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RACE 50 Aniversario: larga travesía del desierto

La tercera carrera del Trofeo RACE 50 Aniversario volvía a significar un nuevo salto para mí en el campeonato. Tras la experiencia con el equipo AZMER-JACOMOTO y su Yamaha R6 “alicatada”, volvía con mi modesta montura de serie a disfrutar de un nuevo día de competición.
Bego Calvo | Fotos: Rocío Ruiz RRFotografía, Fran Lubian, Leticia Nieto -
RACE 50 Aniversario, penúltima prueba del año.

El Trofeo RACE 50 aniversario volvía al circuito del Jarama, el pasado día 24, en su tercera cita de 2017 con las altas temperaturas como principal hándicap. Sin embargo, más de 50 pilotos se reunían en los boxes del circuito madrileño para disfrutar de un intenso día de carreras. De nuevo, la que esto escribe y su Honda CBR600RR ocupaba un lugar en la parrilla de Supersport acusando los rigores del calor. El motor no bajaba de 90 grados ni siquiera durante los primeros entrenamientos, aunque teniendo en cuenta que estos no comenzaron hasta las 11 de la mañana y con más de 35 grados de temperatura ambiente, tampoco resulta extraño. Echaba de menos el radiador supletorio de la R6 del AZMER-JACOMOTO, su bomba Brembo, las suspensiones o el amortiguador de dirección Ohlins de la Yamaha… En fin, esas piezas que convierten a una moto en tu mejor amiga, en vez de en una compañera de trabajo a la que tienes que convencer para que termine con su parte, para luego arrimar tú el hombro y que “aquello” funcione de la mejor forma posible.

ENTRENAMIENTOS: PUESTA A PUNTO

Entrenamientos libres: puesta a punto casi desde cero.

Así las cosas, la situación requería de un planteamiento riguroso. En realidad, me sentí liberada por el mero hecho de correr con mi propia moto, por lo que la anterior presión de rodar con una máquina cedida por un equipo profesional para realizar el reportaje “Piloto por un día”, ya no existía. Allí estábamos en el box del equipo Manuvi Racing mi CBR, junto con mis habituales “mochileros” Luigi y Joaquín, intentando poner a punto la horquilla con nuevos muelles y ajustes “a ciegas”. El trabajo en la revista no deja demasiado tiempo para entrenar y se notó desde el primer entrenamiento libre. Teníamos por delante una larga travesía por el desierto. Pero con el segundo, también de 15 minutos y el posterior cronometrado, ya de 20 minutos, pudimos bajar los tiempos acercándonos a los logrados con la Yamaha en la anterior cita. ¿Menos potencia y mejores tiempos? Sí. ¡Cómo se nota cuando te encuentras más liberada de presión.

Con nuevos ajustes, llegaron los tiempos de la Yamaha de la anterior carrera

Pero el calor apretaba cada vez más y mantenerse en pista durante el último entrenamiento cronometrado al completo resultaba prácticamente imposible. Lo cierto es que para soportar las 12 vueltas de la carrera, entorno a las 15 h, necesitaba un extra en concentración que no sabía si podría conseguir. No sé quién dijo que esto de las carreras es todo diversión, porque la verdad es que en situaciones como esta resulta una sentencia, cuando menos, matizable.

CARRERA: CONCENTRACIÓN

Bajar los tiempos de entrenamientos en carrera siempre es una satisfacción.

Como digo, si para realizar una buena salida necesitas el máximo poder de concentración, tenía que dejar un huequecito extra para mantener la calma y terminar la carrera sin sufrir otro nivel máximo: el de agotamiento. A pesar de todo, fui capaz de rebajar los tiempos de entrenamientos incluso a pocas vueltas del final, algo que siempre te da más moral de cara a futuras carreras.

En la categoría, destacó la presencia de la intratable Nuria Llabres Massanet que, apadrinada por la escuela de Chicho Lorenzo, se presentó con el equipo AZMER-JACOMOTO para, con la R6 de Jacob, finalizar en unan excelente primera posición. Se trata de una evidente declaración de intenciones para una chica que, con apenas 15 años, ya disputa victorias con su R3 y se bate el cobre en carreras de Supersport marcando “cuarenta y cincos” en el Jarama. Ojo con ella.

 Destacó la intratable Nuria Llabres: atención al futuro de esta mallorquina

Pero todavía quedaba una última satisfacción: subir al podio con Nuria, Sara Román y yo misma; dos integrantes del equipo Manuvi Racing que repetimos “cajón”, abrazos y sonrisas peleando con el cava tras la recepción de los trofeos.

Una vez más, el buen ambiente entre las participantes contagiaba las sonrisas de los aficionados presentes en el podio demostrando que, con afición y ganas, cualquier reto es posible… con uno por encima de todo: disfrutar del mundo de la competición en velocidad de la mano del Trofeo RACE 50 Aniversario.

La recompensa: un podio cargado de risas entre amigas...

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