Comparativa scooter 400: Suzuki Burgman, SYM Maxsym y Yamaha X-Max

¿Son los scooter de 400 los más equilibrados? Probamos los tres más populares: el Suzuki Burgman 400 ABS, SYM Maxsym 400 ABS y Yamaha X-Max 400 ABS.
Josep Armengol Fotos: Jaime De Diego Colaboran: Luis López, Marcos Blanco y Keko Ochoa -
Comparativa scooter 400: Suzuki Burgman, SYM Maxsym y Yamaha X-Max
Comparativa scooter 400: Suzuki Burgman, SYM Maxsym y Yamaha X-Max

Quizás te sean familiares las preguntas: ¿qué scooter me compro? ¿Será suficiente para mí un 250? ¿Se me quedará corto un 125? ¿No son muy caros los 500-600? A mí me sucede con frecuencia, ya sea porque me lo preguntan directamente, o a través de la revista. Las respuestas a esas preguntas no son fijas y dependen de cada persona, de cada lugar, de cada rutina. No tiene nada que ver, por ejemplo, un uso de fin de semana con quien usa el scooter en días laborables y a horas punta, cuando el ritmo del tráfico es muy bajo y las prestaciones de un 125 son suficientes. Pero si hablamos en general, está claro que hacer casi 100 kilómetros al día por vías rápidas no es lo más recomendable para un 125, y para este uso incluso un 250 ó 300 pueden quedarse cortos cuando te toca circular en horas de tráfico fluido, o sencillamente si tienes prisa y no estás de humor para respetar los límites legales. ¿Necesitamos un bicilíndrico? Bueno, los 500-600-650 con estos motores son los scooter más rápidos y desde luego me costaría conformarme con menos, pero sus precios se disparan. Aquí es donde entran en juego los motores de un cilindro pero mayor cilindrada, y los «400» son los más equilibrados. El tema del precio es clave así que déjame insistir, porque mientras que entre un 250 y un 400 hay relativamente poca diferencia, el salto a los 500/650 es enorme. En Yamaha lo ves fácil, porque del X-Max 250 al 400 van poco más de mil euros, y el salto al T-Max es del ¡100 por cien! En SYM, del Joymax 300 al Maxsym hay apenas mil euros... Y no creas que la diferencia en prestaciones es tan grande, porque con estos 400 ya alcanzas los 150 km/h reales.

Burgman

Cuando te subes al Burgman tienes una clara sensación de «deja vu», no en vano es un modelo original de ¡2007! Es más, en aquel año Suzuki lo renovó mucho pero dejó una de las claves de su éxito prácticamente intacta: la posición de pilotaje, con un asiento muy bajo y una plataforma que permite apoyar los pies con firmeza en el suelo incluso a personas de muy baja estatura. Para ellos (¡y ellas!) esto es ideal y explica un buen número de ventas, por la sencilla razón de que muchas personas «prueban» las motos en las tiendas, sentándose sobre ellas en parado, y si en esa tesitura notas la seguridad que da poder plantar ambos pies en el suelo… éxito.

Como digo, pues, al subirte al Burgman vuelves a un espacio conocido, con una posición sentado bajito pero sin perder libertad de movimientos ya que puedes poner los pies en plano o adelantados. La pantalla y el escudo protegen bien y solo te queda esa sensación de que llevas muchos años probando una moto «igual», pero nada de lo que ves (cuadro) o tocas (mandos) está anticuado, porque sigue siendo actual. No puedes dejar de sorprenderte por la cantidad de huecos y guanteras que Suzuki pone a tu disposición. La envidia de los demás fabricantes. Tienes dos guanteras superiores delante, de fácil apertura, muy bien pensadas para cosas que necesites tener a mano (gafas de sol, tarjeta o mando de aparcamiento...) Tienes una amplia guantera también delante, con capacidad superior a muchos huecos «de casco» de otros scooter, y con una cerradura digna de tal nombre: ahí guardaría yo pantalones de agua, la documentación, un antipinchazos… ¡se me acaban las ideas y todavía cabe más! Y, «last but not least», está el hueco bajo el asiento: un espacioso maletero donde caben dos integrales (de cualquier talla o forma y sin tener que mirar cómo los orientas para que quepan) y sobra espacio. Un maletero en el que cabe, sí, una maleta. O un maletín y una chaqueta. O el portátil y la bolsa de deporte y el casco de tu pareja. O un saco de comida de gatos de 10 kilos. O… casi que la imaginación es el único límite. Por qué después de todos estos años ningún rival ha conseguido fabricar un scooter con un hueco tan grande es algo que escapa a mi entendimiento, pero así es, y es justo reconocerle a Suzuki su mérito.

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El frontal usa unas ópticas de buen tamaño dotadas de potentes lámparas halógenas delante y, aunque solo luce una en «cortas», la otra lleva una bombilla H4 de doble filamento… es decir que cualquiera un poco manitas sabrá cómo activarla para llevar dos luces normalmente para mejorar la visibilidad y con ello la seguridad. Por lo demás, llama un poco la atención el tono azulado de las luces de posición, que es la novedad 2014 del Burgman junto con una banda roja en las llantas. Ya en marcha, lo que llama la atención del aparentemente tranquilo Burgman es el propulsor tan agresivo que tiene. Cuando te decides a abrir gas con ganas, una vez caliente (cosa que ocurre rápidamente como buen motor de moderno cuño aunque veteranos genes), verás cómo sube de rápido la aguja del cuentavueltas, y cómo se acerca, y se mete, en zona roja en vías rápidas a poco que insistas. ¿Por qué? El caso es que muchos usuarios lo usaban en tráfico urbano o/y acompañados, y el embrague se resentía: primero Suzuki acortó ligeramente el desarrollo, luego reforzaron el embrague y mejoraron su ventilación, y más tarde adaptaron el variador de forma más agresiva… El resultado, el Burgman 400 actual, es un scooter con una puesta a punto digamos «de carreras».

A cambio, las aceleraciones son rápidas, la respuesta al gas inmediata, y las prestaciones muy buenas… e incluso así el motor no gasta demasiado; en torno a 4,5 litros a los 100 km. La estabilidad del Burgman no tiene pegas y puedes pasar a fondo (150 km/h reales) bien inclinado sobre juntas de dilatación sin miedo ni movimientos raros, y su (única) suspensión trasera progresiva te tratará con mimo además de con precisión. La horquilla tiene tacto y dureza adecuados, salvo si le buscas las cosquillas pilotando muy alegre y frenando con brusquedad. Ahí llega cerca de su tope y pierde algo la compostura aunque sigues contando con buen tacto de lo que pisa el neumático delantero y, sobre todo, el ABS (rápido y eficaz) te avisará si estás llegando más allá del límite. Por cierto que en pilotaje rápido hay que aplicarse mucho para llegar a rozar en curvas, cosa que –no nos olvidemos– es un positivo factor de seguridad en este tipo de vehículos, a diferencia de en una moto, aquí no roza el avisador de una estribera sino algo fijo. En uso urbano la rápida geometría delantera ayuda a pasar entre coches o esquivar baches en pena trazada entre calles, y el bajo asiento permite que cualquiera se sienta «valiente» a sus mandos. Unas cosas con otras y dentro de esta categoría del término medio, la verdad es que el veterano Burgman aguanta muy bien el tipo: suave, cómodo, capaz… Es el más ¡equilibrado!

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Maxsym

Si te bajas del impecable Yamaha o del bien acabado Suzuki, la primera impresión al tomar los mandos del SYM no es tan buena: no hay nada aparentemente fuera de sitio o mal ajustado y está bien hecho pero… no tanto como los japoneses. Cuenta con dos guanteras delanteras (la izquierda con tomas de corriente muy prácticas), y el cuadro es tan completo como los demás aunque la información extra en la pantalla digital es discutible: yo prefiero el consumo a la fecha, por ejemplo, el voltaje al dar el contacto a mí sí me gusta verlo pero quizás no haya muchos más «enfermos» que coleccionen cargadores de baterías como yo por el mundo… y saber cuántos kilómetros llevas en reserva es un dato que puede ahorrarte algún peligroso paseo garrafa en mano por el arcén.

A ver… ¿Quizá te estoy dando de entrada la impresión que no me gusta el Maxsym? ¡Pues te equivocas! El modelo taiwanés ha sido la revelación de esta comparativa: muy cómodo, suave y rápido. Claramente han refinado la transmisión, y quizás mejorado anclajes de motor y algún otro detalle, pero a bordo del SYM ahora sientes una suavidad de marcha más cercana a la de los scooter bicilíndricos de un nivel superior. El motor se siente poderoso en el sentido de contar con buen empuje, no sube de vueltas de forma rabiosa como el Suzuki (porque el variador no le deja y aprovecha su par de otra forma) pero al final las cifras de aceleración y velocidad punta son casi idénticas, cuando no mejores, y eso que éste pesa unos 5 kilos más. El peso se nota mucho al moverlo en parado o al maniobrar en tráfico denso. Es imposible seguir el ritmo del Burgman si la cosa se pone fea, y aunque el asiento es bajo no lo es tanto como el del Suzuki y pilotos de talla baja se sentirán menos «valientes», como decía antes, para meterse en líos… Desde luego en ciudad uno se mueve cómodo en el SYM, pero mejor si se va sin prisas. Y si las prisas te las buscas porque te gusta conducir alegre, tampoco es la mejor elección: el peso se nota, la dirección es menos rápida porque está pensado para vías rápidas, al revolucionarse menos el motor tienes más retardo al cerrar gas y volver a abrir… Los frenos tienen buen tacto y el ABS entra solo en caso necesario, y además las manetas son regulables, algo que por lo visto es un lujo porque es el único de los tres con esta dotación, cuando para mí es un elemento de seguridad básico.
 

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No es el único lujo con el que cuentas en el SYM: ya he comentado lo suave que se siente en todo momento (salvo al arrancar, cuando la trepidación del «mono» es más evidente), la posición de pilotaje permite llevar los pies en el suelo o adelantados sin problema (salvo que midas más de 1’85m o quizás 1’90m en cuyo caso tal vez tropiecen tus rodillas con el escudo) y es de las más cómodas que recuerdo. El escudo desvía muy bien el aire, la pantalla es literalmente perfecta porque desvía el aire pero no es exagerada (no provoca turbulencias ni es una «vela» afectada por viento lateral). Quizás, debido al ancho túnel central, los pies sobresalgan algo si los pones adelantados y puede entrar aire por el pantalón, algo que me recuerda al Burgman 650… lo cierto es que la suavidad de marcha y la posición del SYM recuerdan mucho a las del gran Burgman (¡es un piropo!)… además el grupo óptico trasero es casi idéntico al del nuevo Suzuki, y por cierto éste fue primero… ¡curioso! Cuando abres el asiento (con doble cierre digno de tal nombre y luz interior de cortesía) encuentras un buen hueco, pero no, no como el de los Suzuki, aunque conseguirás meter dos cascos si insistes. El asiento tiene un respaldo que solo si eres alto o muy alto puede quedarte algo justo. Lástima que no sea ajustable y no puedas quitarlo sin dejar unos agujeros a la vista. Si no eres muy alto te resultará muy cómodo, ojo, que nadie me malinterprete. Si hemos visto que los atascos o la conducción deportiva no son el terreno favorito del SYM, es justo decir que donde manda es en carretera abierta. Sin ninguna duda es el más cómodo para viajar o para desplazamientos largos, si eres de los que vive fuera y trabaja en el centro, o si los fines de semana te gusta descubrir rutas, solo o acompañado, porque también es el que mejor trata al pasajero (aunque el Burgman no se queda lejos, incluso algunos lo preferirán). Y a largo plazo, tranquilo, ya hicimos más de 15.000 km con uno de los primeros y cero problemas.

Como ves, según el uso puede que el Maxsym corresponda a tu ideal de scooter «equilibrado», y por ejemplo en mi caso encaja muy bien y lo he disfrutado mucho mientras lo hemos tenido para esta prueba:  «no lo sueltas» me decía alguno… Si te encaja estás de enhorabuena porque es el más barato claramente, bien por debajo del «millón» (de pesetas) con ABS.

 

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X-Max

Es el más nuevo. Este scooter fue una sorpresa que nos dio Yamaha el año pasado por estas fechas, cuando muchos esperábamos un nuevo X-Max… pero no un 400 sino un 300 (la cilindrada de moda) derivado del 250. En lugar de desarrollar un motor nuevo, Yamaha prefirió echar mano de un motor probado (el del Majesty 400) y hacer una moto nueva, porque debe quedar claro que éste no es un X-Max 250 con motor de Majesty 400, para nada: chasis distinto (con cotas del Majesty casi clavadas), ruedas y suspensiones diferentes, otros frenos, carrocería distinta… lo dicho, una moto nueva.

Seguramente lo habrás leído ya alguna otra vez, pero Yamaha está fabricando con mucha calidad últimamente y este X-Max no es una excepción. Abre el asiento, verás qué suave va la cerradura, levántalo, siente la calidad de lo que tocas, ahora déjalo caer suavemente y verás cómo suena al cerrarse… como la puerta de un coche «bueno». Y así en casi cada rincón o detalle de acabado. Es curioso que este X-Max se ha pensado como un scooter de precio ajustado. De hecho el precio final me parece barato, y por ejemplo no lleva «lujos» como las manetas regulables, el freno de mano (que sí llevan Suzuki y SYM) o un cuadro que parezca un ordenador de a bordo (solo lleva la información necesaria), pero lo que tiene está muy bien hecho. Ahora, como sabes que no quiero esconderte nada, te diré directamente las tres cosas que no me gustan de este scooter: dos relacionadas con la parte trasera, y la otra con sus luces, pues lleva dos ópticas bastante compactas y que nunca encienden a la vez, pues una funciona en carretera y la otra con «largas»; ya sabes qué importante me parece para tu seguridad que te vea el resto del tráfico. Lo de la parte trasera es de un lado estético, pues el grupo propulsor (y en particular el escape) del Majesty 400 ya quedan «gordos» en ese scooter, imagina cuando ves el esbelto X-Max por detrás, y de otro lado es técnico, ya que la suspensión con dos amortiguadores no me parece muy bien adaptada al peso de este scooter y es demasiado incómoda (dura).

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Basta ver su aspecto agresivo y subirte para apreciar la posición de pilotaje mucho más «de piloto», echado hacia la rueda delantera, para sospechar que estás ante un scooter de estilo muy diferente al del Burgman o el Maxsym. Y acertarás si piensas así. El Yamaha se pilota más que se conduce, y aunque no tenga el rugiente motor del T-Max se nota que tiene los genes de las motos de Lorenzo o Rossi… En marcha se nota mucho más nervioso, más ágil, con tacto de la rueda delantera casi de moto (sus 15” de diámetro ayudan lógicamente), también más preciso, y los frenos aunque no lleva pinzas monobloque ni radiales muerden con fuerza… parece que hablo de una moto incluso deportiva ¿verdad? Pues así es como te sientes a los mandos del X-Max, solo que no te mojas los pies si llueve, llevas la mochila debajo del asiento y la mano izquierda sirve para modular el freno trasero y no para jugar con el embrague. ¿Un comportamiento perfecto? No, la suspensión trasera afecta demasiado a la trazada cuando vas deprisa por terreno irregular (te descoloca mucho) y los neumáticos de serie me parecen demasiado agresivos para como está puesto a punto este scooter de geometrías, llegando a perder precisión de trazada y estabilidad cuando vas deprisa. En resumidas cuentas, el X-Max es lo que se dice una moto, perdón scooter, muy ágil pero algo nervioso. Además el caballete llega a rozar cuando aún está lejos del límite de los neumáticos. Cuidado con esto.

El motor es bueno y empuja con ganas pero lo hace más al estilo del SYM que del Burgman, es decir, lejos de la zona roja del cuentavueltas, y apenas transmite vibraciones al piloto, salvo cuando arrancas, como hemos comentado en los otros, pero así es un motor de un cilindro hasta que pasa de tres o cuatro mil vueltas. Las prestaciones están al nivel de sus rivales también, y lo mismo ocurre con el consumo: ninguno de estos factores es definitivo a la hora de elegir. Como he dicho, el equipamiento es más justo en el Yamaha pero sí tiene sus guanteras y por supuesto un buen, mejor dicho muy buen, hueco bajo el asiento, más aprovechable que el del SYM pero no tanto como el del Burgman. Yo no me llevaría el X-Max de viaje, ni me iría de curvas con el SYM. El Burgman cumple un poco con todo, pero le pesa su precio (más alto que el de sus rivales incluso con ofertas) y le pesan un poco los años, aunque se puede decir que ha madurado bien, como un buen vino…  Creo que con lo que te he contado y en función del uso que pienses darle puedes elegir tu favorito entre los tres, y lo bueno es que seguro que no te equivocas con ninguno.
 

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Conclusión

En ciudad el SYM se siente menos ágil comparado con los otros, a los que damos la misma nota pero por motivos distintos: en el Burgman gracias a su (muy) bajo asiento y estrechez, se cuela donde sea, y en el X-Max por su manejable tren delantero y tacto inmediato (con un asiento más bajo sería de «diez»). Si «pilotamos», es decir en conducción alegre o deportiva, manda el Yamaha: es más preciso y tiene una posición mucho más deportiva, adelantada; solo le limita la distancia libre al suelo (roza bastante antes que sus rivales) así que cuidado con entradas bruscas en curva si no quieres sustos. En conducción más relajada, para ir de viaje, el SYM es un descubrimiento por su suavidad y correcta protección (sin ser demasiado sensible al viento) mientras en el otro extremo el X-Max se muestra menos amable por protección y suspensiones, lo que también afecta al pasajero, mucho mejor recibido en Maxsym y Burgman. La capacidad de carga de Burgman y X-Max es algo mejor que en el SYM, no tanto por volumen sino porque se puede aprovechar mejor, especialmente en el caso del Suzuki al ser del todo diáfano.

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