Andrea Dovizioso, caballo gris al 5%

El cambio del italiano es más leve de lo que parece.
Nacho González -
Andrea Dovizioso, caballo gris al 5%
Andrea Dovizioso, caballo gris al 5%

Caballo blanco, caballo negro. Es la metáfora que Andrea Dovizioso emplea para hacer la distinción entre lo racional y lo irracional.

Siempre ha sido el caballo blanco, lo reconoce. Centrado en no fallar, moviéndose dentro de los márgenes de la lógica, ha pasado una década en MotoGP siendo un eterno outsider.

Es indudable que en este 2017 ha ido más allá. Ha aprendido a usar su caballo negro, pero lo más importante es que lo reserva, lo deja en la recámara mientras sigue imperando el blanco. Su esencia. No necesitaba un cambio extremo. Porque, para eso, Ducati se hubiera quedado con Andrea Iannone, un caballo negro betún.

A cambio, le trajeron al lado a Jorge Lorenzo. El balear atrajo los focos y los titulares antes y después de su fichaje por Ducati, hasta el punto de relegar a Dovizioso a un segundo plano durante la presentación del equipo.

El caballo blanco no alzó la voz. Confió en sí mismo y en su superior conocimiento de los entresijos de la Desmosedici y de las peculiaridades que requiere su pilotaje, un arte que ha dominado a base de trotar y trotar con ella.

Es lo que hace el caballo blanco: trotar. Pasos firmes, seguros, siempre hacia delante.

Pero los caballos blancos no ganan MotoGP, porque MotoGP no se gana yendo al trote. En algún punto entre el final de 2016 y el inicio de 2017, Dovi entendió que trotar no iba a ser suficiente. Tenía que salir de su zona de confort. Galopar.

Publicidad

Tenía que volverse un poco Iannone. Un poco, nada más. No en vano, cuando su ya ex compañero no se perdía en las profundidades de Moto2, había sido el mayor incordio para Marc Márquez en su paso por la categoría intermedia, sobre todo en lo referente a las luchas cuerpo a cuerpo.

Esa irracionalidad, que Dovi siempre había repudiado por la ineficacia a largo plazo, era también la que le podía llevarle a marcar diferencias en los momentos decisivos.

La clave era hallar el equilibrio.

Sigo siendo el caballo blanco, perjura Dovi. Sólo utilizo el negro a veces, insiste. Es su forma de explicarlo, y se entiende. Pero no es precisa. No hay dos Doviziosos.

Son dos realidades que conviven en un mismo piloto, que ha adquirido gran destreza a la hora de seleccionar con que zona del cerebro afrontar cada envite que le depara una carrera.

Se vio en Japón. Se movió durante toda la carrera entre los márgenes de lo racional, abrazando los límites de la irracionalidad sólo en el punto álgido. En la última vuelta, el caballo negro salió al galope, controlando los movimientos de la desbocada Desmosedici para ganar el interior a Márquez y reafirmar su candidatura.

No, Dovi no es un caballo blanco que se vuelve negro el 5% del tiempo. Toda la carrera es el mismo piloto. No es un cambio de color drástico en momentos concretos.

Es un cambio de color muy leve pero permanente. Andrea Dovizioso es un caballo gris. Un gris clarito casi blanco. Un caballo gris al 5%.

Publicidad
Te recomendamos

Como habrás podido comprobar por ti mismo ya tenemos aquí al frío, y que como cada añ...

Llegar más allá del trail y del enduro es posible gracias a las nuevas tecnologías....

Si estás pensando en hacer un viaje con tu moto, Bridgestone ofrece una amplia gama d...