Amigo Ralf: La verdad es que me has dejado un poco planchado con tu desafortunado accidente doméstico y como consecuencia, tu posterior fallecimiento. De tan triste noticia me enteré por nuestro común amigo Víctor, tu compañero del barrio y de colegio, de la misma edad, los dos ya habéis cumplido ya los 63 años. ¡Tío que faena, que mala suerte tu accidente, y yo que pensaba que eras casi inmortal!
Me vas a permitir que te haga un pequeño panegírico de lo que para mí ha sido nuestra relación y amistad. Sé que no hemos sido amigos inseparables, pero también sé que desde que nos conocimos, allá a mediados de los ’80, siempre hemos tenido una muy buena sintonía y un profundo respeto mutuo, tanto como pilotos, como motoristas y a nivel personal.
Durante estos últimos días he visto y he hablado con bastantes amigos comunes, evidentemente de ti y de las paradojas de la vida, nunca sabes con certeza lo que te espera o puede pasar. Evidentemente hemos hablado de anécdotas tuyas, de cómo eras, tu carácter, personalidad… y todos coincidimos en puntos muy concretos: tu enorme amor por las motos, tu desmesurada fuerza física y tu enorme determinación y capacidad para hacer cosas cuando se te mete algo en la cabeza.
Anteayer me enviaron una elegía escrita por nuestro común amigo Toñejo, que me puso, la piel de gallina. Elogiaba tu enorme generosidad, tu humanidad y lo alegre y divertido que eras, aunque algunas veces les gastabas bromas pesadas, tu favorita era llevar a algún pobre incauto de paquete en moto, no me quiero imaginar lo pu...as que las pasaban.
Me consta que, desde muy joven, siempre mostraste una inclinación natural hacia las motos. Con tu pandilla cercana de amigos crecisteis entre herramientas, carenados, motores abiertos en canal y aprendiste antes a distinguir el sonido de un carburador desajustado que las lecciones de lengua o matemáticas del colegio. Y esa curiosidad infantil se transformó en vocación, no solo desarrollaste un talento innato para pilotar cualquier tipo de moto, también querías entender cada pieza, saber su función y cómo se puede mejorar.
Ahora voy a recordarte cómo nos conocimos. Yo ya había oído hablar de ti, pues me habían comentado que un había un chaval que iba como un tiro en F3 con una OSSA Copa, pero que le era difícil ganar porque su tamaño y peso le lastraba. Es verdad que te vi peleando en grupo en una de esas carreras y me impresionaste. Como dice nuestro amigo Toñejo “eras un piloto grande en todo, en cuerpo, en carácter y en valentía, un piloto que no perdonaba, no dudaba y no regalaba nada.”
Luego te enrolaste en la escudería de Motos Cortés y recuerdo un día en los boxes del Jarama descargando una FJ 1100 de la furgoneta, que os habíais olvidado la rampa. Estaba un mecánico dentro sujetando el manillar y dos fuera uno a cada lado de la moto intentando hacerse con ella sin pillarse las manos ni hacerse daño. Entonces llegaste tú y dijiste "¡dejadme!”, metiste una marcha agarraste la moto de la rueda trasera y con un golpe de riñón la bajaste al suelo a pulso. Los dos mecánicos se miraron como diciendo “somos un par de nenazas”.
Y ahora quiero recordarte la primera carrera que coincidimos en pista. Fue en el año 1986, en la prueba inaugural del Campeonato de España de ese año que se celebró en el circuito urbano de Gandía. Y allí estabas con una veterana FJ 1100 con la que querías probar suerte en la categoría grande. Casualmente en esa misma jornada mi buen amigo Jorge Cabestany me presento a un mocete de 19 años, que también debutaba en esa carrera y me aseguró que daría que hablar. Y vaya si lo dio, era Alberto Puig, ¿le recuerdas?
En esa carrera yo pilotaba una Suzuki GSXR 750 R de prensa que me había prestado la marca, pues mi moto, una 1100 que había conseguido del importador inglés de Suzuki, no me había llegado todavía. Había hecho quinto en entrenos, último de la primera fila y tú creo que estabas como dos filas más atrás. Salimos, la recta era larga y en ligera cuesta abajo y veo que el piloto de mi izquierda, creo que Boronat, se viene contra mí, tú le acababas de adelantar muy justo. Esa 1100 era gorda, pesada y los frenos regulares, pero con buenos bajos y aceleraba bien desde parado. Al final de recta frenando, te fuiste largo.
Pasada la mitad de carrera me había instalado en una cómoda cuarta posición sin posibilidades de alcanzar al de delante, cuando me marcan que alguien me va cogiendo. En la recta veo que eras tú. A tres vueltas del final me has cogido. Piloto a la defensiva, cerrando huecos y en la penúltima vuelta en una zona muy lenta de esquinas, con tres curvas enlazadas cerradas y estrechas delimitadas con pacas de paja, te metes a saco por el interior de la primera. Te veo en el último momento, levanto la moto, pasas por delante de mí, casi toco con mi rueda delantera la tuya trasera, pero no puedes entrar en la contra-curva y te vuelves a ir contra las pajas. Pase a tu lado y continúe pensando: buff… menos mal, ¡que huevos, vaya pelmazo!
Querido amigo Ralf para despedirme, lo normal sería desearte que descanses en paz, pero en realidad espero que donde estés, haya motos y circuitos urbanos o de cualquier otro tipo, y si es así ¡que se preparen los demás! Hasta siempre, Ralf.









