Comparativa Custom Dragsters: Harley-Davidson, Triumph y Victory

Harley-Davidson Fat Bob, Triumph Thunderbird Storm y Victory Judge. A quienes se refieren a ellas como custom dragster, matizar que: mucho de lo primero y prácticamente nada de lo segundo.

Andrés G. Dorado. Fotos: Juan Sanz. Colaboran: Victor Gancedo y Sergio Romero. -
Comparativa Custom Dragsters: Harley-Davidson, Triumph y Victory
Comparativa Custom Dragsters: Harley-Davidson, Triumph y Victory

El «universo» custom cada vez está más diversificado. Las denominadas custom dragsters -o también drag custom- tienen cada vez más cabida dentro de él, aunque tradicionalmente ha sido un coto reservado a artesanos preparadores que se inspiran en la estética de este tipo de motos, dedicadas exclusivamente a carreras de aceleración, para dar rienda suelta a su creatividad. Pero parece que el estilo dragster han trascendido también a las motos comerciales, las principales marcas ya caracterizan a algunos de sus modelos con rasgos «drag» y las tres motos que enfrentamos en esta comparativa son un buen ejemplo de ello, aunque cada una lo interpreta de una forma muy personal sin dejar de lado su caracter eminentemente cruiser.

La reciente comercialización en nuestro país de la Victory Judge, novedad 2013 de la firma americana, nos ha «obligado» a tener que buscar dos rivales que estuvieran a la altura, la Triumph Thunderbird Storm y la Harley-Davidson Fat Bob. Para esta nueva Victory se ha trabajado sobre la base de sus hermanas también cruiser Hammer y Vegas, hereda lógicamente el bicilíndrico en V de 1.731 cc. En esta Judge se ha querido dar un aire más deportivo pero manteniendo el robusto aspecto general de la moto plagada de detalles «marca de la casa» como el diseño de las llantas, el depósito y el faro o el asiento a dos alturas. 

Por su parte, en la inglesa, el apellido Storm le ha supuesto además de un aumento de cilindrada, que llega hasta los 1.699 cc, una nueva presencia en riguroso negro mate rematada con un doble faro muy característico y un manillar denominado «drag-bar». Muy del estilo es el manillar de la Fat Bob, una de las Harley más populares a pesar de que lleve tiempo sin recibir cambios, de hecho equipa el motor Twin Cam de 96 pulgadas que pronto será sustituido por el más moderno y potente 103. Los grandes neumáticos sobre llantas de 16’’ son uno de los rasgos que definen a esta Dyna del resto de sus parientes.

No son para el verano. Las bicicletas si, las custom no. En pleno mes de julio y en unos días en los que el termómetro no baja de 25 grados ni por la noche, no son las motos más adecuadas para usar, sobre todo en ciudad con las constantes paradas. En este aspecto es la Fat Bob la que más calor desprende, mucho más por el lado derecho. En carretera, y a poder ser una zona de elevada altitud, además de sobrellevar mejor el calor es donde podemos sacar el mejor partido a nuestras protagonistas en las que nada más subirnos podemos apreciar diferencias en cuanto a la postura de conducción.

Para mi gusto la más cómoda, con diferencia, es la Storm, la postura es totalmente natural y no fatiga ninguna extremidad con el paso de los kilómetros. El asiento recibe muy bien al conductor y de forma aceptable al pasajero. En la Judge nuestras posaderas encontrarán confort y un mullido muy acertado, pero la forma del manillar obliga a echarte ligeramente hacia delante, en cambio los estribos no están demasiado adelantados, lo que te hace llevar las piernas flexionadas. Muy en esa línea está el manillar de la Fat Bob solo que en ésta el cuerpo queda erguido, el asiento es igualmente cómodo pero los estribos tan adelantados, incluso por delante del motor, hacen estirar casi completamente las piernas. Esto no supone un problema hasta que alcanzas cierta velocidad, ya que hay que hacer fuerza para que el pie no se despegue del estribo. Una de las ventajas de llevarlos tan altos es que no rozan al tumbar en las curvas, algo que sí ocurre tanto en la Storm como en la Judge.

Que no te eche para atrás su aspecto demoledor, tampoco su tamaño y peso; y menos aún sus enormes bicilíndricos cercanos a los dos litros. Son «perros ladradores» pero no muerden, me explico, el sonido -cada una en un todo diferente- puede intimidar pero sobre el asfalto son motos que, teniendo unas mínimas precauciones con las medidas y controlado el peso, se llevan con relativa facilidad. Los tres asientos están lo suficientemente cerca del suelo como para que cualquiera pueda llegar al suelo sin problemas y el centro de gravedad lo tienen muy bajo.

Ninguno de los motores sobrepasa los 100 CV, eso sí, las cifras de par que manejan son como para tenerlas en cuenta. En marcha es el motor de la inglesa el que más empuja desde cualquier régimen, se siente muy lleno y es capaz de mover sus 341 kilos -es la más pesada de las tres- como si esa cifra fuera la mitad. El tacto es bueno tanto al abrir gas como en las reducciones, así como el del cambio, además no se aprecian muchas vibraciones a alto régimen. Victory mantiene en la Judge la calidad a la que nos tiene acostumbrados con su ya conocido V-Twin y su ronco sonido que aumenta de gravedad a medida que sube de vueltas. En iguales circunstancias se queda un poco por detrás de la Storm en cuanto a aceleración y recuperaciones, pero sólo un poco. El accionamiento del cambio es algo rudo y ruidoso, pero no es algo que pueda considerarse como malo en este tipo de motos. Algo más discreta en cuanto a prestaciones está la Fat Bob, por otro lado es la que menos consume. Es claramente las más perezosa en aceleración, algo que es perceptible sobre todo a alto régimen, aunque el tacto es bueno y agradable, 100% Harley.

Hemos quedado que hay que estar en movimiento para evitar el calor, dicho y hecho, qué mejor que un puerto de montaña para intentar poner en apuros a estas «drag cruiser». Sorprendentemente es la Triumph la que mejor se desenvuelve en carreteras sinuosas a pesar de su peso y de ser la única que monta llanta de 19 pulgadas delante, en las demás es de 16. Es relativamente ágil en los cambios de dirección que efectúa con total aplomo. Tienes que estar muy pendiente de las brutales inercias que desarrolla, para ello dispone de un buen equipo de frenos y ABS, que se ofrece como opción. El tren delantero de la Harley se muestra algo impreciso, en curvas lentas no supone ningún problema, pero en las rápidas se mueve mucho, lo que te hace perder algo de confianza. Eso unido a su escasa agilidad a la hora de moverla en las enlazadas, le hace estar de nuevo a la cola del grupo. Una vez te acostumbres a la dureza de la maneta derecha te darás cuenta que frena más de lo que parece en un primer momento. El ABS viene de serie y funciona muy bien.

Por su parte, la Victory paga caro el tener un solo disco delantero, tiene muy buen tacto pero se queda escaso de potencia en frenadas bruscas, no queda otro remedio que ayudarse con el trasero pero sin pasarse porque bloquea enseguida. La Judge es la única que monta monoamortiguador con sistema progresivo y eso se nota y mucho en marcha, ya que no solo absorbe mucho mejor los baches sino que ofrece un mejor comportamiento dinámico a todos los niveles. También en curva, en donde hace gala de un efectivo tren delantero, solo peca de una larga distancia entre ejes. La hemos verificado y nos salen 1.670 mm, la más larga de la comparativa.

Con todo y con esto, creo que ha quedado más o menos claro que estas tres motos son algo más que un capricho. Perfectamente utilizables en cualquier ámbito, siempre teniendo en cuenta los límites lógicos que impone el segmento, demuestran unas cualidades deportivas que marcan la diferencia entre las de su especie. De la estética y los acabados poco se puede decir, son tres estilos diferentes cada uno con sus particularidades. Como suele pasar en estos casos, todo es muy bonito hasta que llegamos a los precios, sin duda uno de los mayores inconvenientes. Quizá es un buen momento para soltarse el pelo y tomar la decisión, además la subida del IVA está «a la vuelta de la esquina».

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