MotoGP

La camisa de fuerza de Marc Márquez

El de Ducati se ha liberado de todo aquello que le aprisionaba y cada vez está más fuerte.

Swinxy

3 minutos

Marc Márquez celebra su victoria con el público de Brno

Marc Márquez ha vuelto al ejercicio. Después de un infierno de varios años de lesiones -que habría hecho enloquecer al más cuerdo- y volver a elevar el 93 al cielo de MotoGP, en el año de su 33º aniversario se vio aprisionado en una camisa de fuerza en forma de tornillo que le oprimía el nervio radial y no le permitía usar sus brazos y su cuerpo para bailar con su moto por encima de los límites como sólo él sabe.

Ha sido un ejercicio de magia mental que donde Mugello hizo de antesala de Hungría, donde demostró que, por más que intenten doblegarle, aquí sigue: volando alto como un halcón hasta saludar desde el balcón del podio de Balaton. Al final, 37 puntos que sirvieron tanto de inyección de moral para sí mismo (porque por mucho que vaya de espíritu libre tiene el título entre ceja y ceja) como de aviso para sus rivales.

Sin embargo, cuando desde fuera ya se empezaba a hablar de otra remontada histórica y de ejemplo de superación, Marc ponía los pies en la tierra, sin olvidar que había tenido que volver a llegar con su equipo desde abajito.

Por un lado, porque la peculiaridad del ratonero trazado magiar de izquierdas convertía el champán del podio en poco menos que un raro vino húngaro. Por el otro, señalaba la importancia de disfrutar esa victoria número 100, consciente como es de que los días que se van no vuelven.

Marc Márquez celebra sus 100 victorias en el Mundial de motociclismo

Esa victoria no era óbice para saber que todavía no estaba en disposición de repetir lo de un año atrás, cuando llenó a sus rivales de impotencia ante su invencibilidad enlazando siete dobletes seguidos en el ecuador del curso. Tocaba ir con pies de plomo y hacer gala de humildad, inteligencia y efectividad.

Él mismo lo dijo: tocaba tirar de coco más que de instinto. Quizás sea el caro precio de dejar la infancia atrás, pero manteniendo la esencia de no ser nunca conformista. Porque, al fin y al cabo, es su carácter indomable el que le ha traído algún problema… pero infinitas satisfacciones.

Un carácter que puede controlar cierto tiempo, como en el Sprint de Brno. Pero sabe que, por mucho que intente pedirse calma, cada vez que se baja el casco unas extrañas fuerzas le obligan a ser rebelde. Y, si a eso se le suma que está cada día más seguro de sí mismo al ver cómo va recuperando su pilotaje, no tiene problema en aguantar el tirón y soportar la presión como hizo con Pecco Bagnaia y Ai Ogura -respectivamente- para ganar la carrera en Chequia.

Definitivamente, Marc Márquez había vuelto. Y no lo había hecho por imaginar las caras y las excusas de quienes le dieron por acabado. Simplemente, por complacerse a sí mismo y demostrar que acertó cuando eligió la libertad que le da volar a 300 por hora antes que la seguridad de colgar el casco y disfrutar de todo lo ganado.

Marc Márquez celebra su victoria en Brno

El nueve veces campeón del mundo ha aprendido que los avances salen a su tiempo y que, mientras tanto, proteger su mente es la cosa más seria, porque no hay nada más bonito que vencer a un miedo y que, por mucho que puedan llegar a torcerse las cosas, hay que tener fe en que se puede, fe en que hay un punto en el que lo imposible cede y lo inesperado sucede.

Aunque todavía no esté al cien por cien, ya son historia tantas noches sin salir de su cuarto, haciéndose miles de preguntas y buscando una brizna de luz en las oscuras aguas que inundaban su mente. Ahora es la hora de volver a hablar de trofeos en vitrinas, de recordar esa voz que le dijo: "no te rindas, pronto volverán los brindis y las guindas".

Y tanto que han vuelto. Han vuelto las coronas de laurel, ha llegado el momento de volver a construir un altar con las piedras que puso el camino. El objetivo es claro: terminar lo que empezó cuando el destino le dejó a medias y conquistar su décimo título mundial.

Solo el tiempo dirá si lo consigue. De momento, solo hay dos cosas claras: parece que ha vuelto a una de esas épocas en las que todo le sale bien -lleva dos victorias seguidas y se ha anunciado su renovación con Ducati hasta 2028- y, sobre todo, que cada vez está más fuerte.

La camisa de fuerza es historia.


Las palabras en negrita están extraídas o parafraseadas del disco 'Camisa de fuerza', de Kase.o

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