Andrea Dovizioso y la montaña movida

Píldoras 2017, capítulo 3.
Nacho González -
Andrea Dovizioso y la montaña movida
Andrea Dovizioso y la montaña movida

Cuando, dentro de muchos años, se ponga la vista atrás para recordar lo sucedido en las distintas temporadas de MotoGP, quien sólo quiera hacer un repaso superficial encontrará en 2017 otra placa con el nombre de Marc Márquez en el trofeo de MotoGP. Sin embargo, quien quiera rascar un poco más por debajo de esa placa, encontrará otro nombre al dorso.

Ese nombre es el de Andrea Dovizioso. Uno de los pilotos más veteranos del mundial, cuyo nombre ha aparecido más veces en los medios en este 2017 que en toda su carrera deportiva. Un piloto que transformó lo que el mundo entendió como una victoria balsámica (Sepang 2016) en una auténtica catapulta que le ha lanzado más allá de lo que él mismo podía soñar.

Seis capítulos ha tenido el cantar de gesta de Dovi en este 2017. Los cuatro primeros llegaron por parejas, los dos últimos en la fase decisiva, separados por un enorme traspiés que ni siquiera le hizo titubear. La caída de Valencia fue testimonial, la demostración de que para llegar a acariciar la gloria de MotoGP ha tenido que ir más allá de los límites de sí mismo.

Dovizioso ha tenido que salir de su zona de confort y despojarse del aura de piloto seguro, el que jamás se pierde una carrera y el que siempre está a la caza del podio para sonreír en las fotos con los genios condenados por Marc Márquez. Ahora, resulta que él es precisamente uno de esos genios, el último en cumplir condena.

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En Qatar, pensar que Dovizioso podía lograr seis victorias en una temporada y soñar con el título hasta minutos antes de la última bandera a cuadros era un acto de fe. No había pruebas que acompañasen tal predicción, no existían números que refrendasen tal creencia. Las matemáticas, siempre tan perfectas y exactas, hubiesen tildado la empresa de utopía.

Pero… ¿qué saben las matemáticas de fe? Cuántas veces ha palidecido tan sagrada ciencia ante esos mantras más antiguos que el sol y que Mr. Wonderful ha convertido en marketing. ‘Imposible es sólo una opinión’, dicen unos. ‘Como no sabía que era imposible, lo hizo’, rezan otros. ‘Todo parece imposible hasta que se hace’, sentencian tazas salpicadas de unicornios inspiradas en nada menos que Nelson Mandela.

Parece que Dovizioso se compró la colección completa. Se llenó el motorhome de post-its y los repitió hasta creérselos. Porque Dovizioso no es un hombre de ciencia, es un hombre de fe. Una fe que mueve montañas. Su fe en Ducati, en un momento en el que la marca italiana se revolvía en las catacumbas de MotoGP, le llevó a vestirse de rojo cuando se había abonado al podio enfundado en negro Tech 3.

Su fe no se resquebrajó en la desértica travesía de los primeros años, alcanzando en Sepang 2016 el oasis de la victoria. Delante, la montaña más alta del motociclismo: el título de MotoGP. Que el título fuese para Márquez es casi secundario. Todos lo han visto: la fe de Andrea Dovizioso ha movido la montaña de MotoGP.

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