Tormenta asiática: carreras ilegales

En el Mundial hay ya más pilotos asiáticos que australianos y americanos. El “boom” actual comenzó con carreras ilegales en las calles de la ciudad. Nuestro reportero se ha metido en la boca del lobo para ver los campeonatos de scooter de donde saldrá el futuro campeón del mundo asiático.
Mat Oxley/I.G. Fotos: Gold & Goose/Cub Prix series -
Tormenta asiática: carreras ilegales
Tormenta asiática: carreras ilegales

Son las dos y media de la madrugada en una autopista a las afueras de Kuala Lumpur. No se oye una mosca y, de repente, a lo lejos se siente un aullido que va creciendo cada vez más. Un grupo de faros aparece en el horizonte, moviéndose a toda velocidad de izquierda a derecha, luchando por alcanzar una posición dominante. La jauría de scooter y motos pequeñas, preparadas hasta las trancas, pasan por delante, peleando por coger el rebufo unos a otros. Los motores a punto de estallar, rodando más allá de la zona roja y chillando como si no hubiese mañana.

Unos están escondidos detrás del carenado, otros van acostados haciendo una perfecta imitación de Superman, con los pies saliendo más allá del grupo óptico posterior. En un abrir y cerrar de ojos han desaparecido, besando el guardarraíl y el bordillo, y asustando a un par de automovilistas que han tenido la mala suerte de cruzarse en su camino.

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Son parte de “Mat Rempit”, que en lenguaje coloquial malayo define a los pilotos que participan en carreras urbanas ilegales, durante las noches del fin de semana. Perseguidos por la policía, han dejado el centro de las ciudades para realizar sus competiciones en autopistas desiertas. Allí hacen carreras en plan “drag racing” con una longitud de uno a cinco km. La entrada en meta se verifica con las grabaciones de los móviles así que no hay duda de quién ha ganado. No faltan las apuestas, un miembro de “Mat Rempit” puede ganar 280 euros en una noche, más que el salario de una semana.

En el peor de los casos algunos miembros de “Mat Rempit” tienen relaciones con bandas criminales pero la mayoría simplemente son jóvenes envenenados por la velocidad. ¿Por qué lo hacen? Una pregunta tonta si lo piensas. “Sobre todo porque nos divertimos, para descargar estrés, además no tenemos dinero para participar en carreras de verdad”, responde un adolescente. Nadie quiere dar su nombre porque la policía persigue estas prácticas ilegales. Incluso el primer ministro, Najib Abdul Razak, se ha quejado que estas hordas de jóvenes lo han despertado por la noche en Kuala Lumpur.

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El veneno de la velocidad

La diversión es lo más importante, tal y como ocurría también en los años 60 en el Reino Unido con los jóvenes que se apuntaron al mundo de las café racer con sus BSA y Norton. Muchachos haciendo locuras, nada nuevo bajo el sol. Algunos de estos adolescentes en el Reino Unido llegaron a ser pilotos de renombre y lo mismo pasará con los mejores de “Mat Rempit”. El malayo Zulfahmi Khairuddin, piloto del Mundial de Moto3, comenzó corriendo en estas carreras ilegales.

Basta con unas cuantas llamadas y comunicaciones por móvil para preparar la noche. Se reúnen en cafeterías en las afueras de Kuala Lumpur, donde comen y beben, para luego salir hacia algunas áreas de descanso de autopistas desiertas. Llegan cinco, 20, 30, 50… La mayoría son unidades de 2T con preparaciones caseras. Hay algunas motos de 125cc, pero la palma se la llevan los scooter trabajados a tope. Hay incluso algunas viejísimas Honda C90 con baúl posterior. Todo el mundo es bienvenido y aquí no hay el típico niño rico que a veces vemos en las carreras. No llevan ni siquiera botas o guantes, solo unas sonrisas de oreja a oreja. Se sientan para descansar en plena noche, acariciados por el aire nocturno, fumando y contándose historias sobre las últimas aventuras vividas.

Entonces alguien coge el scooter y comienza a hacer caballitos con gran maestría. Otros se animan, cada uno haciendo una pirueta más difícil que la anterior. Los chavales saben lo que hacen. Todo el mundo se divierte, es como cualquier otra reunión de moteros en la que se escapan de los convencionalismos sociales para hacer lo que realmente les gusta. Hay gente de todo tipo, la mayoría adolescentes y “veinteañeros”, con algunas pocas chicas. Hablamos con un chaval que trabajaba en un supermercado, otro era mecánico.

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Había otra reunión de unos 40 o 50 al norte de Kuala Lumpur. Algunos solo vienen a charlar pero a otros lo único que les interesa es una cosa: correr, medir su talento y sus conocimientos mecánicos con los demás. A lo mejor se han pasado la semana dándole a la lima preparando el motor, trabajando en el cilindro o quizás han llevado el scooter a un taller gastándose todo su salario en una culata preparada. Si la moto gana, el mecánico se puede llevar una parte de lo recaudado.

El “Mat Rempit” lleva celebrándose desde los años 80 y se piensa que hay unos 200.000 jóvenes metidos en el ajo. La mayor reunión anual se celebra en Johor Bahru con más de 5.000 participantes. Se han promulgado varias leyes para atajar el problema pero los jóvenes siempre parecen estar un paso por delante de la policía. El fenómeno ha adquirido tales dimensiones que la industria del cine malayo ha realizado docenas de películas sobre las carreras ilegales.

Los scooter de rueda alta dominan a placer, pues el 80 por ciento de las motos vendidas en el Sudeste Asiático son de esta guisa. Unos vehículos que se utilizan para todo: desde ir al colegio hasta hacer la compra o participar en alguna carrera que otra. Olvídate de las Fireblade o R1, los scooter de rueda alta son las motos más importantes del planeta pues mantienen al mundo en movimiento.

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Ocho millones

El campeonato Cub Prix Series (bautizado así en honor de la Honda Cub, el primer rueda alta), está patrocinado por Petronas y es el más importante de Malasia. Los pilotos consiguen el equivalente a 560 euros por una victoria. La empresa promotora, Two Wheel Motor Racing, no solo se encarga de la Cub Prix Series, sino también del Campeonato Asiático que se realiza a través de todo el continente. El mayor mercado es Indonesia, país en el que se venden más de ocho millones de motos anuales.

Por ello no es de extrañar que Valentino Rossi y Marc Márquez hagan muchos viajes de promoción a Indonesia. Lo que también explica que el piloto malayo de scooter y de la categoría de 600, Haji Ahmad Yudhistira, cobre 182.000 euros por temporada. La mitad lo paga Kawasaki, el resto viene de premios y otros complementos. Otros pilotos locales también viven de las carreras, ganando unos 56.000 euros anuales. Que ya lo quisieran para sí algunos pilotos del Mundial de Moto3.

Las carreras de las Cub Prix Series se realizan en circuitos urbanos desde Penang hasta Johor. Las calles se cierran al principio de la semana, los organizadores montan protecciones inflables y las competiciones se celebran durante el fin de semana delante de hasta 50.000 espectadores. El gobierno malayo esperaba que este campeonato acabase con el “Mat Rempit” pero muchos siguen prefiriendo las baratas y excitantes carreras ilegales nocturnas. Cub Prix consta de seis categorías: scooter de rueda alta de 115 cc y 130 cc, supersport 600, 250 4T, además de un campeonato monomarca con la Honda CBR250R y otro con el rueda alta Suzuki FU150.

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El Campeonato Asiático de Velocidad (Asian Road Racing Championship) se disputa en trazados permanentes: Sepang en Malasia, Sentul en Indonesia, Suzuka en Japón y el nuevo circuito de Buriram en Tailandia. Para mover el material de un país a otro se utilizan 20 contenedores. Los pilotos llegan de todos los rincones del continente: Malasia, Indonesia, Tailandia, Japón, India, Taiwán, China, Corea del Sur, Sri Lanka, Singapur, Filipinas y Australia.

Unos tres millones de familias ven las carreras en Fox Sports. Así que no es de extrañar que Dorna quisiese arrebatarle el campeonato a Two Wheel Motor Racing, pero la FIM no estaba por la labor, así que Dorna montó su Asian Talent Cup.

El Campeonato Asiático de Velocidad sigue aumentando y en la categoría de Supersport corre hasta Nori Haga. El objetivo fundamental es encontrar nuevos talentos. Este año tres campeones malayos de scooter: Azlan Shah, Hafizh Syahrin y Zaqhwan Zaidi toman parte en el Mundial de Moto2. Se supone que de todos ellos Syahrin es el más rápido. “En 10 años pensamos que podremos tener un campeón del mundo malayo”, me comentó Ron Hogg, director de la Cub Prix y del Campeonato Asiático de Velocidad. ¿Y quién lo duda?

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175 km/h

El “boom” de estas carreras en Asia recuerda un poco a cómo comenzaron las pruebas de SBK en Estados Unidos, cuando preparadores fueron capaces de conseguir que las motos hiciesen cosas para las que no estaban diseñadas. Pues la BMW R 90 S en realidad fue concebida para rodar por la campiña y el scooter Honda Wave Dash para ir a hacer la compra. Ninguno de estos dos vehículos fue fabricado para tomar parte en carreras, pero ello no impidió que BMW ganase con este modelo la primera carrera de Superbike de Daytona en 1976 y que la Wave Dash domine la Cub Prix.

A lo largo de Malasia hay innumerables talleres trabajando para convertir a los scooter de rueda alta en motos de carreras. Soong Chee Keong es uno de los hombres fuertes en este negocio. En su juventud corrió en scooter y ahora se pasa el día trabajando en su taller (SCK racing) en las afueras de Kuala Lumpur para lograr unas prestaciones estratosféricas con la Honda Wave Dash. Sus monturas han tenido mucho éxito en las carreras de Cub Prix.

Un Wave Dash de serie es un bonito scooter de rueda alta y 130cc, hay incluso una versión con los colores de Repsol, capaz de rendir ocho CV a 7.500 rpm. Después de que Soong haya hecho su trabajo, se ha convertido en un cohete de 22 CV capaz de girar a 14.000 rpm, comprobados en el banco de SCK, alicatado hasta el techo con cartones de huevos como aislante sonoro. En la pista eso significa 175 km/h de velocidad punta, lo que da un poco de miedo si pensamos en los delgados neumáticos típicos de los scooter.

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En el motor no queda casi nada de serie. La culata se trabaja a mano, los árboles de levas están preparados por Soong, además de montar válvulas de mayor tamaño. El embrague automático se cambia por uno manual manteniendo el cambio de cuatro marchas. Mientras que el carburador de serie ha dejado paso a uno de 28 mm de compuerta plana junto con un escape de carreras. Incluso se ha instalado una sencilla telemetría que graba los tiempos por vuelta y las revoluciones, para así valorar sobre la marcha el efecto de los cambios realizados. Los frenos y el chasis son de serie, no así los amortiguadores traseros Öhlins, la horquilla o los neumáticos más blandos de Dunlop o Bridgestone.

Una Wave Dash de serie cuesta 1.300 euros pero preparada por SCK sale por 13.280 euros. La mayoría de los clientes de Soong son pilotos profesionales pero otros participan en carreras ilegales con el objetivo de convertirse en los reyes de Kuala Lumpur. Cuando se corría con motores de 2T todo era mucho más barato y bastaban 182 euros para montar un nuevo pistón, segmentos y demás. Ahora renovar un monocilíndrico de 4T (pistón, válvulas, y cigüeñal) sale por unos 1.400 euros cada fin de semana de carreras.

Soong tiene también otros trucos para mejorar las prestaciones. Es un gran creyente en Feng Shui, la filosofía china de la armonía, así que cada año elige los colores del equipo de acuerdo con los elementos del año chino. La idea es encontrar el equilibrio del ying y el yang. El año pasado casi lo logra, cuando su piloto Norizman Ismail terminó segundo absoluto. Quizás los colores de este año marquen la diferencia…

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