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En 2022, Rafa Nadal conquistó su 14º y último Roland Garros arrasando al noruego Casper Ruud por 6-3, 6-3 y 6-0. Más allá del récord histórico que pulverizó con aquel título, se viralizó un vídeo de los dos contrincantes antes de salir a la pista, donde el manacorí realizaba un intenso entrenamiento con carreras cortas en los pasillos mientras Ruud esperaba totalmente inmóvil.
Aquel día se pudieron leer titulares como “El día que Nadal ganó Roland Garros sin jugar la final” o “Nadal ya ‘ganó’ a Ruud en la activación antes de saltar a pista”, y declaraciones del tipo “Yo soy Ruud y no salgo a jugar”. Una semana después, el propio Ruud validó estas teorías: “Pudo haber juego mental”, concedió.
Avanzando cuatro años el calendario y volviendo a 2026, Marc Márquez logró su 13ª victoria en Sachsenring (10ª en MotoGP) desde la pole, llevándose la vuelta rápida después de liderar todos y cada uno de los giros, exactamente igual que había hecho 23 horas antes en el Sprint.
Si se mira más allá de los hasta 11 récords históricos que batió entre sábado y domingo; se puede intuir que empezó a ganar la carrera desde mucho antes. Probablemente, ya desde la rueda de prensa, cuando él mismo equiparó su relación son Sachsenring con la de Nadal y Roland Garros; asegurando que solo sería noticia si no lograse la victoria.
Dicha afirmación era tan cierta como intencional. Como Nadal en 2022, Márquez sabe que sus años de explosividad han pasado y que ahora tiene que construir las victorias con mucha más precisión. Sobre todo, se ha ido dando cuenta de que puede compensar esa falta de explosividad física con el músculo más importante para un piloto: el cerebro.
Establecer una relación de equivalencia con Nadal y Roland Garros fue la semilla que implantó en la mente de sus rivales para, como si de Patrick Jane se tratara, adueñarse de ella durante el fin de semana. El viernes pilló un bache y se fue al suelo, pero nada más volver a pista demostró ser competitivo y acabó la tarde en lo más alto sin dar la sensación de haberse esforzado demasiado.
Al contrario: sabe que el estado de su brazo le va lastrando según pasan las sesiones, por lo que tiene que minimizar esfuerzos a lo largo del gran premio. Hacer lo justo para ganar, sin un solo alarde extra. Y todo ello sabiendo que las limitaciones físicas le han quitado la ventaja que siempre tuvo en Sachsenring, donde ganaba con una mano y sin necesidad de pensar mucho.
Este fin de semana, Marc Márquez sabía dos cosas: que tenía opciones reales de victoria, pero que seguramente no era el piloto más rápido. Así que tocaba hacer magia mental para meter en la cabeza de sus rivales que no iban a poder con él. Dicho de otra forma: hacerles creer que tenía un as guardado en la manga. Y bueno, en parte lo tenía, como buen mentalista.
Lo sacó en la Q2. En su segunda tanda, la que normalmente tiene que ser la última, hizo un 1:19.3. Y volvió al box, mientras Álex Márquez y Fabio Di Giannantonio le superaban con sendos 1:19.1, para tener una tercera tanda. Ahí bajó al 1:19.0, mejorando su vuelta anterior en los cuatro sectores para hacerse con la pole. Seguramente, con una estrategia de dos tandas como sus rivales, esa pole no hubiera llegado.
¿Por qué lo hizo? Porque sabía que un altísimo porcentaje de sus opciones de victoria pasaba por hacer la pole, poner un ritmo y hacerse fuerte. Porque en las partes del circuito donde ofrecía algún síntoma de debilidad, adelantar es casi imposible. Y, por el contrario, resulta más factible adelantar en el cuarto sector… compuesto por dos curvas de izquierdas donde sí seguía siendo más rápido que nadie.
En carrera hizo algo parecido: dio un pequeño tirón en la tercera vuelta y otro a partir de la séptima. Poco después cayo Álex Márquez (seguramente el único inmune a la magia mental de Marc, por el hecho de que le conoce como nadie) y ya solo tuvo que controlar en la distancia a las Aprilia del Trackhouse, cuyos pilotos se fueron contentos con el segundo y tercer puesto.
Se fueron contentos porque no sabían que podían haber ganado. Y es que así funciona la magia: consiste en hacer creer al resto que están viendo una cosa cuando está sucediendo otra. Y Marc Márquez sabe que, si quiere ganar el título de MotoGP 2026 con su actual estado físico, va a tener que hacerlo con la mente.
