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Marc Márquez, el Leo Messi de MotoGP

La celebración del español al estilo del argentino es la punta de un iceberg de múltiples similitudes.

Swinxy

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Marc Márquez celebra su victoria en Misano al estilo de Leo Messi en el Bernabéu (Foto: MotoGP).

Todo el mundo recuerda la icónica celebración de Valentino Rossi enfundando en la camiseta albiceleste con el nombre de Diego Armando Maradona y el número 10, que tanto obsesionó al italiano durante años.

Aquello tuvo lugar el 19 de abril de 2015, cuando Valentino Rossi ganó el Gran Premio de Argentina tras una fantástica remontada que culminó con una polémica maniobra que acabó con la caída de Marc Márquez, que había liderado toda la carrera.

Aquella celebración tuvo todo el sentido del mismo: resulta imposible no establecer un paralelismo entre ambas leyendas: en su día, Maradona traspasó las fronteras del público del fútbol para convertirse en un icono absolutamente global, tal y como haría Rossi unos cuantos años después.

Ambos fueron los reyes indiscutibles de sus deportes en sus respectivas épocas al mismo tiempo que chapoteaban alegremente en la polémica, bailando sobre los límites de la legalidad que van desde marcar goles históricos con la mano hasta quemar goma con un scooter por la noche para ganar tracción en la salida del día siguiente.

La icónica celebración de Valentino Rossi en Argentina 2015 con la camiseta de Diego Armando Maradona

Más de 10 años después, la imagen del número 10 más icónico del siglo XXI en el mundo del fútbol volvió a colarse en un podio de MotoGP.

Esta vez la referencia fue más indirecta: Marc Márquez, tras escuchar a algunos aficionados de Misano celebrando su caída en el Sprint, decidió festejar su victoria en la carrera dominical enseñando desde lo más alto del podio su mono Ducati, a imagen y semejanza de lo que hizo Leo Messi en el Santiago Bernabéu tras marcar el 2-3- que daba la victoria al Barça en el tiempo de descuento.

Y es que, si se asume que Valentino Rossi pudo ser perfectamente el Diego Armando Maradona del motociclismo, se puede afirmar con la misma vehemencia que Marc Márquez es el Leo Messi de MotoGP.

Se podría tirar del hilo y establecer un buen puñado de equivalencias más, tales como Jorge Lorenzo con Cristiano Ronaldo, Dani Pedrosa con Andrés Iniesta y Casey Stoner con Ronaldinho; irse más atrás y ver a Ronaldo Nazario en Mick Doohan, a Marco Van Basten en Wayne Rainey, a Johan Cruyff en Eddie Lawson; o incluso bucear en los albores de sendos deportes para equiparar a Giacomo Agostini con Alfredo Di Stefano y a Mike Hailwood con Pelé.

Pero todo eso es un ejercicio de ficción ya demasiado amplio y que no viene tan al caso como el ejemplo actual de Marc Márquez y Leo Messi; así que conviene centrar la atención en el paralelismo entre el piloto español y el futbolista argentino.

Lo más fácil es tirar de palmarés y apuntar que, desde el surgimiento de ambos, nadie les ha eclipsado. Lo han ganado absolutamente todo y lo han vuelto a ganar, convirtiendo las victorias en tareas rutinarias y los títulos en meras consecuencias lógicas del final de curso. Y lo mejor es que lo hacían sin aparente esfuerzo, como el alumno aventajado que borda el examen hojeando el libro esa misma mañana.

Ambos tuvieron también la suerte de poder explotar sus capacidades en el mejor equipo del momento. Si Messi llegó al Barcelona donde Ronaldinho estaba claudicando para empezar a encontrarse con Iniesta y compañía bajo la tutela de Pep Guardiola; Márquez aterrizó en MotoGP heredando el lugar de Stoner y con la oportunidad de aprender de Pedrosa con Livio Suppo a los mandos.

Desde ahí, todo el perfil bajo con el que pudieran llegar se desvaneció con sus actuaciones sobre el césped o el asfalto. La vitola de promesas con la que llegaban al primer equipo se tornó en realidad a pasos agigantados.

Tras un periodo de brillantez absoluta también llegaron los malos momentos, pero igual que Messi logró volver a lo alto una y otra vez, Márquez también lo ha hecho. Si ambos destacaron por su precocidad, también lo están haciendo por su pervivencia en lo más alto.

A Marc no hace tanto lo querían jubilar y no ha dejado una boca sin cerrar, hasta el punto de que está cerquísima de certificar el título mundial en un mes tan extraño para ello como es septiembre. ¿Y quién fue también campeón del mundo en un mes nada habitual y cuando no eran pocas las voces que habían proclamado su absoluto declive? Exacto, Leo Messi.

Marc Márquez emula a Leo Messi festejando su victoria en Misano

También se podría reseñar que Messi acumula ocho balones de oro y Márquez roza su noveno cetro mundial, pero lo que les hace diferentes no son los hitos y logros, sino las sensaciones que logran transmitir. Han desafiado a la lógica tantas veces que han logrado implantar en el imaginario colectivo de la afición la idea de que pueden llevarse la victoria hasta cuando la derrota parece inminente e inevitable.

Y no solo eso, sino la percepción de que lo harán más allá del contexto: tanto para rescatar del pozo a sus equipos en los malos momentos como para culminar con brillantez una obra de arte colectiva. Porque sí, otra de sus grandes similitudes es su concepción del trabajo en equipo: tienen muy claro que sin los de alrededor no son nada.

En Misano volvió a verse, ya mucho antes de la celebración, cómo Márquez es capaz de vestirse de Messi.

El argentino no necesitaba un error del defensa para marcar, pero si el error llegaba, el gol se antojaba como una consecuencia inevitable. Tampoco Márquez precisa de errores de sus adversarios para ganar; pero, cuando Marco Bezzecchi se fue largo mientras lideraba en Misano, el triunfo del 93 se asumió como algo ineludible.

Marco Bezzecchi con Marc Márquez pegado y Álex Márquez al fondo, MotoGP San Marino 2025

Pero, sin duda, la grandeza de Leo, lo que le convirtió en el mejor, era la capacidad de ir siempre un paso por delante del resto. Cuando iba en conducción y el defensor conseguía acercarse lo suficiente para meter el pie donde las leyes de la física decían que iba a estar el balón según su trayectoria y velocidad, el argentino acariciaba el balón y, con un toque sutil, cambiaba la trayectoria, la velocidad o las dos cosas a la vez y, de repente, estaba lejos de su alcance. Lo siguiente ya era verle celebrando el gol.

En el trazado italiano, Bezzecchi defendió sus intereses como gato panza arriba. Cuando Marc veía que el italiano había conseguido elevar el listón y firmar una vuelta rápida que permitía acercarse lo suficiente como para buscar un hueco por el acometer el adelantamiento, con algún toque sutil de gas o de freno, conseguía variar la trayectoria, la velocidad o las dos cosas a la vez para, de repente, arañar una décima más al cronómetro y volver a irse lejos de su alcance. Lo siguiente ya era verle celebrar la victoria.

Y, en esta ocasión, como el propio Márquez señaló en referencia a Messi, para “hacer callar con clase” al territorio hostil en el que se encontraba. Y donde tampoco faltaron los aplausos. Porque la afición de verdad reconoce a una leyenda aunque vista otros colores. En el Bernabéu y en Misano.

 

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