Las lágrimas de un héroe sin botín y 50 puntos de carisma

Los puntos son los que otorgan títulos, pero la memoria no siempre entiende de resultados.
Nacho González -
Las lágrimas de un héroe sin botín y 50 puntos de carisma
Lucas Mahias desolado tras saber que había sido descalificado (Foto: Yamaha Racing)

Portimao se convertía en la cita más esperada para los amantes del WorldSBK. Tras más de dos meses de espera, las cuatro categorías del certamen volvían a la acción. Dos de ellas podían conocer a su campeón, y en la principal todo estaba servido para que el rey diese un paso más hacia su cuarta corona. Sin embargo, lo realmente inolvidable fue lo que sucedió en la otra, hasta el punto de que se hace necesario cambiar el orden habitual del análisis de lo sucedido:

WSS: MAHIAS, LAS LÁGRIMAS DEL HÉROE

Lucas Mahias se había ido de vacaciones con mal sabor de boca. Su defensa del título conquistado en 2017, que había empezado a las mil maravillas con la victoria en Australia y el segundo puesto en Tailandia, se había ido complicando poco a poco. Sin volver al podio desde entonces, sumó tres cuartos puestos, un quinto y un octavo en las cinco carreras siguientes. Y, para rematar el desastre, salió con un cero de Misano que encendió la alerta roja.

En la vuelta de vacaciones solamente valía la victoria para intentar presionar a Sandro Cortese y Jules Cluzel, que se habían destacado en la general. Concienciado, hizo la pole y sus dos rivales hacían el resto. Justo después de que Mahias recuperase el mando ante Cluzel –que le había adelantado en la salida-, Cortese trataba de adelantar al propio Cluzel y ambos se iban al suelo. La victoria se le quedaba servida en bandeja de plata, con el reenganche a la lucha por el título como guarnición.

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Las lágrimas de un héroe sin botín y 50 puntos de carisma

La caída de Sandro Cortese y Jules Cluzel dejaba a Lucas Mahias solo al frente (Foto: Gold & Goose)

Mientras Cluzel se lamentaba por no poder seguir en carrera, Cortese se reenganchaba y escalaba posiciones para salvar su liderato. Ajeno a ello, Mahias se dedicaba a imponer su ritmo en una suerte de entrenamiento de media hora: su compañero Federico Caricasulo le perseguía pero sin acercarse. Esta vez no podía fallar, y no lo hizo. Pero su moto sí.

Fue al empezar la última vuelta: un visible pinchazo en su rueda trasera le obligaba a estacionar su R6 junto al muro. Imaginar crueldad mayor era difícil, mas no imposible. El drama no había hecho nada más que empezar.

Cuando ya se estaba resignando a su (mala) suerte, la bandera roja activó una bombilla en su mente: si la carrera se daba por concluida en el último paso por meta, había ganado. Sin embargo, para hacerse acreedor de esa victoria, era condición sine qua non llevar la máquina hasta el parque cerrado. Y tenía que hacerlo en cinco minutos.

Las lágrimas de un héroe sin botín y 50 puntos de carisma

Lucas Mahias acarició la victoria hasta en dos ocasiones en Portimao (Foto: Gold & Goose)

Paradójicamente, mientras la bandera roja suponía el final de carrera para todos los demás, para Mahias significaba el apagado de un semáforo virtual que daba paso a una carrera un tanto surrealista: sobre la llanta y a contrarreloj, Mahias vio una opción y sin pensárselo dos veces se lanzó a por ella.

Sin neumático, su R6 se había convertido en poco menos que un toro mecánico, que llegó a descabalgarle dos veces, dando con sus huesos en el asfalto. Incansable, volvió a subirse y llegó hasta boxes, donde se tiró al suelo exhausto entre los vítores de su equipo. Parecía que acababa de terminar una maratón olímpica, pero había valido la pena. Los 25 puntos eran suyos… o eso creían.

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De repente, su nombre desapareció de lo alto de la tabla y se situó en el apartado de los ‘no clasificados’. ¿El motivo? En su odisea volviendo a los garajes había recortado el trazado de forma no permitida. Completamente desconsolado, las lágrimas siguieron brotando de sus ojos pero cambiaron de sabor, tornando su dulzura en ese particular amargor que sucede a un esfuerzo vano. Después de haber acariciado la victoria por dos veces en menos de diez minutos, se iba de vacío. A 46 puntos del líder, cuando se hubiera puesto a 20, con tres carreras por delante.

Las lágrimas de un héroe sin botín y 50 puntos de carisma

Mahias se derrumba al conocer su descalificación (Foto: Yamaha)

En ese momento, Mahias sólo veía números. Un cero enorme como una losa. El resto del mundo veía otra cosa: una exhibición de coraje, pundonor y entrega que pasará a los anales de la historia del Mundial de Supersport, del WorldSBK y de todo el motociclismo.

Al podio subieron Federico Caricasulo, Raffaele De Rosa y Kyle Smith, pero el héroe fue Lucas Mahias. El vigente campeón ganó algo más válido que una carrera: se ganó el respeto de toda la afición.

Más atrás, Héctor Barberá saldaba su debut en la moto que hasta hace poco era la de Kenan Sofuoglu con un décimo puesto, dos por delante del invitado Miquel Pons. No acabaron Nacho Calero ni Borja Quero, derribado por Rob Hartog en la acción que propició la bandera roja que dio paso a todo el drama.

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WSBK: REA, 50 PUNTOS DE CARISMA

Como siempre, después de Supersport vino Superbike. Sin embargo, esta vez era el fin de fiesta al fin de semana, tras el cambio en el orden de las carreras de los domingos. Venía de una abrumadora victoria de Jonathan Rea en la jornada de sábado, donde una vez más no tuvo rival. Portimao es uno de esos escenarios que convierte con una insultante facilidad en el patio de su casa.

Las lágrimas de un héroe sin botín y 50 puntos de carisma

Jonathan Rea arrasó Portimao con Michael VD Mark y Marco Melandri de testigos (Foto: Gold & Goose)

Se largó desde el inicio a por su triunfo número 65, el de su número habitual antes de abonarse al 1. Por detrás sucedieron cosas, con Xavi Forés perdiendo el control de su moto, con la mala suerte de llevarse en su caída a Eugene Laverty, que había hecho su primera pole en cinco años. Al final, cuando Rea subió al podio, se enteró de que los que estaban a su lado eran Marco Melandri y Michael van der Mark.

No es que la segunda carrera tuviera más emoción que la que hace que el favorito salga en la novena plaza. En una primera vuelta marca de la casa se quitó tres cuartas partes del trabajo, y después se pegó a rueda de Chaz Davies, que desde la pole gobernó más de media carrera antes de desinflarse y repetir el cuarto puesto sabatino. Esta vez, VD Mark dio un paso más para acabar delante de Melandri y ganar la carrera de los que no se llaman Jonathan Rea, que nuevamente entró victorioso.

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Las lágrimas de un héroe sin botín y 50 puntos de carisma

Así quedan las clasificaciones tras Portugal (Foto: Gold & Goose)

Porque si algo demostró Portimao es que es muy difícil ganar un título… si no eres Jonathan Rea. Seis triunfos seguidos –récord personal- y 116 puntos de ventaja con 150 en juego. Es decir, si gana la primera manga de Magny-Cours y Davies no es segundo, será campeón. Si no, entre ambas mangas le bastará con 34 puntos en la ronda gala para lograr el póquer de títulos sin mirar lo que hagan los demás.

Un año más en la oficina del norirlandés. Hay quien dice que le falta carisma. Sin ir más lejos el Director de Carrera, Gregorio Lavilla, en unas polémicas declaraciones. Pero hay dos tipos de carisma: algunos lo llevan de serie (Barry Sheene, Valentino Rossi o Kevin Schwantz) y otros se lo ganan a base de victorias (Mick Doohan o Jorge Lorenzo). Jonathan Rea es de esos: como en un juego de rol, Jonathan Rea sumó en Portimao 50 puntos de carisma. En Magny-Cours va a por la partida.

En clave española, Jordi Torres fue el mejor parado al ser séptimo en la primera carrera, acabando 13º en la tercera, donde Xavi Forés rascó unos puntos con la décima posición tras el fiasco de la primera. Román Ramos acabó 14º la primera y abandonó la segunda.

SSP300: DEROUE VENCE, CARRASCO SE COMPLICA

Las lágrimas de un héroe sin botín y 50 puntos de carisma

Ana Carrasco tenía opciones de ser campeona del mundo (Foto: Gold & Goose)

Si cerrar un título puede atenazar a cualquier piloto, tenerlo casi perdido produce el efecto contrario. Y eso lo hemos podido ver en el Mundial de Supersport 300, donde Ana Carrasco pasó toda la carrera cerrando el grupo de cabeza. Problemas de ritmo no eran, ya que llegó a hacer la vuelta rápida de carrera, pero pasaban los giros y su ataque no llegaba. Al final, seis puntos que saben a poco y que obligan a la murciana a estar en el podio de Magny-Cours para no depender de nadie.

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La otra cara de la moneda es la del holandés Scott Deroue. Llegaba a 29 puntos con 50 en juego, así que la única forma que estaba en su mano para impedir el título de Carrasco era ganar. Lideró gran parte de la carrera y en el tramo final estiró el ritmo hasta coger unos metros que serían decisivos para imponerse a Mika Pérez, que también sigue vivo en la lucha del título; y Manu González, que se abona al podio pese a su juventud. Junto a Carrasco, Deroue y Pérez también podrá ser campeón Luca Grünwald, pese a que no acabó la carrera.

Las lágrimas de un héroe sin botín y 50 puntos de carisma

Scott Deroue seguido por Mika Pérez y Manu González (Foto: Gold & Goose)

Dani Valle fue séptimo, Ferrán Hernández octavo, Ana Carrasco décima, Guillem Erill duodécimo y Borja Sánchez decimosexto tras ser sancionado por exceder los límites. No pudo terminar María Herrera, que estuvo luchando por el podio.

STK1000: TAMBURINI APURA SUS OPCIONES

Como Deroue, el italiano Roberto Tamburini también llegaba a Portimao con la victoria como única opción para evitar el título de Markus Reiterberger. Y como Deroue, ‘Tambu’ no falló y se llevó el triunfo tras contener a su compatriota Federico Sandi, que si bien no es parte de la lucha por el título, su nivel en este tramo de la temporada le ha convertido en juez.

Las lágrimas de un héroe sin botín y 50 puntos de carisma

Roberto Tamburini se impuso a Federico Sandi (Foto: Gold & Goose)

A diferencia de Carrasco, Reiterberger sí pudo sacar un buen resultado de la cita lusa, terminando tercero después de deshacerse de Florian Marino y controlar al chileno Maxi Scheib, que llegaba segundo en la general y ahora está tercero. Reiterberger, Tamburini o Scheib: uno de los tres se coronará en Francia.

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