Maverick Viñales y Álex Rins se van de MotoGP y, con ellos, se van dos trocitos de nuestro pasado.
Los dos pilotos españoles han confirmado que no seguirán en la parrilla el año que viene y, más allá de entrar en interminables debates sobre si es o no justo que se queden fuera del elenco de los 22 mejores pilotos del mundo, lo que está claro es que es triste.
Es triste y deja un regusto amargo, porque esperábamos mucho más de ambos. Y esto no es un reproche, es una realidad.
Los dos fueron campeones de España antes de protagonizar la mejor temporada de la historia de Moto3 -junto a Luis Salom- y uno de los desenlaces por el título más apasionantes de la historia del motociclismo.
Fueron quemando etapas formativas a gran velocidad para asaltar MotoGP como elefantes en cacharrerías, como grandes exponentes de una brillante generación de 1995 que ya estaba representada con el precoz Jack Miller y que acabaría siendo mayoría en parrilla con los desembarcos posteriores de Miguel Oliveira y Brad Binder.
Viñales llegó con 20 años recién cumplidos y la vitola de anti-Márquez. Dos cursos después, Rins aterrizó con 21 años para ocupar su hueco en Suzuki.
Los dos fueron felices vestidos de azul cielo y parecía que ambos tocarían el ídem a corto plazo. Uno dejó a Suzuki y al otro le dejó Suzuki, pero el punto en común es que nunca volvieron a ser tan felices como cuando pilotaban aquella GSX-RR que, en sus manos, se atrevió a mirar a los ojos a Honda y Yamaha.
Paradójicamente, irse a las dos grandes marcas japonesas fue la primera bola de la cadena que acabarían arrastrando años después. Los dos llegaron a ganar con dichas marcas, pero todo se fue torciendo.
Los años pasaron, la juventud se fue y, poco a poco, han ido ingiriendo más suero que champán en los últimos años. Y cuando, por muy bueno que seas, sales más en los medios por partes médicos que victorias o podios, la ruleta del mercado de fichajes te escupe hacia fuera.
Salvo un milagro de última hora, Maverick Viñales y Álex Rins no estarán en la parrilla de MotoGP 2027. Como tampoco sus quintos Jack Miller y Brad Binder.
Parece que fue ayer cuando aparecieron con la ilusión de dos rookies, y en una docena de carreras se despedirán del paddock de los grandes premios.
Será un año de despedidas, pero los finales de Maverick Viñales y Álex Rins serán especialmente amargos porque con ellos se van, al menos, dos trocitos de nuestro pasado: el penúltimo que nos queda del último paso de Suzuki por MotoGP (ahí aún nos quedará Joan Mir) y, sobre todo, el de aquellos niños que, tras un año jugando con Luis Salom, se jugaron aquel inolvidable título mundial de Moto3 en la última curva de Valencia.
Solo queda darles las gracias por todo y desearles que sean tan felices como lo fueron (y nos hicieron) en Suzuki y en Moto3.
