Pingüinos 2011: 30 años de una concentración llena de pasión

Concentración Pingüinos 2011. Más de 25.000 inscritos. El 30 Aniversario de la Concentración de los Pingüinos no batió records de asistencia con 25.086 inscritos, pero calentó de tal forma el ambiente que pudo regalar al más laureado de todos los pilotos de la historia y al más joven de los campeones, un fin de semana de autentica pasión motera. Tweet

Texto y fotos: Gustavo Cuervo

Pingüinos 2011: 30 años de una concentración llena de pasión
Pingüinos 2011: 30 años de una concentración llena de pasión

Me ajusto los guantes en el último proceso de la vestimenta pongo en marcha mi moto y salgo hacia la concentración Pingüinos 2011.

En la autopista llueve, en el puerto de El León de Castilla el termómetro marca 4º dentro de una profunda niebla. No es un año frio. Me encuentro con moteros que viajan en mi dirección. La aventura de Pingüinos ha comenzado, un largo fin de semana para disfrutar de las muchas facetas de la moto que se dan cita en esta singular concentración que aúna todo el amplio conglomerado de entender y vivir la motocicleta.

Por Castilla las nubes van abriendo de cuando en vez, y ya con notables claros el campamento nos recibe un viernes por la tarde que ya se encuentra en plena ebullición. Son muchos los que madrugaron en previsión de dificultades por el camino que anunciaba lluvias permanentes por casi toda la península, y también unos cuantos los que adelantaron su viaje llegando el día 6, festividad de los Reyes Magos.

Hay cola pero merece la pena esperar haciendo nuevos amigos y pagar los 25 euros, por los que tienes acceso a los servicios de la zona de acampada, leña, y excursiones, conciertos, el desfile de antorchas, la Nochevieja y el Año Nuevo Pingüinero. Y si utilizas todos los tickets desayuno, aperitivos, una cena, caldo, carajillos, cava, copa y piñones… Y una bolsa con todo el material de Pingüinos, la medalla conmemorativa del 30 aniversario, un cubre cuello polar, información turística, pin y bolígrafo, ósea muchas cosas pero lo mejor, es lo que no se paga con dinero: el ambiente interior.

El campamento presenta un estado magnífico. La mejor sede de Pingüinos se nota mejorada con la compactación de los viales y la instalación de mayor cantidad de luminarias que permiten circular con mayor seguridad por la noche en la mayor parte de los principales viales del campamento.

El escenario casi se queda pequeño con la cantidad de cacharros que utilizaran para sus actuaciones los grupos en sus conciertos Nada menos que Barón Rojo el viernes y la Orquesta Mondragón el sábado. Es la hora de los saludos; organización, amigos y no amigos, de las fotos del de gorro singular o la cara simpática. De fijarse en esta o en aquella moto camino de la zona de restauración donde las viandas cada año son más variadas y exquisitas. A las especialidades regionales se le van uniendo cada edición más sabores de Europa y América, la chuletilla y el chorizo compiten con el queso portugués y la caipiriña brasileña por el paladar del pingüino.

El alma de los pingüinos es la pasión que late por igual en el pecho de los que llegan hasta allí con un ciclomotor desde cualquier remota punta de España, como el que lo hace en un sidecar con calefacción. Todos tienen su especial aventura en el viaje de ida y vuelta hacia la más famosa reunión invernal de motocicletas del mundo. La variedad de motos que se pueden disfrutar caminando por el pinar de Puende Duero es imposible de encontrar en ninguno otro lugar de nuestro planeta. La libertad de formas de entender la moto atrapa en el corazón de Castilla el alma de la moto. Da igual su forma, un motor y un par de ruedas, aunque a veces se les pongan más ruedas, por los lados o por detrás.

Todos unidos, allí reunidos hablando de la inolvidable sensación del aire frio en la cara, la lluvia que se coló entre las botas y la visera que se empaño durante el camino. Deleitándose la vista con joyas clásicas que llegan hasta allí rodando en manos de sus orgulloso propietarios, de mastodónticos trikes con todo tipo de accesorios, de custom tan choperizadas que hay que fijarse mucho para saber sobre que moto original se gestó la transformación. A los motoristas nos gusta mirar motos y hablar de ellas, así que cualquier momento es bueno para dedicarse a la charla y la contemplación.

La noche del viernes, larga pero cálida, bueno muy cálida no, pero siempre con el termómetro cerca de los cinco sobre cero, es en Pingüinos, casi temperatura tropical. Una fantástica noche para brindar por el nuevo año motero con las doce campanadas, aunque al final solo suenan diez y la simpática Ainhoa Arbizú tiene que rematar la presentación cantando las once y las doce. Fiesta, fiesta y fiesta amenizada nada menos que por los rockeros de Barón Rojo.

Sábado, del sol a la lluvia

El sábado amanece con los cielos más despejados con lo que tras el desayuno el desfile de las banderas vuelve a ser uno de los momentos más espectaculares e impresionantes de toda la reunión. Miles de motos en una caravana tan kilométrica que cuando la cabeza alcanza la Acera de Recoletos en el centro de Valladolid, aun están saliendo motos desde Puente Duero. Desde el helicóptero de protección civil que vigila todo el desfile la vista seguro que es espectacular. Los vallisoletanos disfrutan durante casi una hora ininterrumpidamente del paso de miles de motos y le encanta saludar y ser saludados. Es una fiesta ya tradicional en la capital de Casilla y León, un desfile de motociclistas que invaden con su alegría desbordante la ciudad para poner el punto final a las fiestas de Navidad.

En el lugar preparado para los stunts, los ya clásicos en Pingüinos Emilio Zamora y Narcís Roca se unió este año Jorge Bravo, piloto ejecuto algunas difíciles piruetas sobre una rampa de saltos a muy buena altura en los cielos de Valladolid incluido un back flip. Mientras Emilio no contento ya con sacar humo de los neumáticos ya directamente atraviesa barreras de fuego y las apaga acelerando y Narcis añade a sus variadas monturas también un sidecar. Estos chicos siempre nos deleitan con nuevas ideas. Tras el show hora del lechazo, del exquisito cordero castellano y el que no tenga que conducir en unas horas acompañarlo de buen vinito de Ribera de Duero, o mejor una tapitas en torno a la Plaza Mayor, difícil elección pues hablamos de gastronomía de alta calidad.

El sábado por la tarde es el momento más libre, quizá aquel en el que se puede hacer de todo, quedar con los amigos, echar la siesta el que pueda y prepararse para la noche o deambular por Valladolid hasta que de nuevo el campamento te atrae como un imán. Antes de que caiga la noche empieza a caer una lluvia ligera pero que empapa aunque cuando todo indica que va a seguir toda la noche, deja e llover y respeta el desfile de la antorchas.

Salvo el encendido y el cercano paso por el puente medieval, el recorrido de la antorchas no es fácil de apreciar. La estrechez de la vía atravesando el casco urbano de Puente Duero y la proximidad del público, no permiten un viaje fluido a los portadores de las llamas en recuerdo de nuestros amigos que se fueron. El fuego continua después con la quema de la Falla 30 aniversario y los fuegos artificiales y luego mas marcha. Javier Gurruchaga y la orquesta Mondragón ya calientan el ambiente en la Plaza a la vuelta. La noche más larga de Pingüinos acababa de comenzar.

La mañana de los trofeos

El domingo cuesta arrancar, unos por que se han ido al saco hace poco y otros porque hacen pereza para salir de viaje y dejar atrás a los Pingüinos. Giacomo Agostini y Marc Márquez llegan puntuales al escenario para recibir el cariño de la afición. Los dos merecidos Pingüinos de Oro, el veterano y el joven, la experiencia y la fogosidad, se dan la mano y el maestro hasta alguna recomendación al último campeón del mundo. “En moto el gas y la cabeza”. Todos pasamos un buen rato y aprendemos con sus comentarios, dos personajes ligados profundamente a la moto y la competición que aprecian de corazón el calor humano de los miles de moteros que quieren y gozan con tenerlos así de cerca. La entrega de trofeos en sus distintas clasificaciones y el sorteo de regalos ponen fin a las actividades de Pingüinos 2011, pero aun queda el regreso.

Me ajusto los guantes en el último proceso de la vestimenta, pongo en marcha mi moto y salgo de regreso a casa. Durante la ruta atravesando las llanas mesetas castellanas, entre chaparrón y chaparrón, pienso que Pingüinos tiene mucho de magia, de emoción, de amor y pasión, de corazón motero. Algo que hay que vivir y disfrutar tantas veces como se pueda. Acabo la 30 edición, al año que viene más.
 

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