Buceando bajo el hielo de los Pirineos

A estas alturas todavía no entiendo que nos llevó a ello pero que ha sido una de las experiencias más intensas de mi vida.

Bajo Hielo

Un intenso dolor atraviesa mis sienes. La temperatura del agua es de apenas 2ºC. Delante de mí solo hay una cuerda que se pierde entre la materia en suspensión. Por encima de cabeza hay una capa de hielo de 30 cm ¿Quién me ha mandado meterme aquí?

El Plan

El plan sonaba bien: vamos a Baños de Panticosa. Abrimos un agujero en un lago helado y hacemos un par de inmersiones. Habrá que ir en moto así que nos hacemos con una Triumph Speed Triple R y una Yamaha MT-10. El pronóstico empeora: máximas de -2ºC y mínimas de -12ºC. De hecho cae tal nevada que cortan la carretera que lleva hasta nuestro destino ¿Solución?

A tiempos desesperados, medidas desesperadas.

Ponerle unos Continental TKC de tacos a las dos motos… El viaje pinta muy mal. La noche anterior pienso que es posible que nos estemos metiendo en otro lío, algo habitual en mi vida, aunque esta vez la idea no haya sido mía. Nadie dijo que las aventuras fuesen fáciles, si no serían otra cosa.

Con tacto.

Lo primero es cogerle el tacto a unas motos tan rígidas y con suspensiones deportivas al montar neumáticos de tacos. Con más velocidad, se dejan llevar con más normalidad. Las primeras curvas con asfalto sucio y lleno de sal ponen a prueba nuestra sensibilidad. Tan duro es el temporal que han cerrado el acceso al hotel donde pensábamos dormir.

Baños de Panticosa (1.636 metros)

La excavadora que está abriendo huella en la carretera nos mira con una mezcla de asombro y desprecio. Arriba toca meter las motos, sin control de tracción, por 200 m de nieve. ¿Lo bueno? Entramos en calor rápido al empujar como perros siberianos.

30 centímetros de hielo.

Tenemos que darle un buen rato para cortar los 30 centímetros de hielo, hay tanto que podría soportar el peso de un coche. Listo, entraremos por otro agujero natural e iremos unidos por la cuerda hasta el triángulo abierto en la mitad del lago.

Preparaciones.

Además del traje seco, hay que ponerse los plomos, atarse, y montar el equipo habitual de buceo. La propia respiración bajo el agua hace que pierdas temperatura. Hasta que te acostumbras pareces un astronauta en la superficie de la luna.

Empezamos a bajar. Es importante no respirar de la botella antes de estar totalmente sumergido para evitar posibles congelaciones en el circuito. La sensación es desoladora, el cuerpo está caliente, pero la cara y la cabeza se enfrían en segundos, como si metieses la cabeza en un congelador y muchos alfileres te atravesaran la piel.

Un mundo en pausa.

Unos cuantos movimientos de aletas y se abre ante nosotros una gran masa de agua turquesa alucinante, con la superficie congelada y una luz especial que la atraviesa. Parece que el mundo se hubiese detenido y flotamos ingrávidos en una masa de agua bloqueada por el hielo. Es una mezcla de tranquilidad y de preocupación.

Vuelta a casa.

Ahora solo nos queda bajar de aquí antes de que se congele la carretera al anochecer y volver a casa. Pan comido…