Harley-Davidson FXDF Fat Bob

La nueva zaga y profusión del negro de acuerdo a la tendencia «Dark Custom» de Harley-Davidson hacen de la Fat Bob una moto llamativa y espectacular. Se trata de un conjunto equilibrado, noble y accesible, de acuerdo a la filosofía de la familia Dyna a la que pertenece.
Óscar Pena / Fotos: Lluis Llurba -
Harley-Davidson FXDF Fat Bob
Harley-Davidson FXDF Fat Bob

Harley-Davidson remodela su Fat Bob en LA versión 2014. Son fundamentalmente cambios estéticos, que se suman a los técnicos introducidos el pasado año, cuando se sustituyó el motor Twin-Cam de 96”, 1.584 cc, y refrigeración por aire; por el de 103”, 1.690 cc y mismo sistema de refrigeración. Mantiene los anclajes al chasis a través de «silentbloocks» para mitigar los efectos de la ausencia de eje de equilibrado dentro del poderoso bicilíndrico en V a 45º, algo que le daba, y de hecho le sigue dando, un tacto especial e hipnotizante. Con todo, ahora se actualiza y mejora en diversos aspectos, sin perder en ningún momento el espíritu de un modelo con mucha tradición, aparecido por primera vez allá por 1979. No es de extrañar que tenga, en consecuencia, una larga trayectoria dentro de la marca de Milwaukee, se la trate con mucho cariño, y tenga una imagen «retro» muy «auténtica». En este sentido, destacan sin duda y casi por encima de cualquier otro componente, sus personalísimos faros dobles que recuerdan a las Harley-Davidson de 1929 y 1930. También le son propios, como miembro de la familia Dyna que es, la pareja de amortiguadores individuales, que para la ocasión cambian su decoración al entrar de lleno en la gama «Dark Custom». Y es que en la Fat Bob se sustituye el cromo por la pintura negra en multitud de componentes, siendo unas de las señas de identidad del nuevo modelo. El más destacado es el motor, al que siguen la tapa del filtro, los amortiguadores traseros ya comentados, el cerco de los faros, la tapa de la batería, y un largo etcétera. También llaman la atención las llantas de aluminio mecanizado de tipo «Slotter Disc», pintadas con polvo negro, que llevan el logo de Harley-Davidson grabado con láser y una banda decorativa en el borde. Y por supuesto el guardabarros trasero, más compacto y recortado, con un nuevo y espectacular grupo óptico trasero, con dos llamativos pilotos de LED. Los silenciadores recortados del escape tipo «Tommy Gun» 2-1-2 inciden también en el aspecto agresivo del conjunto, junto con un nuevo asiento de líneas más deportivas y ciertamente muy cómodo a la hora de rodar. Por otro lado, el conductor tiene ante sí un espectacular y masivo manillar que pareciera de tipo «dragbar», pero al cerrarse sobre las torretas recuerdan a un gran bumerang. También contempla una nueva consola con el contacto integrado, un velocímetro de 5” muy legible, y los nuevos gráficos minimalistas del depósito, que son un guiño a la naturaleza descarnada de esta moto. Sin abandonar el depósito de 19 litros de capacidad, las líneas diagonales del mismo hacen juego con su planta realmente agresiva, independientemente de la combinación cromática escogida por el cliente. Estas son, por cierto: «Sand Cammo Denim», como la que ilustra nuestra prueba, «Black Denim», «Amber Whiskey» y «Vivid Black» (en esta última decoración el precio de la moto es 250 euros más económico). En definitiva, la nueva Fat Bob es a la vista llamativa y espectacular. Y a sus mandos mucho más equilibrada, dinámica y confortable de lo que puedas imaginar...

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Interesante agilidad


Como miembro activo de la familia Dyna, con un chasis de tipo «backbone», la Fat Bob se encuentra teóricamente a caballo entre la deportividad y el confort de marcha. Siempre, claro, dentro de los cánones establecidos por la marca de Milwaukee. Técnicamente suma a su parte ciclo una horquilla con barras de 49 mm, el ya mencionado por dos ocasiones doble amortiguador trasero regulable en precarga de muelle, y dos discos delanteros con sistema ABS que ciertamente nos agrada por su buena dosificación y potencia de frenado. Más aún cuando lo asiste en las deceleraciones el gran disco sito en la rueda trasera, que en ciudad es además de lo más recomendable para «timonear» entre el tráfico.
Con todo, el trabajo de la parte ciclo es en conjunto sobresaliente. La moto no se descompone en carretera o autopista, pisando siempre firme y dejándose guiar con bastante facilidad (más aún pensando en los 320 kg de peso en orden de marcha). Esa buena combinación entre elasticidad, confort y rigidez controlada se complementa con unas suspensiones que se lo «tragan» todo, y elevan la sensación de comodidad y seguridad varios enteros. Trabajando al unísono con el ergonómico y bien mullido nuevo asiento, en ocasiones te ofrecen sensaciones tan agradables como las de «flotar» sobre la carretera, dominando con mano de hierro al resto de vehículos a través de tu estampa fuerte e  imponente. No hace falta ir buscando ningún límite para disfrutar a fondo de la nueva Fat Bob, más bien todo lo contrario, se trata de dejarse llevar por su fácil parte ciclo y poderoso propulsor a cualquier régimen, especialmente a medio y bajo rango. En caso contrario, salen a relucir sus lógicas limitaciones: escasa altura libre al suelo, cabeceo de la dirección en curvas muy rápidas, etc. Nada para lo que en realidad haya sido concebida y que percibes con antelación para evitar sustos.
En ciudad también responde con la solvencia que se espera de ella. Su peso queda contrarrestado por su escasa altura de asiento, amplio radio de giro de manillar, aplomo del tren delantero y agradable dosificación del embrague y el motor rodando a baja velocidad. Las medidas de los neumáticos, nada exageradas (130/90-16” y 180/70-16” delante y detrás respectivamente), también ayudan a esa impresión de manejabilidad, tanto en este como en otros ambientes. Ciertamente, por su gran longitud y porte, no esperas que sea tan solvente.
No obstante, y en buena lógica, hay algunos aspectos menos positivos que también hay que tener en cuenta. Detalles que toda vez conocidos no pasan de ser eso mismo: detalles. Por ejemplo, tienes que ser consciente de que no se te debe «escapar» el manillar al girarlo del todo, al estar un poco lejos del conductor; o que la pata de cabra se «esconde» debajo del motor y las tres primeras veces que la despliegas te cuesta un poco encontrarla. Luego lo haces sistemáticamente y sin pensarlo. Hay que tener también en cuenta que los estribos, muy adelantados, no están posicionados precisamente para tipos bajitos, aunque sean muy «duros». Con mis 170 cm de estatura voy justito para apoyar los pies con comodidad, así que adivino que con menor altura pueden llegar a suponer un verdadero «problema» para el conductor. Además, en mi caso, la tapa derecha de protección del motor va casi  siempre en constante contacto con la pierna, con lo que es conveniente andarse con cuidado para no quemarse, especialmente en épocas veraniegas en las que el motor alcanza muy altas temperaturas de funcionamiento.
Quitando esto, la Fat Bob es realmente muy dulce y agradable. Las levas de freno y embrague quedan a una distancia perfecta, los mandos son accesibles e intuitivos, y sin duda y, a pesar de la apariencia, es tan agradable tanto en ciudad como en carretera abierta.

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Twin Cam 103”

El alma de la nueva Fat Bob es un conocido Twin Cam 103” alimentado con inyección electrónica y refrigeración por aire. Ya fue montado el pasado año en el anterior modelo, sustituyendo al de 96” precedente, y ofrece un resultado excelente. El incremento de cilindrada se refleja en la potencia, entre siete y ocho CV extras, y en la mejora de la respuesta a bajas revoluciones, que es el rango donde sueles moverte a los mandos de esta motocicleta. Se caracteriza desde el punto de vista técnico por la ausencia de eje de equilibrado y por equipar una caja de cambios «Cruise drive» de seis velocidades.
En parado, al ralentí, impone, pues las palpitaciones se dejan sentir, incluso visualmente, por toda la moto (e incluimos horquilla, llantas, frenos, etc.). Tras engranar la primera velocidad escuchando un pronunciado «clonk» de su caja de cambios, y comenzar a rodar, estas palpitaciones empiezan a difuminarse, al punto de no molestar absolutamente nada. Y es que no se perciben de forma constante cierto tipo de vibraciones «parásitas» en asiento o estribos que terminan por incomodar bastante, como pueda ocurrir en otras motos de similar fisionomía. Nada más lejos de la realidad. Y es más, cuando el motor gira a gusto en torno a las 3.000 rpm y unos 120-130 km/h en sexta velocidad, se comporta de un modo tan «redondo» que desaparecen por completo. Es entonces cuando te envuelve, de nuevo, esa agradable sensación de rodar sobre una alfombra a lomos de la máquina más imponente de los alrededores.
Sin abandonar las excelencias del propulsor, el Twin-Cam nos convence en líneas generales en todos sus aspectos, y le sienta como un guante a la Fat Bob: por su suavidad a baja velocidad, por su empuje y rápida respuesta en medios a la hora de adelantar, o incluso por sus prestaciones máximas si las has de explorar en un momento puntual. En estos últimos casos el consumo puede dispararse ligeramente, algo normal dadas las características de la moto. No obstante, en un uso combinado arroja apenas 6,5 litros de gasto cada 100 km, y 4,5 litros a 100 km/h. No esta nada mal.
 Algo más criticable es la ruidosa caja de cambios, que ciertamente forma parte de la propia idiosincrasia del motor y es una de las señas de identidad de la marca, todo sea dicho. Así las cosas, la Fat Bob goza de un alto nivel de «exclusividad». Y es que es imponente, está exquisitamente rematada y se comporta realmente bien... Solo hacen falta 18.500 € para tenerla en el garaje.

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