Desde la presentación de las Yamaha R6 y TMax 500

Yamaha nos lleva a Japón a probar sus novedades. Seguro que siempre te has preguntado cómo es la vida de un enviado especial a una presentación tan importante como la de la Yamaha R6 y T-Max. Nuestro probador Pere Casas te cuenta desde Sugo (Japón) cómo ha sido su viaje.
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Desde la presentación de las Yamaha R6 y TMax 500
Desde la presentación de las Yamaha R6 y TMax 500

Acabo de llegar a Sugo, donde voy a probar la R6 2008, un año que tiene un especial significado: se cumplen 10 de la generación "R" de Yamaha, recuerda que la R1 nació hace precisamente una década, en 1998. ¿Cómo pasa el tiempo, verdad? A pesar de estar todo muy bien organizado, y que la ocasión lo vale, viajar a Japón, aunque sea para subirse por vez primera a la nueva R6 tiene estas cosas: el caso es que está muy lejos, al otro lado del mundo.El primer vuelo, BCN-Frankfurt, significa salir de casa bien antes de las siete, por si los atascos, ya sabes, embarcar sobre las 10 y pico y llegar ahí a tiempo de chequear de nuevo y meterse en un avión en fila de a cinco. "Ladies and gentlemen, ahora una demostración de los chalecos salvavidas, y átense los cinturones"… Y prepárate para intentar soportar, en "cutre class", no creas que las fábricas nos llevan en primera, y cuando esto ocurre, al viaje casi siempre "deben ir los jefes" porque "en la marca me lo han pedido expresamente"… nada menos que catorce horas embutido tieso como una mojama en una butaca. La cosa estaría más o menos bien si te cupieran las piernas, si no se te rompiera el espinazo y si no ocurriera que tus compañeros de fila quieren ir al baño cada vez que más o menos descabezas un "sueñecito". Lo del "jet lag" es otra cosa. Apareces en Japón a primera hora de la mañana, pero tú no has dormido… y menos viendo la cara de satisfacción de los que vuelan en primera, una sonrisa de oreja a oreja que contrasta con tus ojeras… Pero bueno, mis colegas que hacen el Mundial se comen esto y mucho más, así que vamos a lo positivo.Una vez desembarcados en Japón, como la "schedule" o agenda del día es apretada, pues a media tarde estás que apenas entiendes lo de "thankiu, yamaja is very pleased to introduce tu yu mr. Origami-san, que les va a explicar los misterios del nuevo chasis de papel mashé, del nuevo performance-engine con esferulador positrónico, y de los nuevos braking calipers con portacárteres de berilio"… En este caso, el primer día en Japan fue de aclimatación, tras los inevitables embotellamientos japoneses, sufridos dentro de los autobuses, nada de nada que hacer salvo un cóctel y una cena opípara en el mejor hotel de Hamamatsu… El segundo ha mejorado: a las 6,30 desayuno, a las 7.30 salida del autobús dirección las fábricas de Iwata nºs 5 y 7, donde podremos ver a los campeones del mundo de la precisión en el trabajo, los operarios nipones, montando casi automáticamente nuestras Yamaha nuevecitas. Más allá de que se toman muy en serio su trabajo, lo más sorprendente es hasta qué punto los ingenieros de industrialización consiguen que las operaciones de ensamblado sean lo más fáciles posible, y en cómo han estudiado hasta el mínimo detalle que hace que las motos avancen en la cadena a paso casi de persona.Un chasis por aquí, un motor por allá, todo subido y colocado al milímetro por un caballete hidráulico, los tornillos entran en un pis pas gracias a las carracas neumáticas, y antes de que hayas podido hacer la foto –las cámaras están penadas, secreto industrial obliga- ya empieza el siguiente paso… Los diferentes elementos de cada moto vienen premontados, y los más pesados se encaran gracias a robots hidráulicos que facilitan de manera impresionante las operaciones. Las piezas que deben ir tomando su sitio en el cuerpo de la moto llegan a cada sitio en los AGV, ("automatic guided vehicle"… no el casco de Rossi) que viajan solitos cargados de piezas siguiendo unas sendas magnéticas marcadas en el suelo. Para terminar, las líneas de fabricación pueden cambiar de modelo en apenas unos segundos: los operarios pasan de montar una R6 a una de las nuevas Tmax sin pérdida de tiempo… Tras la visita a la fábrica hemos visitado el museo Yamaha. Desde la primera YA1 125 de 1955 hasta las nuevas series R, pasando por motos de competición, desde Kenny Roberts a Stephane Peterhansel… No es muy completo –faltan modelos emblemáticos de carreras como las TD1 o algunas TZ, y ¡no está tampoco mi XT 500 de 1983!- pero responde perfectamente a la idea de mostrar qué es Yamaha y de dónde viene: motos, automóviles hechos conjuntamente con Toyota, Fórmula 1 con Jordan allá por 1992… barcas, aviones, jets, carros de golf, robots industriales, ingeniería de purificación de agua, biotecnología… El rincón emotivo es el memorial Norifumi Abe, con la moto con la que estaba corriendo el japonés de SBK y una exposición de fotos, todo oliendo al jazmín de los ramos de flores aportados por los aficionados… Tras el lunch en el hotel situado al lado de la fábrica, otra vez autobús, estación Shinkansen –sí, el tren bala. Eso que apareció en Sevilla para 1992, y que todavía no ha llegado a Barcelona y lo que te rondaré morena- hace ya más de treinta y muchos años que funciona en Japón. El que nos llevó a Nagoya para tomar el avión con destino a Sugo, donde mañana, que será otro día, probaremos por fin la R6 –se supone que hemos venido para eso, ¿no?... vuela a 300 por hora como si fuera sobre raíles. Vaya, igual que las cercanías de mi pueblo… Eso sí, Japón es el paraíso de la organización. Todo está en su sitio, ni un papel en el suelo, la gente se saluda respetuosamente antes de apretujarse en el metro y, de momento, las previsiones se están cumpliendo: en octubre, en Japón llueve a mares… Ver el lejano oriente está bien, sobre todo si no es tu quinta vez ahí, pero a pesar de que sería un mundo perfecto si tuvieran un poco más de espacio, a veces piensas que están locos, estos romanos… Por ejemplo. Nuestro guía japonés se ha explayado durante casi media hora en el autobús explicándonos mediante un vídeo ¡como funcionan los waterclosed!, y con una bonita y detallada narración añadida sobre los misterios del mismo aparato usado como bidet por las honorables señoritas japonesas…Por el contrario, el tempura y el sushi japonés que hemos tomado aquí la expedición de Yamaha España ponen en evidencia las imitaciones que solemos comer en los restaurantes orientales de nuestra tierra. Para compensar, un letrero en uno de nuestros buffets una bandeja con algo incomestible aseguraba que era arroz Valencian Style…En fin, que si al final acaba lloviendo en nuestra prueba en circuito, que esperamos que no, seguro que pensaremos ¡con lo bien que estaríamos en Jerez!, ¡¿verdad?!Pues nada, que mañana os cuento cómo va la nueva Supersport… Y pensad que cuando os despertéis, ¡ya os llevaré ocho horas de ventaja! (¿o porqué creías que los japoneses están tan adelantados en todo?).

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