Nos ha dejado Nani González de Nicolás

Infatigable y apasionado por la competición hasta límites insospechados, Fernando González de Nicolás, Nani, o “el Rana” para otros, ha fallecido tras una larga enfermedad.

Juan Pedro de la Torre

Nani González de Nicolás rueda junto a Kevin Schwantz en Jerez, en el Gran Premio de España de 1989.
Nani González de Nicolás rueda junto a Kevin Schwantz en Jerez, en el Gran Premio de España de 1989.

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Hubo un tiempo en el que el motociclismo español, sus pilotos, vivía a golpe de impulsos. Un día uno de ellos decía, me voy al Mundial, y allí que se plantaba, contra todo y contra todos, con largos desplazamientos, eternas esperas para conseguir su admisión en la lista de inscritos, pocas posibilidades de llegar a entrenar, y escasas perspectivas de clasificarse para la carrera. Lo de llegar a los puntos ni se lo planteaban. En ese clima construyó su leyenda Fernando González de Nicolás, que hoy nos ha dejado, a los 77 años de edad, tras una larga enfermedad.

Puede que ahora, al calor de los éxitos interminables del motociclismo español que todo lo puede, aquellas infructuosas epopeyas de Fernando González de Nicolás y los de su generación sepan a poco, pero sin ellos, sin su tenaz contribución, el motociclismo español no habría sido capaz de llegar donde hoy se encuentra.

Nani, como todo el mundo le llamaba, formó parte de esa legendaria generación de pilotos que surgió a la sombra de los éxitos de Ángel Nieto. Eran chicos de barrio, algunos de Vallecas, la barriada madrileña que dio cabida a una ingente población emigrante llegada desde provincias en los años 40 y 50, y allí no tardaron en encontrarse conectados por una determinación común: correr en moto. Se conocieron ya de niños, cuando ser piloto era sólo un sueño y jugaban a serlo en arriesgados piques por la Dehesa de la Villa, una pequeña y retorcida carreterita en los confines del barrio de Tetuán. Allí se encontraban un día cualquiera. Alguien se pasaba por Motos Yepes y se lo planteaba a Chiqui, uno de sus empleados, y el reto corría como la pólvora. Eran los tiempos en los que los apellidos carecían de peso, los tiempos en los que eran el Pollero, el Cigüeño, el Chiqui, el Santi, el Cholo, el Nani, el Trompa…

Nani se hacía notar con su Clúa Gorrión, un ciclomotor con el que trasteaba entre los puestos del Rastro, donde su padre atendía un establecimiento en el que, entre otras cosas, se arreglaban instrumentos musicales. Con su padre ya jubilado y ocioso, Nani siguió suministrándole algún que otro violín, de dudosa procedencia, para que el hombre echara las horas entretenido con algo.

Nani González de Nicolás con su Bultaco 250.
Nani González de Nicolás con su Bultaco 250.

Fue cuestión de tiempo que Nani probara suerte en las carreras, con maquinaria de segunda mano y más pasión y talento que medios, lo cual sería una constante a lo largo de su prolífera carrera deportiva. A finales de los años 60 ya disputaba carreras del Nacional, y su primer contacto con el Mundial fue con 20 años, en 1969, en el estreno del circuito del Jarama como escenario de Gran Premio, compitiendo con una Bultaco 125 sin mucho éxito. Por entonces ya estaba entre los mejores del Campeonato de España: 3º en 125 en 1970, y subcampeón en 250 y de nuevo 3º en 1971. Tomó parte en unas pruebas con el equipo oficial Derbi, junto a otros pilotos, pero en Mollet no se interesaron por él, así que siguió su senda como piloto privado.

En 1971 consiguió en el Jarama sus primeros puntos en el Mundial al terminar noveno en la carrera de 250, redondeando su temporada con el subcampeonato en 250, tras Nieto. Luego llegaron tiempos difíciles. En 1972 la temporada no fue bien, pero al año siguiente las cosas fueron aún peor.

Prohibido correr en moto

En 1973 la Real Federación Motociclista Española (RFME) celebró su 50º aniversario, y entre las diversas actividades que se llevaron a cabo se programó una excursión a Zaragoza –allí se fundó la RFME en 1923-, en la que tomaban parte aficionados y también pilotos. Nani fue uno de ellos. Ya cerca de Zaragoza, en Calatayud, sufrió un grave accidente, con terribles lesiones internas. Operado de urgencia, le fueron extirpados el bazo y un riñón. Su carrera deportiva se interrumpió, y no por falta de ganas, sino porque cuando, ya recuperado, quiso volver a correr, la federación no le concedió la licencia, argumentando que sus lesiones le incapacitaban para competir.

Como no pudo correr en moto, lo hizo en coche, donde nadie le puso pegas. Llegó a ser subcampeón en la Fórmula 1430 y 1800, pero aquello no le llenaba. Las motos seguían siendo su impulso vital, y durante años litigó con la RFME para conseguir recuperar la licencia, logrando regresar al motociclismo en 1978. Y empieza sin pensárselo dos veces, en el Gran Premio de Venezuela, prueba inaugural del Mundial, en la categoría de 250, y consigue correr también la carrera de 500 en el GP de España. Y lo hizo como si no hubieran pasado cinco años.

González de Nicolás y Carlos de San Antonio
González de Nicolás y Carlos de San Antonio

En los años siguientes se embarcará junto a Marcelino García (el Marce), Carlos de San Antonio (el Trompa) y Toni García Moreno (el Toni) en la aventura de recorrer, prácticamente mano sobre mano, con lo puesto, el Mundial, en una camioneta maltrecha, con material de segundo y sin tener la menor certeza de poder llegar a la siguiente carrera.

En 1979 vive una de sus temporadas más intensas. Regresa a Venezuela formando parte de una pequeña troupe madrileña. Allí estará Nieto, a lo grande, con el equipo Bultaco, pero también corren junto a él, Andrés Pérez Rubio y Carlos Morante. Nani será 10º en 250 –lo que le garantizaba la inscripción para el resto de las carreras- y acabará la carrera de 350. El resto de la temporada probará fortuna en 125 y 250, logrando puntuar en ambas. Vivirá su momento de gloria en Spá, en el boicoteado Gran Premio de Bélgica. Una avería le aparta de las primeras posiciones en 125 –donde Marce será segundo- y rueda tercero en 250. En la última vuelta, el australiano Murray Sayle le arrebata el podio. Lo tuvo tan cerca…

Nani González de Nicolás rueda tercero por delante de Murray Sayle en Spá 1979.
Nani González de Nicolás rueda tercero por delante de Murray Sayle en Spá 1979.

Ese año acabó mal para él con una fea caída en Brno, donde se lesiona gravemente. Eso condicionó su rendimiento en 1980, con pocas salidas al Mundial y aún menos exitosas. Aun así consigue ser subcampeón de España de 125, tras Ricardo Tormo. Su objetivo era recuperar el ritmo y regresar con mayor fuerza en 1981.

A la cárcel

En 1981 Nani vuelve a hacer las Américas. Se planta en Buenos Aires, donde se disputa la prueba inaugural del Mundial, y con una moto alquilada acaba octavo. Su gesta no pasa desapercibida. MOTOCICLISMO le entrevista. “Estoy detrás de un tema que como me salga bien tengo patrocinador para toda la temporada”, confesaba. Una semana más tarde es protagonista en las noticias, al ser detenido en el transcurso de un atraco a una sucursal bancaria en Madrid…

Tres años se pasó Nani “en el hotel”, como se decía en la jerga carcelaria, y ni por un momento dejó de pensar en las motos. Cuando por fin fue libre, en 1984, volvió a las carreras. El motociclismo español estaba cambiando, pero Nani no tuvo problemas para pillarle el ritmo. Ese año ya fue cuarto en la categoría F-1 Siluetas de las MOTOCICLISMO Series. Fiel a su costumbre, no tendrá reparos en subirse en toda clase de motos: 125, 250, F-1, F-2, motos de resistencia. Con tal de correr, cualquier moto le valía.

Las siguientes temporadas se las pasará corriendo en 125 y 250 -3º en el Nacional de 125 en 1985 y 1986-, disputará el Europeo de 250 con una Kobas y volverá a asomarse al Mundial, centrado en la categoría de 125, con una JJ-Cobas 125 con motor MBA monocilíndrico. Y ahí está en 1988, sufriendo como nunca, porque sólo consigue clasificarse para la carrera del Jarama. El resto del año fue un sinvivir. Hasta que apareció Brasil.

El Rana

La última cita de la temporada era el Gran Premio de Brasil, en Goiania, un escenario en el que sólo se disputarían las carreras de 250 y 500 cc. En 250, Sito Pons y Joan Garriga se jugaban el título. En 500 la inscripción fue muy baja porque muchos de los privados no podían costearse el viaje a Brasil. Nani tuvo la oportunidad de alquilar una Honda RS500 para correr en Goiania, pero no tenía dinero. ¿La solución? Pegarle un sablazo a Nieto…

El 12+1 que, dicen, era de la cofradía del puño cerrado, le prestó un millón de pesetas de la época, que era un dineral, y con las aportaciones de otros amigos y conocidos, Nani se embarcó en la aventura de correr en 500, junto a las grandes estrellas de la época. Aquel día en Goiania le escolataron en la parrilla Pedro Parajua como mecánico, Jordi Pérez y Ginés Girado, los técnicos del Team Ángel Nieto, y por supuesto Nieto, que hizo que aquella moto alquilada luciera tanto como las motos de su escudería, con pegatinas del equipo colocadas oportunamente en el blanco carenado. A Nani, Eddie Lawson le metía casi 10 segundos por vuelta, pero Nani llevó la moto hasta la meta, terminando 12º, a tres vueltas, pero sumando puntos para el Mundial.

En su entorno, por la extraña postura que adoptaba a lomos de la 500, decían que parecía una rana pilotando, y fue entonces cuando emergió la figura de El Rana por encima de Nani. Él nunca se lo tomó a mal. Al contrario, respondía igual si le decías Nani que ranita. Eso le daba igual. Lo que quería era correr en moto.

Nani en su época en el Mundial de 500.
Nani en su época en el Mundial de 500.

Acababa de cumplir 40 años, y muchos consideraban que aquella carrera en Goiania había sido un bonito colofón para su carrera deportiva. Llevaba veinte años corriendo en moto, y había conseguido lo máximo que un piloto privado se podía permitir en España, ser varias veces subcampeón y tercero, frente a Nieto y Derbi, frente a Nieto y Bultaco, frente a Tormo… ¿Qué más se puede pedir? Pero Nani no estaba dispuesto a dejarlo ahí. Con el apoyo de pequeños patrocinadores (Fergosa) y fieles amigos, Nani disputó por primera vez una temporada al completo, y lo hizo en 500, con aquella vetusta Honda RS500.

En 1989 tomó parte en todas las carreras de 500, y sólo se quedó fuera de la parrilla en tres de ellas (Hockenheim, Assen y Anderstorp). Tuvo su oportunidad de buscar la gloria cuando los pilotos oficiales de 500 boicotearon la carrera de Misano por el pésimo estado del asfalto cuando se puso a llover, y acabó octavo. En aquellos días ya le rondaba la idea de alcanzar un récord Guinness: ser el único piloto que hubiera corrido en todas las categorías del Mundial.

Nani ya había corrido en 50, 125, 250, 350 y 500… pero desde que en 1984 se implantó la categoría de 80 cc en lugar de la de 50, tenía un reto pendiente. Pero él estaba enfrascado en una aventura diferente con la 500. ¿De dónde se iba a sacar una 80? De la manga, se la sacó de la manga, como un viejo tahúr. Convenció a Eduardo Castro para que le prestara una de las Krauser de Pitufo Álvaro para correr en Brno, en el último Gran Premio de la historia de la categoría. Nani se aplicó con ganas pero no consiguió clasificarse y no pudo correr en 80, aunque para él, el simple hecho de haber disputado los entrenamientos le valía: era el único piloto que había corrido en todas las categorías en la historia del Mundial de Velocidad. Y alguien apostilló: Sólo te falta correr en sidecares, Nani.

Tras la temporada de 1989 las carreras se acabaron definitivamente para Nani. Pasó a la “vida civil”, donde hizo de todo: mecánico, taxista, regentó clubs de alterne, fue camionero… Pero en su interior tenía una asignatura pendiente: correr en sidecar.

Aquello fue, durante más de una década, una obsesión. Compró un viejo atalaje LCR de 1989 y ya en 1993 intentó correr en el Gran Premio FIM disputado en el Jarama. No tuvo éxito, pero no aparcó la idea. Volvió a intentarlo en Albacete, cuando el Mundial de Sidecares, ya fuera del marco de los Grandes Premios, llegó a compartir citas con el Mundial de Resistencia. Esa vez rodó, pero no se clasificó. Bueno, estuvo bien haberlo intentado… Pero no para Nani, que siguió empeñado en conseguir completar ese periplo vital en las carreras motociclistas.

Nani González de Nicolás (derecha) en su último intento de correr en sidecar.
Nani González de Nicolás (derecha) en su último intento de correr en sidecar.

Años después, en 2013, el Mundial de Sidecares recaló en Motorland Aragón coincidiendo con el Mundial de SBK. Nani tenía ya 65 años. Y volvió a intentarlo. El viejo side LCR no pasó la primera verificación. Esa misma noche, una vez más, se sacó otro de la manga: consiguió que alguien trajera desde Francia un sidecar contemporáneo. Pero las estrictas –y necesarias- verificaciones técnicas de la FIM descubrieron fallos en el atalaje, y Nani ni siquiera tuvo oportunidad de rodar. Allí se le acabaron las carreras.

Después de aquello no lo volvió a intentar más. Siguió en contacto con sus amigos de siempre, con ese grupo de chalados con el que recorrió mundo. Nani vio perder a varios amigos por el camino, cosas de la edad y de la mala suerte también, y comenzó a pelear con una salud quebradiza que, tras años de excesos y sacrificios, comenzaba a pasarle factura. Pero, a poco que le tentaras, apuntaba a cualquier sarao que tuviera que ver con las motos, de una feria a la presentación de un libro, de una carrera de minimotos y una rueda de prensa. Allí estaba él, dispuesto a contar su historia. Nuestra historia.

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Ginger Molloy fue subcampeón de 500cc con Kawasaki tras haber hecho historia con Bultaco

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