América en moto (IV): Descubriendo América

Feliz, muy feliz de llegar a mi destino. Siempre Latinoamérica me embruja y no puedo dejar de sonreír. Mi corazón se acelera cada vez que respiro ese aire lleno de diversos olores, humedad y calor. ¿Qué me habrá hecho ese continente para tenerme así de enamorado?
José Ángel Pais -
América en moto (IV): Descubriendo América
América en moto (IV): Descubriendo América

La gran sorpresa de esta etapa fue Colombia. En mi ruta de viaje no contaba con pasar por este país, por el temor de la inseguridad, pero un correo electrónico, del que ahora es un gran amigo, me hizo cambiar de opinión y ¡menos mal! Además de darme cuenta de que es un país más seguro de lo que pensaba, es un verdadera belleza.

Recorrido: 5.200 km

Tiempo empleado: 16 días

Ocho días en Bolovia y sólo había podido rodar uno, y cada vez la ruta me llevaba hacia peores lugares, directamente al ojo del huracán. En esta zona de la cordillera donde me encuentro, continuamente se sobrepasan los 4.000 m de altitud. La lluvia allí cuando cae se convierte en hielo y forma las famosas plazas que son el terror de los motoristas.

En esta parte del viaje, 18 bolivianos se han juntado para rodar conmigo durante esa jornada y acompañarme hasta Puno en Perú. Es extraño mirar los espejos retrovisores y verlos llenos de motos. ''Linda'' sonaba muy extraña, la altitud y la mala calidad de la gasolina la hacían dar explosiones continuamente...

Comenzamos la ruta: La Paz, el lago Titicaca y el cruce del lago por el estrecho de Tiquiña. Al otro lado, la ciudad de Copacabana. Casi son darnos cuenta, llegamos a la frontera con perú. El día fue pasando y la noche nos pilló en medio de la nada. Yunguro hasta Puno en plena noche. Al día siguiente, mis amigos seguían su ruta hacia Puno y yo continuaba hacia Arequipa para seguir al norte.

Ya en solitario decidí parar para dedicarle las últimas miradas a ese país que tanto quiero, Bolivia. Mis últimos pensamientos mis sonrisas, mis lágrimas y mi promesa de volver...

¿Aburrido el desierto?

En ''run run'' de nuestras motos hacía eco por las calles de la ciudad de Arequipa. Decenas y decenas de kilómetros. Rodo bien, demasiado bien para ser cierto. De pronto en una bajada, veo a lo lejos una neblina tan densa que casi se podía tocar. Los cortes de la carretera nos guiaban. Mucha soledad y mucha neblina, jamás la había visto igual. No llovía pero todo estaba empapado incluyendo nuestras ropa. Todo empapado y sin llover, increíble...

Cada vez que pasábamos 100 km decía a mí mismo ''otros cien menos...'' Frío, neblina, calor... Y si todo esto era poco, llegamos a las zonas de las dunas móviles. El viento es tan fuerte que va rodando las dunas hacia la mitad de la carretera. Conducir y mantener el equilibrio no es fácil. Las señales de tráfico están totalmente tapadas por la arena y muchas veces no se sabe dónde está la carretera.

Después de casi 600 km, la recompensa fue extraordinaria. Llegamos sanos y salvos a Nazca. Al encontrar el hotel nos comunican que al día siguiente había convocada una huelga minera indefinida bloqueando todas las carreteras del país. Por la mañana, temprano, decidí montar la moto e intentar llegar a Lima. A la salida de Nazca, el ejército. Detengo la moto e intento informarme. Por el momento la carretera a Arequipa está totalmente cerrada, la de Cusco también peo la de Lima está actualmente abierta. En Lima pasaría la noche.

Ya muy temprano estoy rodando por las calles del barrio Miraflores en Lima. Siempre en mi mente la maldita carretera Panamericana en su paso por la capital peruana. ¡Que miedo le tengo! Sin darme casi cuenta rodaba por ella, como era tan temprano de la gran ciudad, todo es más de lo mismo... desierto, subidas y bajadas. Las ruedas de ''Linda'' vuelven a apuntar al norte. Chiclayo, Piura... Ciudades lindas que me encuentro casi sin esperarlas. El sol me mata, el calor es agobiante, pero estoy muy feliz. Continúa la carretera que llega a Máncora, el principal centro turístico del norte de Perú... Y por fin Tumbes. Cansado y con muchísimo calor. ''Linda'' se ha hecho 700 km en siete horas.

Botón ''start'' y ''Linda'' comienza a runrunear otra vez. Casi sin darnos cuenta hemos llegado a al frontera norte de Perú. Al tro lado: Ecuador. En poco más de media hora ya estaba en la frontera, pero habían construido una nueva carretera que rodeaba Huaquillas. Ya no había que cruzar aquel puente y que el mercadillo por donde atravesaba con la moto. La tramitación, no más de 10 minutos y sin darme cuenta ya estaba en Ecuador. Aquí terminaba mi viaje por Perú.

Cambio radical

Enfilo la moto hacia Machala. Siempre me sorprenderá el cambio de paisaje de Perú, donde es desértico, a Ecuador, donde todo es verde. Una simple frontera de un río las separan y son espectaculares las diferencias.

Este viaje se puede resumir en ''subir y bajar'' a las montañas. La costa pacífica de este continente está gobernada por la gran cordillera de los Andes. Así pues, otra vez a las montañas. Siguiente destino: Cuenca, en la sierra ecuatoriana. Una preciosa ciudad en medio de las montañas.

Las rectas resultaban interminables, a los lados las plantaciones de plátanos. Casi son darnos cuenta, la carretera iba ascendiendo. En poco tiempo rodábamos por encima de los 2.500 metros de altitud. El paisaje cambió radicalmente, de la frondosa vegetación a unas praderas que se perdían en el horizonte.

Todo iba demasiado bien cuando de pronto veo que la temperatura de ''Linda'' está altísima. ¿Qué ocurre? En Machala revisamos todo el sistema de refrigeración. Por otro lado, está gastando más combustible de lo normal. Dejé que se enfriara y continué el viaje. Conseguí llegar a Cuenca aunque sin disfrutar de la etapa pensado en los problemas de ''Linda''. Directamente me dirijo hacia el polígono industrial donde se encuentra Honda Cuenca, central de Honda en Ecuador donde consiguen que ''Linda'' vuelva a la normalidad.

La ruta hacia el norte continuaba. Ciudades como Guayaquil se cruzaban en el camino. Muy nublado y con un cielo amenazador, continúo el viaje.

En la mitad del viaje con ''Linda''

Dirijo a ''Linda'' hacia Santo Domingo, un viaje de 4 horas donde me llovió más de la mitad del camino. Cansado me detengo en la terminal de buses de Santo Domingo. Estoy desesperado, no sé que hacer. Cambio rumbo otra vez, ahora me dirijo a Quito, pero no por la vía más corta porque la carretera está muy mal, me voy rodeando las montañas. Curvas más curvas. Pronto coronamos la cinta y al fondo divisamos Quito.

Quito (capital de Ecuador), junto con la Habana, son las ciudades más bellas que he conocido. Pasear por el casco antiguo es uno de los verdaderos placeres de este viaje. Su arte sacro es impresionante. Siempre he reservado tiempo para visitar esa ciudad y esta vez, en compañía de ''Linda'', no podía ser menos. Oro y más oro, retablos completamente forrados de ''pan de oro''. Tanta riqueza en estas iglesias y catedrales y tanta pobreza en el exterior.

Cuatro de la mañana y ya no puedo dormir más. Casi en soledad, ''Linda'' y yo atravesamos el viejo Quito. Por delante miles de kilómetros. Un puerto de montaña, otro, otro... ''Linda'' ni pestañea y mis pupilas clavadas en las nubes. Maldita sea, va a llover.

Esta etapa es diferente. En todas las etapas la meta es llegar a la ciudad prevista, en ésta la meta es que no llueva. De pronto, casi sin esperarlo encontré un cartel que decía: ''Frontera Ecuador-Colombia en 1 km''. ¡Lo conseguimos! Estamos fuera de Ecuador y sin lluvia.

Hola Colombia

Aquí estoy, en Colombia...¡por fin! Último país de Sudamérica. En un principio no tenía pensado recorrerlo con ''Linda'', pero un correo de un tal Henry B, me hizo cambiar de opinión. Cruzar la frontera fue rapidísimo y los primeros kilómetros en territorio colombiano, todo tranquilo. Cada 30 ó 40 km un grupo de militares en la carretera para vigilar la circulación en el país.

La visita obligada en esta ocasión era la iglesia en Las Lajas. La historia dice que una niña sordomuda se encontró la imagen de la Virgen en unas lajas de piedra. Ahí comenzó a hablar. Más tarde se construyó la impresionante iglesia. Casualidades de vida, en el hotel de Paso me tropecé con un grupo de seis motoristas ecuatorianos que al día siguiente viajaban a Cali. Sin pensarlo dos veces, me uní a ellos y nos reunimos a las 6 am para la salida.

Seis ecuatorianos, tres colombianos y un español (presente). Comienza la ruta... '';¿Hay fuego?'' Salieron como proyectiles... Durante muchos kilómetros fuimos rodando a velocidades peligrosas, sin yo sentirme cómodo, hasta que al parar en una gasolinera les insisto en reducir la velocidad. En ese momento nos llamaron, uno del grupo había tenido una caída y se había fracturado una clavícula. Decidí abandonarlos y seguir por mi cuenta.

Cali, ¡qué ciudad!

La llegada a Cali fue espectacular. Tuve la gran suerte de encontrarme un lindo hotel donde todos me ayudaron. El único problema es que no tiene parking, así que tuvimos que meter a ''Linda''. Cali es una ciudad moderna donde se ha mezclado el arte colombino con construcciones contemporáneas. Es fácil ver una iglesia con 300 años junto a un edificio de crista.

No muy temprano en la mañana, ''Linda'' comienza a rodar. En poco más de dos horas llegué justamente al lugar donde había quedado con Henry B. La persona que me convenció para que visitara Colombia. Diez minutos más tarde llegaba Henry sobre su montura. Un fuerte abrazo y ya como amigos de toda la vida. A partir de ese momento, él fue mi guía incluso en el aspecto culinario. Continuamos juntos la ruta... destino Pereira, la casa de su hermano Harold. Paseo por Pereira, plaza del Simón Bolívar desnudo y el techo de la iglesia que quedó destapado después de un terremoto. Al día siguiente teníamos planeada una larga excursión

No habíamos rodado cinco minutos y ya estábamos en el Eje Cafetero. Es la zona de producción de café más importante del país. Son extensiones que se pierden de vista, montañas de poca altura cubiertas por completo por un manto verde de café. Es impresionante contemplar los tonos verdes, desde el bosque más cerrado hasta las plantaciones, las cañas de bambú, etc.

Llegó la hora de partir. Ya me habían hablado del famoso puerto de montaña que cruzaríamos hoy...famoso, famoso... ¡la madre que lo trajo! Y para colmo, las nubes amenazando... Algo que me sorprendía en el camino es la cantidad de militares vigilando todas las vías en Colombia. No podía irme sin visitar la gran ciudad de Bogotá, capital de Colombia. Iglesias, catedral, plazas, palacios...¡Bogotá es sorprendente! Ordenado, limpio y grandioso.

Llegó el final de Suramérica. Al no existir carretera entre Colombia y Panamá, no queda otra que viajar en avión o barco. El sistema de transporte marítimo funciona a contender lleno, es decir, cuando se llena se envía y mientras a esperar. Así que decido enviar la moto por carga aérea. Hoy una etapa ''extraña''. Acabo de dejar a ''Linda'' en el aeropuerto y dentro de unas horas estará volando a Panamá. Un día diferente, una ruta ''extraña'', pero más aventuras que contar...

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Mucha suerte.

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