Clásica: Montesa Enduro 75/125 H6 1979

En 1979 Montesa sorprende renovando su gama de motos de enduro de 75 y 125 c.c., pasando a denominarlas H6. De esta forma las equiparaba con sus hermanas mayores, lo que suponía una evolución radical con respecto a sus antecesoras, las enduro 75/125 l.
T.F.C. / J.C.O. Fotos: Orengo -
Clásica: Montesa Enduro 75/125 H6 1979
Clásica: Montesa Enduro 75/125 H6 1979

Con la década de los ochenta a la vuelta de la esquina y la competencia ofreciendo unas motos cada vez más vanguardistas, Montesa era consciente de que tenía que ofrecer una moto más atractiva para los más jóvenes, que les recordara a la moto campeona y de moda del momento: la Enduro 360 H6 del invencible Carlos Mas, ídolo del todo terreno nacional en aquellos días. De esta manera nacería la Enduro 75/125 H6, una montura que rompía con lo visto hasta el momento en las enduro de pequeña cilindrada de la firma de Esplugues.

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En la nueva Enduro 75/125 H6 todo era nuevo, buscándose, además de una estética más actualizada, una mayor efectividad en el ámbito del todo terreno, algo que empezaba por un nuevo bastidor de doble cuna en tubos de acero de mayor diámetro que en la Enduro L y pintado en color rojo. En el apartado de las suspensiones encontramos una horquilla Betor/Montesa con mayor recorrido y unos amortiguadores Telesco Hydrobag. Las llantas pasaban a ser de medidas estándar de enduro, 21” la delantera y 18” la trasera, equipando neumáticos Pirelli, 2,75 x 21 y 3,50 x 18 (de 17” en la 125 c.c.). El motor continuaba con una relación bien escalonada de seis marchas y un cilindro con una nueva distribución para recibir el escape, ahora de tipo bufanda, con lo que la moto se convertía en un autentico y bondadoso tractor en su conducción. La carburación se confiaba a un Bing de 28 mm, provisto de estárter y el encendido era electrónico Motoplat, completándose el conjunto con una nueva caja de filtro, mucho más voluminosa.

La carrocería era lo que llamaba más la atención de la moto, con un depósito tipo jumbo heredado de  las Cappra VF, con capacidad de 9,1 litros, y un asiento muy similar al de las 360, desmontable con los conocidos tirantes elásticos que facilitaban mucho la accesibilidad mecánica. La placa portafaro era idéntica a la de la 360 H6 y los guardabarros estaban bien estudiados, siendo más envolventes para proteger mejor al piloto de las salpicaduras del barro. Las placas portanúmeros laterales aumentaban de tamaño para acoger los consiguientes dorsales, dando la del lado izquierdo un acceso rápido al filtro de aire, mientras que los frenos continuaban siendo los clásicos tambores Montesa de 110 m.m., aunque en posteriores versiones aumentarían de tamaño para una mayor eficacia. Otro detalle interesante era la cadena de transmisión completamente protegida, al estilo de la de las Cota de trial.

Entres las versiones de 75 y 125 las diferencias eran mínimas, reconociéndose a la vista tan solo por el adhesivo que distinguía la cilindrada y por el diámetro de la rueda trasera, que en la 125 era de 17", con un neumático Pirelli Pentacross de 4.50. Esta H6 no sería el último modelo de la saga dedicado a los más jóvenes, puesto que Montesa lanzaría dos evoluciones más, acabando la serie a mediados de los ochenta con la H7

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