Comparativa supermotard: MV Agusta Rivale vs Ducati Hypermotard

Prueba comparativa entre dos supermotard italianas: Ducati Hypermotard y MV Agusta Rivale.
Texto: Luis López Fotos: Jaime de Diego Colabora: Manolo Villaseñor -
Comparativa supermotard: MV Agusta Rivale vs Ducati Hypermotard
Comparativa supermotard: MV Agusta Rivale vs Ducati Hypermotard

Mi intención no es darte envidia, sino ponerte en situación para explicarte lo que a continuación sigue. La profesión de periodista poco tiene que ver con aquello que se dice de «coser y cantar». Habrá quien lo ponga en práctica, sin mancharse las manos ni estresarse, salvando los problemas del día a día laboral cual «Matrix», pero tengo que decirte que ése no es precisamente mi caso. Por diferentes motivos, un buen puñado de ellos si te soy sincero, comencé siendo no muy receptivo a trabajar en la prueba que estás leyendo. Al final, el destino y las carambolas de redacción acabaron por implicarme a fondo. Lo cierto es que si no fuera porque un periodista probador de motos debe estar preparado para subirse a cualquier aparato que tenga dos ruedas, este caso acarrearía un problema de considerables dimensiones. Por fortuna esto no llegó a afectarme de forma negativa pero sí es cierto que me llegó de alguna manera por sorpresa. No me lo esperaba y cuando vi estas dos italianas en el garaje, ya con el encargo en firme de Pepe Burgaleta para que hiciera la prueba, no me vi lo suficientemente motivado para afrontarla. ¿Te digo por qué? En pocas palabras, porque no creo, o no creía hasta poco antes de salir de Motorpress con ellas en marcha, en las motos «laboratorio», aquellas que quieren ser lo que no pueden. Tanto la Hypermotard como la Rivale son, dicen los responsables de su creación, deportivas impregnadas de supermotard. Vale, de acuerdo, pero a mí que me den una deportiva «como Dios manda» y los inventos o experimentos varios… mejor con gaseosa.

Así comencé, con recelo pero siempre con la ilusión de descubrir algo nuevo para comprobar, sobre el terreno, que la lucidez de los ingenieros implicados en su fabricación ha sido suficiente para aportar una vuelta más de tuerca a un mercado, eso sí, cada vez más estanco en cuanto a la aportación de savia nueva. En cualquier caso, no podía apartar de mi mente cierto escepticismo ante lo que se me avecinaba. Bien es cierto que, todos modos, mi trabajo es el de probar primero y valorar después, así que debía «resetearme» y partir de cero. Una vez logrado, vamos a ello.

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En lo bueno y en lo malo

¡Qué razón tiene el señor cura cuando lo afirma! Aunque por otra parte tampoco necesitas casarte con Dios para tener claro que todo tiene su lado bueno y el, digamos, no tan bueno y que cualquiera de los dos puede aflorar en todo momento. Nuestras dos italianas son así, como cualquier moto que se precie de serlo pero añadiendo una dosis extra de incertidumbre… ¿Será tan eficaz como dicen? ¿Será tan incómoda como parece? De entrada y una vez consigues subirte a estas motos con asientos de 880 mm hacia arriba, compruebas que cualquier parecido a una deportiva es pura coincidencia. Los tiros van más hacia la vertiente «off road», por lo que aquello que hablábamos del supermotard cobra sentido. Han pasado ya bastantes años de la historia que me viene a la mente, pero todavía recuerdo a Kenny Noyes entrando de lado con una KTM Supermoto en las fotos de la Superprueba de esta austríaca, la primera de carburadores, rodando en un circuito de supermotard. Lejos de hacer lo mismo que él, le pasé «los trastos» para marcarse unas derrapadas de escándalo. Después paró a mi lado, se quitó el casco y me dijo algo así como «Luigi, esta moto es una pasada, pero a mí no me la cambies por la CRF adaptada con la que entreno. Con ella sí que puedes cruzar a saco sin pensar en un desastre inminente…». Lógico Kenny. Además, luego pude acercarte a casa y no te quejaste nada desde el asiento de atrás. A fin de cuentas, era una moto normal. La lógica conclusión es que, efectivamente, se trata de motos deportivas de manillar alto y clara inspiración supermotard, pero, amigo, «zapatero a tus zapatos». Manolo Villaseñor, mi compañero de sesión de fotos en esta ocasión, coincide conmigo en valorar estas motos como auténticos juguetes para mayores, pero siempre teniendo la cabeza bien fría porque calentarse con cualquiera de estas dos deportivas es tan fácil que la serenidad debería imperar, en según qué momentos. Si uno de ellos es la circulación entre calles, atención porque debes tener muy presente dos detalles: el primero es que la dirección de ambas gira muy poco, especialmente la de la MV Agusta, y el segundo es que sus manillares, anchos y más bien planos, sobresalen lo suficiente como para que toques con toda la hilera de retrovisores que te encuentres a tu paso.

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En este caso la Rivale es una gran «campeona», ya que la disposición de sus espejos consigue ensanchar, todavía más, la línea del manillar. La idea es interesante y limpia las curvas de la moto al evitar el par de varillas que los sujetan, pero la anchura total es tan exagerada que acabas por plegar, al menos, uno de los dos circulando en vías urbanas. Ahora bien, si me das a elegir entre éstos y los de la Hypermotard, con los ojos cerrados me quedo con los de la MV; al menos con ellos veo con claridad lo que sucede a mis espaldas, porque con los de la Ducati solo verás el vehículo que pretende adelantarte cuando ya haya iniciado la maniobra, no antes. Si deseas ampliar más el campo de visión solo te queda hacer lo que en cualquier otra deportiva «compacta», que no es otra cosa que retirar el brazo. Asunto resuelto… aunque sea así.

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p> La posición erguida a los mandos les permite a ambas ser usadas a diario, pese a los inconvenientes que te acabo de mencionar. De todos modos, ello no implica que el buen trabajo de las suspensiones mitigue el efecto de los puñeteros baches, aquellos que nunca se arreglan y que sufres día a día mientras piensas en qué se emplean los impuestos. Así que aquí tenemos otro punto a su favor, al que tienes que sumarle una excelente frenada, más directa y contundente en el caso de la Rivale y algo más progresiva en la Hypermotard. Lo que tampoco consigue esta Ducati es un funcionamiento dulce en frío, sobre todo en el caso del embrague: además de ofrecer muy poco recorrido, salta con demasiada facilidad durante los primeros metros. El mando sí aporta más suavidad que en la MV Agusta, ligeramente más duro, pero me quedo con éste, cuya progresividad y tacto distan de la discreción ofrecida por el rendimiento de la Ducati. Al menos, el cambio de ésta ofrece menos recorrido, lo que tampoco es una ventaja que le sitúe muy por delante del más lento de la Rivale, cuyo sistema asistido se muestra algo rudo tanto a medio como aalto régimen… que es lo que nos espera una vez salgamos del ambiente urbano en el que nos estamos moviendo, algo encorsetados, hasta ahora.

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En busca de presa

Pocas veces me oirás hablar de picarme con otro piloto mientras trabajo; tampoco con cualquiera de mis clásicas en mis contados ratos libres, pero a veces el mero hecho de tener una referencia en el punto de mira te ayuda a disfrutar un poco más del aparato que tienes entre manos. Y sí, éste ha sido uno de esos casos en los que resultaba inevitable picarte, pero conmigo mismo teniendo como referencia cada una de las curvas que me deparaba el trazado.Una vez superada la primera impresión al subirme a estas dos peculiares deportivas, con la sensación de no saber muy bien qué postura adoptar sobre ellas en tramos revirados, lo siguiente ha sido dar rienda suelta a la imaginación. La Rivale te sitúa cargando más peso sobre la rueda delantera. Parece que vas a los mandos de una enduro, pero en realidad con el paso de los kilómetros encuentras su razón de ser. El tricilíndrico italiano es tan bestia arriba que o cargas peso sobre el tren anterior o haces lo que Manolo Villaseñor saliendo de cada curva: levantar la rueda sin siquiera buscarlo. Con la Ducati no sucede tanto así porque, entre otros detalles, dispones de 20 CV menos, «palabra de Dynojet». Lo que hemos obtenido en nuestro banco es lo que se refleja sobre el asfalto, donde la Rivale solo tiene que abrir un cuarto el gas electrónico de tacto mejorado con respecto a otras MV, pero todavía algo «tardón», para dejar unos preciados metros atrás a la Hypermotard. El tricilíndrico suena como si los ángeles estuvieran tocando música celestial en el órgano de la iglesia, pero tampoco creas que la rumorosidad interna, esa que no se deja oír por la triple salida del silenciador sino entre tus piernas, es precisamente discreta. En realidad, «echa carreras» con el Testastretta de la Ducati, otro propulsor afinado con los años pero «hablador» como pocos aún en pleno siglo XXI. Aparte de ello, también resulta ser más escandaloso tanto al ralentí como en marcha. No necesitas pegar la oreja a la única salida de escape lateral para saber que es una Ducati. De lejos ya queda patente que va pasada de decibelios…

Entre las dos seguimos buscando más y más carreteras de curvas, que es donde realmente saben expresarse para demostrar que sí, efectivamente, son deportivas a más no poder. Entre otras peculiaridades de su conducción, llama la atención los pequeños movimientos provocados por un recorrido largo de suspensión en la Ducati en rápidos cambios de dirección; parece más «de campo» que la MV Agusta, pero la apuesta por una suspensión más blandita y larga sin duda redundará en un uso algo más polivalente que la más férrea, que no incómoda, Rivale. En cambio, la bicolor rueda más firme y segura tanto en pisada como en aplomo al girar, si bien debería compensarse su mayor distancia entre ejes con un peso reducido respecto a la Hypermotard. Lo cierto es que la MV es más agresiva y directa en todos los sentidos que la Ducati, que en su caso juega la baza de un motor más utilizable aunque un poco parco a bajo y medio régimen. Arriba no hay discusión posible. ¿Te ha gustado la interpretación de la moto deportiva de la mano de la Hypermotard y la Rivale? Trasero arriba, asiento lejos del suelo, manillar plano y ancho con el cuerpo cargando peso sobre el tren delantero. Todo ello aderezado con motores deportivos apoyados en frenos de calidad y suspensiones en línea con el uso al que están enfocadas. Y yo pensando que no me iba a divertir…

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Conclusión

Si me preguntaras qué elegiría, si una naked deportiva o una de estas dos «maxi supermotard», supongo que me decantaría por una naked simplemente porque soy de los que usan la moto todos los días y para cualquier tipo de desplazamiento, ya sea por trabajo, recados personales o simplemente para pasar un rato divertido y placentero perdido por cualquier carretera. La «vena polifacética» no la tiene muy desarrollada ninguna de estas dos italianas, aunque sí es cierto que la Ducati ofrece una posición a los mandos y un tacto de suspensiones más acorde con lo que entendemos como moto estándar. Por otra parte, también hay que valorar qué tipo de motor te hace hervir la sangre, si el bicilíndrico de ronco bramar o el tricilíndrico en línea con silenciador réplica de un órgano renacentista. El primero es más utilizable a bajo y medio régimen, mientras que arriba el segundo no deja lugar a dudas, además de ser más suave en cualquier zona de la curva. Más agresiva de postura, motor y frenos, la MV Agusta aporta una cucharadita extra de azúcar al cóctel de deportividad respecto a la Hypermotard, que prefiere ofrecer unos frenos más suaves, un motor menos puntiagudo y una posición algo más cabal que la Rivale. En ambos casos, sus componentes y las peculiaridades de conducción no te dejan indiferente. Te atrapan e incitan a no bajarte de la moto hasta que la reserva se encienda… demasiado pronto en el caso de la MV, por cierto. Sí, terminan por atraerte más de lo que pensabas y lejos de aborrecerlas, lo que consiguen es que te enganches a su forma de ver el mundo sport ofreciéndote el elixir de la eterna juventud. No prejuzgues y disfruta.

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