Fabio Di Giannantonio, las manos de Luis Salom y la mejor victoria de Álex Márquez

El motociclismo tiene sus propios dioses a los que encomendarse. Y este finde han hecho horas extra.

Álex Márquez descontrolado tras impactar con Pedro Acosta; y su rueda alcanzó a Fabio Di Giannantonio
Álex Márquez descontrolado tras impactar con Pedro Acosta; y su rueda alcanzó a Fabio Di Giannantonio

El ser humano utiliza las religiones para dar sentido al azar, para encontrar algo de orden en medio del caos. Son algo a lo que agarrarse cuando el mundo exterior se vuelve incontrolable, como una tabla en un naufragio, un tejado en una inundación, un descampado en un terremoto o un refugio en medio de una guerra.

El motociclismo también tiene un componente religioso.

No hace falta ser creyente de las religiones tradicionales para cruzar los dedos cuando la tragedia asoma por una puerta entreabierta amenazando con inundarlo todo. No hay nada más humano que encomendarse a lo divino: ante aquello que no se puede controlar, la impotencia se transforma en fe.

Y el motociclismo tiene sus propios dioses a los que encomendarse.

Son aquellos pilotos que se fueron antes de tiempo y que, nos gusta pensar, cuidan de los que se quedaron aquí.

Este fin de semana, el Circuit de Barcelona – Catalunya se llenó de homenajes a Luis Salom, a pocas semanas del décimo aniversario de su muerte. Y ya durante los entrenamientos, fue inevitable recordarle cuando Jorge Martín caía y se iba disparado contra el airfence. El propio piloto madrileño confesó pensar en el balear mientras se aproximaba a ese mecanismo de seguridad al que la fatalidad transformó en guadaña aquel maldito 3 de junio de 2016.

El mural dedicado a Luis Salom en el Circuit de Barcelona   Catalunya
El mural dedicado a Luis Salom en el Circuit de Barcelona Catalunya

Fue un pequeño susto que sirvió de anticipo de lo sucedido el pasado domingo, cuando la moto de Pedro Acosta -que lideraba la carrera- se apagó de golpe en plena recta y, a su rebufo, Álex Márquez no pudo evitar impactar contra ella y salir despedido en diagonal hacia el lateral de la pista.

Como un caballo desbocado, su Ducati Desmosedici surcó el piano y, gracias a la pericia del piloto de Gresini, la caída se produjo prácticamente en paralelo al muro. No hace falta decir qué hubiera podido pasar si, en algún momento del incidente, su moto se hubiese ido más hacia la derecha. Lo sabe todo el mundo y (casi) nadie lo dice de forma directa: el pacto tácito del motociclismo funciona así.

Al mismo tiempo, la GP26 del catalán se partía en varios trozos y una de las ruedas volvía hacia la pista, donde los pilotos que venían detrás se encontraron en una nube de polvo y una lluvia de piezas.

Varios de ellos sufrieron algún impacto menor, pero el peor parado fue Fabio Di Giannantonio, que se topó de bruces con una de las ruedas de la moto de Álex Márquez, que le derribó de forma irremediable, haciéndose 'solo' daño en la mano. Tampoco hace falta decir qué hubiera podido pasar si, en ese momento, ‘Diggia’ hubiese estado a unos cuantos centímetros de donde estaba. Todo el mundo lo sabe. Nuevamente, el pacto tácito del motociclismo.

Son esos momentos en los que la afición motera da las gracias a sus dioses. El domingo, en esos instantes de terror -que se acrecentarían minutos después con el escalofriante accidente de Johann Zarco con Pecco Bagnaia y Luca Marini en la resalida-, fue inevitable pensar que Luis Salom había tenido algo que ver.

La rueda descontrolada de la moto de Álex Márquez impacta con Fabio Di Giannantonio, MotoGP Catalunya 2026
La rueda descontrolada de la moto de Álex Márquez impacta con Fabio Di Giannantonio, MotoGP Catalunya 2026

Que la mano invisible del eterno Mexicano primero desvió ligeramente a Álex Márquez para que el impacto contra Pedro Acosta fuese solo ‘de refilón’; y después se interpuso entre el piloto de Gresini y el muro para evitar un golpe que se presagiaba terrible; todo ello mientras su otra mano variaba sutilmente la trayectoria de la descontrolada rueda para que no impactase de pleno con ‘Diggia’.

Una eternidad después (o al menos lo pareció), Fabio Di Giannantonio se llevaba la victoria en una carrera de pesadilla de la que MotoGP todavía está despertando. Lo hizo siendo, una vez más, el tapado. Como lo fue Salom en aquel inolvidable curso 2013 de Moto3, cuando tres niños se hicieron adultos.

Los otros dos, Maverick Viñales y Álex Rins, estaban este domingo en esa carrera. Los creyentes del motociclismo sabemos que Luis también.

Y, mientras el bueno de ‘Diggia’ conseguía su segundo triunfo en MotoGP, Álex Márquez lograba su mejor victoria.

Había ganado el Sprint y era claro candidato a firmar su primer 37, pero el mensaje del Gresini Racing de que se encontraba fuera de peligro supo más dulce que el más caro de los champagnes. Quizás perdió 25 puntos por el camino, pero ganó cientos más: los que podrá seguir sumando cuando se suelden sus fracturas y pueda volver a pista.

Hoy solo puedo dar gracias”, escribió Marc Márquez en su Instagram, hablando por toda la familia motera. Gracias a todos los elementos de seguridad, a la rapidez de las asistencias, al buen hacer de los médicos y, como seres humanos que somos, a esos dioses como Luis Salom que, desde arriba, cuidan a los pilotos de abajo para que sigan aquí el mayor tiempo posible.

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