Ahora que el Mundial de MotoGP 2026 está a punto de arrancar, con un madrugador inicio de las carreras el sábado 28 de febrero con la carrera Sprint de MotoGP, muchos se animan ya a hablar de esta temporada como la más madrugadora de la historia y la de mayor extensión en el calendario, pero no es ni una cosa ni la otra.
La temporada 2026 de MotoGP va a tener una duración de 268 días, si contamos desde el viernes 27 de febrero, cuando se inician los entrenamientos del Gran Premio de Tailandia, hasta el domingo 22 de noviembre, cuando se disputan las carreras del Gran Premio de la Comunidad Valenciana. Es, sin duda, una temporada muy prolongada en el tiempo. Pero la de 1964 lo fue aún más.
En 1964 el Campeonato del Mundo de Velocidad contó con doce carreras, aunque inicialmente iban a ser trece, pero se anuló el Gran Premio de Argentina, ubicado en el tramo final de la temporada. El Mundial arrancó el 31 de enero con los entrenamientos del primer Gran Premio de Estados Unidos, y finalizó el 1 de noviembre con las carreras del Gran Premio de Japón, con lo que la temporada se desarrolló a lo largo de 275 días. Nunca ha habido en la historia de los Grandes Premios un campeonato tan largo como el de 1964.
Daytona
Esa edición arrancó en Daytona, en la primera vez que el Mundial pisaba suelo estadounidense. Fue una carrera de lo más peculiar, cargada de situaciones inusuales. El circuito, que se haría célebre por su carrera de las 200 Millas, se había inaugurado en 1961, y tenía una cuerda de 5.730 metros, aunque se adaptó un trazado con un tramo interior (infield) que evitaba realizar el anillo completo, reduciendo la longitud de la pista a 4.989 metros.
En aquellos días, el AMA, la federación motociclista estadounidense, no estaba afiliada a la Federación Internacional (FIM) ni mantenía relaciones con la organización, así que el Gran Premio fue organizado por USMC (United States Motorcyclist Club), y tuvo que desplazar la fecha de la carrera a febrero porque la tradicional cita de primavera estaba asignada a las 200 Millas y el AMA no estaba dispuesta a que el Gran Premio ocupara su lugar.
Esta fecha tan temprana provocó la protesta de Honda, que se quejó de la falta de tiempo material para trabajar en las motos. El último Gran Premio de 1963 se disputó el 10 de noviembre en Suzuka, y eso dejaba a los fabricantes un margen de poco más de dos meses para tener listas las nuevas motos. Honda no se limitó a alzar la voz, y para hacer patente su malestar boicoteó la carrera de Daytona y no acudió al primer GP de la temporada. Por lo demás, la carrera no pasó a la historia por su capacidad de convocatoria, ya que apenas consiguió atraer a unos escasos cientos de expectores.
Récord
Aquellos días las carreras podían llegar a tener un formato completamente informal, y esta primera cita en Estados Unidos lo fue en toda su extensión. El domingo de carreras se inició con una prueba inesperada: una tentativa de récord de velocidad.
MV Agusta decidió atacar varios records de la cilindrada de 500 cc con la moto con la que Mike Hailwood competía en la clase reina, y con el propio Hailwood a los mandos. Así que, aproximadamente hora y media antes de que se diera la salida a la primera carrera, Hailwood y la MV encararon el peralte de Daytona durante una hora para batir la marca en las categorías de 100 kilómetros y una hora, que estaban en poder de Ray Amm y Norton desde 1953, cuando establecieron ambos records en el circuito francés de Montlhery.
Hailwood y la MV Agusta 500-4 no fallaron, y tras una hora rodando por el peralte logró alcanzar 233,081 kilómetros, cubriendo los 100 kilómetros a una media de 233,048 km/h, estableciendo sendos records que hoy siguen sin batirse.
Conferencia con Berlín Oriental
Lógicamente, de cara a las carreras del Gran Premio, Hailwood cumplió con el pronóstico y no tuvo rival para hacerse con la victoria en 500, endosándole dos vueltas a sus perseguidores, un grupo que encabezó Phil Read en la segunda posición a lomos de una Matchless G50, la mejor amiga del piloto privado en aquel momento.
Read ya sabía lo que era subir al podio en 500, porque llevaba varias temporadas instalado en la zona delantera de la categoría corriendo con Norton privadas y con las veteranas Gilera tetracilíndricas que Geoff Duke rescató de los almacenes de la marca italiana en 1963, donde acumulaban polvo desde que el fabricante de Arcore anunciara su retirada del Mundial en 1957. Sin embargo, la cita de Daytona tuvo un significado muy especial para Read porque supuso su confirmación como piloto oficial de Yamaha.
Read había tenido oportunidad de subirse a la Yamaha RD56 en el Gran Premio de Japón de 1963, donde fue tercero, pero la marca japonesa no había definido completamente su formación cuando mandó las motos a Daytona. Inicialmente, el encargado de correr con la Yamaha en 250 iba a ser Don Vesco, y de hecho rodó con ella en los entrenamientos hasta que tuvo una caída y se lesionó. Entonces, en Yamaha encargaron a Read que sustituyera a Vesco, y consiguió integrarse definitivamente como piloto oficial de la marca, aunque su estreno no fue muy bueno: las bujías se engrasaron y no consiguió arrancar la moto.
Las inscripciones fueron relativamente bajas en todas las categorías, especialmente en 50 y 125, donde Hugh Anderson logró el doblete imponiéndose con comodidad a sus compañeros de marca, que firmaron un histórico resultado para Suzuki, que copó el podio en las dos categorías.
Y en 250 la victoria fue inesperada. Alan Shepherd, subcampeón de 500 las dos anteriores temporadas a lomos de una Matchless, al tiempo que competía en 125, 250 y 350 con MZ, dio la victoria a la marca de Alemania Oriental en Daytona. Era la primera victoria de MZ en el Mundial desde la fuga de Ernst Degner en 1961, cuando se llevó consigo los secretos del fabricante y se los entregó a Suzuki. Precisamente por eso, MZ vio restringida desde entonces la movilidad sus miembros fuera de la RDA por parte de sus autoridades, ya que no les permitían salir del país.
Cada tarde después de los entrenamientos, Shepherd acudía a la central telefónica del circuito y solicitaba una conferencia con Alemania Oriental. Es de imaginar que al responsable de la centralita los ojos se le pusieran como platos: ¡una conferencia con un país comunista!
Shepherd aguardaba pacientemente a que sonara el teléfono, y cuando escuchaba la voz de Walter Kaaden al otro lado del hilo, no tardaba en ponerle al tanto de los ajustes de carburación elegidos y las sensaciones. Kaaden atendía puntualmente al detallado informe del piloto y le indicaba las modificaciones necesarias en la carburación, en una suerte de primitiva telemetría telefónica transoceánica. Un método arcaico pero efectivo: Shepherd ganó en Estados Unidos, con una moto de la RDA. Un dardo en el corazón del capitalismo, debió pensar el ortodoxo Walter Ulbricht, presidente de Alemania Oriental.
