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Bailés de salón: la columna de Mariano Urdín

Mariano Urdín nos ofrece su visión sobre MotoGP y la percepción de los Comisarios de la FIM, que parecen querer transformar las carreras en bailes de salón.

Mariano Urdín

3 minutos

mariano urdin

Lo de Tailandia en la primera cita del Mundial 2026 en la carrera al sprint del sábado de MotoGP no fue una polémica más. Fue un auténtico despropósito. Y no, no es exageración ni calentón de aficionado. Lo que hizo el Panel de Comisarios encabezado por Simon Crafar con Marc Márquez fue, simple y llanamente, un grave error que deja muy tocada la credibilidad del criterio arbitral en este deporte.
Vamos a los hechos, penúltima vuelta, pelea real por la victoria, Marc Márquez ve un hueco donde la mayoría de mortales ni siquiera lo imagina. Se tira con una precisión quirúrgica, control absoluto de la moto, sin perder la trazada y, lo más importante, sin provocar una caída ni una maniobra descontrolada. Un adelantamiento de los que hacen afición, de los que te levantan del sofá. De los que definen a un piloto campeón. Cuando Pedro va a cerrar su trazada se encuentra que ya está allí la moto de Marc y tiene que levantar su moto.
¿Y cuál es la respuesta del panel? Sanción. Una posición. Castigo directo a una de las mejores maniobras de todo el fin de semana. Es que cuesta creerlo.

Porque aquí es donde está el problema de fondo, si eso es sancionable, ¿qué demonios quieren? ¿Carreras en fila india? ¿Adelantamientos con intermitente y pedir permiso por burofax anticipado? Esto es MotoGP, aquí se compite al límite, se roza la física y, sí, a veces hay contacto. Forma parte del ADN del motociclismo de competición y pretender eliminar eso, es cargarse el espíritu de las carreras y el espectáculo.

Lo más sangrante es que no hablamos de una acción sucia. No hubo empujón intencionado ni descontrolado, no hubo irresponsabilidad. Fue agresivo, sí. Fue al límite, por supuesto. Pero también fue limpio dentro de los límites de la competición y el reglamento. Y cualquier persona que entienda de motos, que haya competido o que simplemente sepa leer una carrera, lo ve clarísimo.
De hecho, varias voces autorizadas del paddock han ido en esa línea. Ex pilotos, analistas, gente que ha estado ahí dentro jugándose el tipo. Coinciden en lo mismo, la maniobra de Márquez es dura, pero legal. Es competición pura. Algunos incluso han ido más allá, señalando que este tipo de decisiones generan una inseguridad brutal en los pilotos, que ya no saben qué se puede hacer y qué no. Y eso es peligrosísimo.

Porque cuando empiezas a dudar en una décima de segundo si puedes meter la moto o no, ahí es cuando vienen los errores de verdad. No cuando te tiras convencido de lo que haces y con control, como hizo Marc.

Y luego está el otro gran perjudicado, Pedro Acosta. Porque sí, ganó. Pero ¿de verdad alguien cree que esa victoria sabe igual? El propio Acosta lo dijo en la posterior rueda de prensa, preferiría haber terminado segundo antes que ganar así. Y tiene toda la razón. A un piloto de ese nivel no le hace falta que le regalen nada. Quiere ganar en pista, en un fantástico mano a mano, a pecho descubierto. La sanción no solo castiga a Márquez, también devalúa la victoria de Acosta. La ensucia, aunque él no tenga culpa de nada. Y eso es lo peor que puede pasar en un deporte donde ganar luchando, engrandece la victoria.

Si las cosan tomasen este derrotero, creo que hay un problema serio de criterio. No puede ser que una acción que hace diez años era portada en todos los medios por brillante y espectacular, ahora sea motivo de sanción. No puede ser que cada fin de semana haya una interpretación distinta. Y no puede ser que el listón de lo “aceptable” esté cada vez más bajo y lo que es peor, no todos valorados por el mismo rasero.

Si esta es la línea que quieren seguir y quieren un campeonato sin riesgos, sin cuerpo a cuerpo, sin esa chispa que hace de MotoGP el espectáculo brutal que es, que lo digan claramente. Pero entonces que no vendan épica, emoción, lucha y determinación. Porque todo eso nace precisamente en maniobras y acciones como la de Márquez y Acosta en Tailandia.

Esto no va de defender a un piloto concreto. Va de defender una forma de entender las carreras, y hoy le ha tocado a Marc, pero mañana puede ser cualquier otro. Porque cuando el criterio es tan difuso, nadie está a salvo de la errática y subjetiva opinión del Panel de Comisarios.

Señores comisarios, esto son carreras de motos entre los 22 mejores pilotos del mundo que llevan toda la vida preparándose, entrenando física y mentalmente para estar ahí, en la élite, y saben también que a veces se juegan el pellejo. Esto no son bailes de salón, ni exhibiciones de gimnasia rítmica. Aquí no se pide permiso para adelantar. Aquí se compite y muchas veces de forma dura y sí, muchas veces implica agresividad, implica roce, implica tensión, siempre intentando no pasar unos límites, tanto físicos como deportivos claro está. Pero esos límites no pueden ser tan estrechos que asfixien la propia esencia de nuestro deporte.

No quiero remontarme a recuerdos de décadas pasadas, pero quiero advertir que, si seguimos por este camino, lo que vamos a perder no es solo una maniobra espectacular. Vamos a perder algo mucho más importante, la autenticidad de la competición, lo que hace único a MotoGP. Y el día que eso desaparezca, ya no habrá sanción que lo arregle.

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