Clásica: Yamaha YZ 125 1980

A principios de los 80, las japonesas de cross imponían su ley en el mundo, pero en España no estaban a la venta y nos teníamos que conformar con verlas en las revistas.
Joan Carles Orengo -
Clásica: Yamaha YZ 125 1980
Clásica: Yamaha YZ 125 1980

En esta época de los ochenta, Honda, Suzuki y Yamaha ya atesoraban varios títulos mundiales de motocross y en las vallas de salida de los circuitos de todo el mundo no resultaba extraña la presencia mayoritaria de las motos niponas. Monturas que, además, se imponían en el mercado especialmente por una relación calidad/precio prácticamente imposible de asumir por las marcas europeas que aún resistían el envite, como KTM, Husqvarna o Maico.

 

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Pero su triunfo no estaba basado tan solo en su atractivo económico. Su aporte tecnológico era también indudable y quizás Yamaha fuera la marca a la que se le pueda adjudicar el protagonismo de la mayor revolución a nivel técnico en toda la historia de la especialidad: la introducción en 1975 de la suspensión trasera monoamortiguador, bautizada por la propia marca como «Motocross» y conocida popularmente como «Cantilever».

El rendimiento de las suspensiones traseras en las motos «off road» mejoró de forma radical, otorgándole a Yamaha una ventaja decisiva en este aspecto, no siendo adoptada por el resto de fabricantes hasta más adelante.

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Evolución

En 1980, año al que corresponde la YZ 125 de la que hablamos, la moto de Iwata seguía adoptando de forma exclusiva este tipo de suspensión. Precisamente en este modelo recibía su primera gran evolución, al estar ubicado más bajo, por encima de la barra superior del chasis y no escondido tras una «envoltura» de chapa de acero integrada dentro del propio bastidor –se ganó ligereza a la vez que se bajó el centro de gravedad-.

El elemento amortiguador era también de nueva factura, un De Carbon con depósito de gas separado, anclado por su parte inferior a la triangulación superior del basculante en aluminio. El chasis era mucho más convencional, un monocuna en tubo de acero, desdoblado por debajo del propulsor.

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Era todavía época de motores refrigerados por aire y frenos de tambor, pero esta YZ incorporaba un nuevo propulsor en relación a su predecesora, un caballo más potente. Destacaba en las comparativas de la época como el más poderoso de su categoría, aunque su carácter demasiado puntiagudo (11.000 rpm) le perjudicaba a la hora de aprovechar toda esta caballería.

También cambio y escape eran de nueva factura y todo el conjunto resultaba tres kilos más ligero, configurando todo ello una de las motos más competitivas y atractivas de la categoría de los 125 c.c., además de la más ligera de su clase, con tan solo 93 kilos reales de peso en vacío.

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Las Yamaha tardarían aún algunos años en llegar de forma regular a nuestro país, aunque en 1982 el malogrado Fernando Muñoz lograría el primer título nacional para la marca japonesa, en la categoría de 500 c.c. Pero no sería hasta pasada la mitad de la década de los ’80 que Yamaha Motor España (entonces denominada SEMSA) iniciase la importación regular de estos modelos YZ de cross.

La eficacia del sistema monocross trasero contrastaba con el flojo comportamiento de la horquilla delantera, firmada por la propia Yamaha. En esta versión ’80 el monoamortiguador De Carbon recibía una ubicación completamente nueva, anclado a un basculante en aluminio. El recorrido de la amortiguación en ambos ejes era de 300 mm., el más largo entonces de su categoría.

El motor tenía un corte mucho más clásico: un compacto 2T refrigerado por aire, alimentado por un carburador Mikuni de 32 mm. y admisión por láminas. Eso sí, figuraba entre los más potentes de su clase. El acceso al filtro de aire era muy rápido, aflojando una simple palometa.

Esta versión de 1980 de la Yamaha YZ 125 fue la última de la saga en conservar la refrigeración por aire en su motor. Un año después incorporaba el sistema líquido.

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