Toby Price, el renacer del elegido

Pese a no ganar, el australiano ha vuelto a demostrar que es la rueda a seguir en el Dakar.
Nacho González -
Toby Price, el renacer del elegido
Toby Price, el renacer del elegido

El 5 de enero de 2017, mientras millones de niños se iban a dormir soñando con despertar plagados de regalos, el australiano Toby Price yacía en la cama de un hospital de La Paz con su sueño partido en dos y su fémur partido en cuatro después de toparse con una roca oculta en el lecho de un río. Para colmo, un coágulo en el pulmón le causaba unas extrañas convulsiones. "Volveremos", fue su primera promesa.

Y como un renacimiento no deja de ser un nuevo nacimiento, el 'parto' duró unos nueve meses, lo que le hacía llegar al Dakar 2018 sin apenas rodaje y, por lo tanto, como gran incógnita. Las circunstancias obligaban a tomar su candidatura con recelo. Su talento, a ponerle en lo alto de las quinielas.

Quince días después, Price se subía al último escalón del podio, por detrás de una KTM (la de su compañero Matthias Walkner) y de una Honda (Kevin Benavides). Exactamente igual que en 2015, su primer 'nacimiento' en el Dakar; cuando sólo le superaron dos curtidos veteranos: una KTM (la de su compañero Marc Coma en su último Dakar) y una Honda (Paulo Gonçalves).

Llegó el inolvidable 2016. Pese a que sólo era su segundo Dakar, Price arrasaba a todos sus rivales y, además de acabar con 38 años de hegemonía europea, se postulaba como el elegido a encabezar la era posterior a la dicotomía Marc Coma / Cyril Despres que había polarizado toda una década en el raid. Nunca antes (lógicamente salvo las primeras ediciones) un piloto había ganado el Dakar en su segunda participación.

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Después vendría la fatídica roca y, con ella, la visión de su compañero Sam Sunderland igualarle en el palmarés, llegando a marchas forzadas a este 2018 para ver a su otro compañero Matthias Walkner hacer lo propio. Hace dos años, mientras él estaba en la cima, ninguno de los dos había logrado ni tan siquiera terminar el rally. Hoy están a su nivel.

A su nivel en lo que a victorias se refiere, no tanto así en sensaciones. Si de algo ha servido el Dakar 2018 es para poner de manifiesto la valía de Price, que cada vez que (re)nace en el Dakar lo hace en el podio. Lleva tres en cuatro participaciones, lo cual de por sí ya es una proeza. Una proeza que, a él, realmente le sabe a poco.

El Price más racional sabe que un tercer puesto después del calvario de 2017 y sin la preparación adecuada que exige todo un Dakar es poco menos que un hito. Pero los genios del Dakar no se dejan dominar por la racionalidad, y el Price más visceral sabe que, de no haber fallado en la decisiva décima etapa, podría haber conquistado su segundo Dakar.

Ya da igual preguntarse qué hubiera pasado de haber llegado con más preparación o de no haber errado el rumbo camino de Belén. En el Dakar no sirve de nada quedarse pensando en la duna que se ha dejado atrás. La vista ha de estar en el horizonte. Y en ese horizonte llamado Dakar 2019, si no hay contratiempos en los once meses y pico que restan, Price llegará como máximo favorito a ganar su segundo Dakar. El elegido ha renacido.  

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