja caer que le preocupa no tener noticias de en qué línea se está trabajando ni qué se está haciendo en Japón: “No sabemos qué pasará en el futuro con el nuevo proyecto. Esperemos que hagan algo para intentar mejorar la moto, porque tenemos muchos problemas”, insiste.

Pese a que nadie les explica en qué se está trabajando en la fábrica y que siempre están “con la duda de qué es lo que hacen o no hacen”, Rossi es consciente de que no es algo exclusivo de Yamaha. “Creo que en general en las casas japonesas es así”, subraya.

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Sinceramente no sé cuál es el proyecto y ya llevamos mucho hablando del mismo problema y al final la moto es siempre ésta”, se lamenta Valentino Rossi, que en 2019 comenzará un nuevo contrato de dos años con la marca de los diapasones. Un contrato que firmó con el objetivo de ganar, en los albores de este 2018 cuando las perspectivas eran considerablemente más optimistas.

EL TIEMPO APREMIA

Por eso, por mucho que no se enfade, Rossi no deja de presionar. Mientras Viñales hace hincapié en la decepción y la falta de motivación, el italiano no deja pasar ninguna oportunidad para pedir a Japón que se pongan las pilas. Uno de los motivos es el mayor peso que tiene en la marca por su palmarés, pero no es el principal.

La revolución de Valentino Rossi y los secretos de Yamaha

Valentino Rossi y Maverick Viñales durante el GP de Aragón (Foto: Gold & Goose)

Viñales tiene 23 años y, aunque no le guste, puede esperar a que Yamaha dé con la tecla. Rossi tiene 39 y ni un segundo que perder. El tiempo corre y el silencio que recibe no le sirve, por eso insiste una y otra vez. Incluso ha insinuado, tirando de su habitual sorna, que si las soluciones no llegan en los próximos dos años ya no será problema suyo.

Sin enfadarse –que a los japoneses no les gusta-, pero haciendo visible su malestar ante la preocupante falta de mejoras y la total ausencia de noticias del proyecto 2019.

Cada vez que le preguntan al respecto va un paso más allá, y el vaso de su hastío se está empezando a colmar. Si la fruta no cae, habrá que agitar el árbol. Dicho de otra forma: ante el silencio de los de arriba, sólo queda ya la llamada a la revolución.

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