“Y caer mil veces más, y levantarse de nuevo”. La icónica frase del poeta Manolillo Chinato, popularizada por el grupo Extremoduro, podría ser perfectamente el lema de MotoGP, la categoría reina del Mundial de motociclismo.
Una categoría que, en los últimos tiempos, se ha vuelto cada vez más extrema y dura. La escalada tecnológica de las máquinas de última generación que la componen y la profesionalización de los pilotos que la forman han propiciado que las diferencias sean mínimas y, por lo tanto, que arrancar cada milésima cueste más.
“Tú en tu casa, nosotros en la hoguera”, serviría como letra del himno previo al inicio de cada carrera, donde 22 de los pilotos más rápidos del mundo lo dan todo en cada curva para el disfrute de millones de espectadores en todo el mundo.
“Si me ves retroceder, espera: estoy cogiendo carrera”, sería un mantra ideal para cualquier de esos 22 tipos, hechos de otra pasta: si hace sol, se tiran de la cama. Si luce la oscuridad, como en Qatar, también.
22 pilotos que, durante 22 grandes premios, elevarán el motociclismo a la categoría de arte, tal y como Robe Iniesta hizo con las palabras durante más de tres décadas en Extremoduro.
Dos universos diametralmente opuestos. ¿O quizás no?
Quizás, y solo quizás, sea posible presentar a los 22 pilotos de MotoGP 2026 utilizando exclusivamente letras del irrepetible grupo liderado por el placentino. Veamos:
Marc Márquez – Standby
Vive mirando una estrella,
siempre en estado de espera.
(…)
Sueña que sueña con ella
y si, en el infierno, le espera,
quiero fundirme en tu fuego
como si fuese de cera
Movido por su particular ley innata, desde que llegó a MotoGP, la vida entre carreras para Marc Márquez ha sido un eterno estado de espera; siempre mirando esa estrella en forma de bandera a cuadros para llegar a ella antes que nadie.
En este periplo también ha tenido tiempo de conocer los infiernos, que recorrió cual Dante mientas soñaba que soñaba con ella. Cuando la lógica invitaba a claudicar, él siempre siguió hacia delante, movido por un ansia que sigue muy presente en este 2026: volver a fundir, por octava vez, su nombre en la placa del trofeo de MotoGP. Como si, en vez de metal, fuese de cera.
Álex Márquez – La vereda de la puerta de atrás
Condenado a mirarte desde fuera
y dejar que te tocara el sol.
Y, si fuera, mi vida, una escalera,
me la he pasado entera
buscando el siguiente escalón;
convencido que estás en el tejado,
esperando a ver si llego yo.
Y dejar de lado la vereda de la puerta de atrás.
Hasta 2025, la sensación colectiva es que daba igual todo lo que consiguiese Álex Márquez: vivía condenado a mirar desde fuera a la súper élite del motociclismo. Pese a ser campeón mundial de Moto3 y de Moto2, parecía pasarse la vida entera buscando el siguiente escalón hasta el tejado en el que habitaba su hermano.
Una comparativa tan injusta como inevitable que le ha llevado a estar claramente infravalorado por el imaginario colectivo durante su trayectoria. Eso ya se acabó para siempre: con su subcampeonato mundial de MotoGP, ha dejado de lado la vereda de la puerta de atrás para instalarse en el jardín principal de MotoGP.
Pecco Bagnaia – Jesucristo García
Nací un buen día, mi madre no era virgen,
no vino el rey, tampoco me importó.
Hago milagros, convierto el agua en vino
(…)
¿Cuánto más necesito para ser dios, dios, dios?
¿Cuánto más necesito convencer?
Y perdí la cuenta de las veces que te amé,
desquicié tu vida por ponerla junto a mí.
No acudió el rey al nacimiento de Pecco Bagnaia: no estaba en la lista de aquellos elegidos para subir al olimpo de las dos ruedas. Ni siquiera cuando convirtió el agua de la Mahindra en el vino de la victoria. Tampoco cuando conquistó Moto2 solo en su segundo año, e incluso hay quienes siguen dudando de su talento tras haber sido bicampeón mundial de MotoGP.
Es inevitable preguntarse cuánto más necesita el turinés para ser dios, cuántos títulos necesita para convencer a los escépticos. Mientras tanto, él y su Desmosedici fueron paseando su amor en incontables ocasiones, uniendo de tal forma su vida a ella que también ha llegado a desquiciarse.
Marco Bezzecchi – Ama, ama y ensancha el alma
Quisiera que mi voz fuera tan fuerte
que, a veces, retumbaran las montañas
y escucharais, las mentes social-adormecidas
las palabras de amor de mi garganta.
(…)
Hay que dejar el camino social alquitranado,
porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas.
Hay que volar libre al sol y al viento,
repartiendo el amor que tengas dentro.
Cuando Marco Bezzecchi llegó a MotoGP, lo hizo de una forma bastante silenciosa. Pese a que había conseguido grandes resultados en Moto2 y Moto3, nadie esperaba que acabase haciendo retumbar las montañas de la categoría reina. Sin embargo, encontró en la Desmosedici el amplificador ideal para su garganta.
Lo sorprendente fue cuando decidió abandonar el camino social alquitranado de Ducati y volar, libre, al soy al viento para repartir todo el amor que tenía dentro con la Aprilia RS-GP hasta el punto de acabar ‘casándose’ con ella y convertirse en la pareja de moda de MotoGP.
Pedro Acosta – Buscando una luna
Bajé las escaleras, sí, de dos en dos.
Perdí al bajar el norte y la respiración.
Y, por la noche, ¿qué harás?
Las paso descosiendo, aquí hay un arco por tensar.
Que yo me acuerdo todavía cuando te besaba,
la cama vuelve a tiritar
(…)
Que no, que ha sido un momentito solo de bajada.
Nadie baja más rápido unas escaleras que un niño al que le han llamado al telefonillo para que baje a jugar al parque. De dos en dos y, si quedan tres para el descansillo, también. Aunque llegue al portal casi sin respiración. Y así es como fue saltando Pedro Acosta las escaleras del Road to MotoGP primero y de las categorías ligeras después.
Todo iba tan bien que, cuando llegaron los problemas en MotoGP, el murciano se vio tiritando en su cama, recordando cuando besaba trofeos y obligado a descoser todo lo que había ido cosiendo hasta entonces para volver a empezar de cero. Y claro, lo consiguió: había sido un momentito solo de bajada.
Fabio Quartararo – Si te vas
Se le nota en la voz, por dentro es de colores.
Y le sobra el valor que le falta a mis noches,
y se juega la vida siempre en causas perdidas.
(…)
Es capaz de nadar en el mar más profundo,
igual que un superhéroe, de salvar al mundo.
(…)
Si te vas,
me quedo en esta calle sin salida.
Hace más de una década que se notaba que a Fabio Quartararo se le notaba que por dentro es de colores. Sobrado de valor, lleva desde adolescente apostando por las causas perdidas, lo que ya de adolescente le llevó a ganar el CEV 125GP de 2013 cuando las probabilidades matemáticas eran nulas.
Volvió a hacerlo años después cuando la Yamaha le obligó a nadar en el mar más profundo de MotoGP, convirtiéndose en un superhéroe capaz de ponerla en pole y hasta rascar podios. La dependencia es tal que, si se va, los de Iwata se quedarían en una calle sin salida.
Joan Mir – Sol de invierno
Me juego el tipo mirándote a los ojos,
salgo corriendo voy a meterme en remojo.
Me has alterado poniéndote a mi lado,
yo que vivía tan feliz en un tejado
(…)
Y su calor es como el sol,
en una cama fría en una noche de un invierno.
Durante años, no ha habido forma más peligrosa de jugarse el tipo que mirar a los ojos a la Honda RC213V. Lo sabe como nadie Joan Mir, que más de una vez habrá tenido que meterse en remojo para tranquilizarse después de verse alterado por la moto del ala dorada; a la que llegó cuando se cayó aquel castillo llamado Suzuki en cuyo tejado tan feliz vivió.
Desde entonces, el balear ha vivido sumido en una larguísima y helada noche invernal… en la que ha encontrado unos pequeños rayitos de ese agradable sol de invierno en forma de podios que hacen pensar que está volviendo la primavera para él.
Jorge Martín – A fuego
Me salgo de mi casa,
me estrello contra la acera,
no puedo recordar qué clase de mundo hay fuera.
Salté por la ventana buscando una liana
-¡arbol va!- y tarzán al suelo.
(…)
Y a deshora sale el sol
alumbrando una esquina,
y alegrándome el día.
Jorge Martín estaba en la cima del mundo: era campeón de MotoGP. Con ese estatus, salió de su casa para entrenar y se estrelló. Lo que podía haber sido una simple caída más se convirtió en el inicio de una pesadilla de lesiones que casi le hicieron olvidar qué clase de mundo había fuera. Se recuperó y volvió en Qatar, en un salto al vacío buscando una liana… que salió fatal.
Tocó fondo y se sumió en una terrible oscuridad que, por suerte, ya es historia. Poco a poco empezó a salir el sol y fue alumbrando una esquina para alegrar el día del madrileño, que está de vuelta en MotoGP 2026 con una idea grabada a fuego: volver a ser el de antes.
Toprak Razgatlioglu - Deltoya
Se apagó el fogón, no funciona nada.
¿Dónde está la luz? ¿Qué hay en tu mirada?
Me cuelgo de su pelo, me engancho de su miel,
me encuentro con mi hada, que está loca también,
he vuelto a las andadas, he vuelto a enloquecer,
lo vi escrito en la luna, luna creciente.
(…)
Voy a dar la vuelta a tó y no sé muy bien porqué:
y a romper deltoya.
Y a firmar en todas las paredes con mi piel.
No funciona nada en Yamaha. En algún punto se apagó el fogón y todo el mundo se pregunta dónde está la luz al final del túnel del nuevo motor V4. Incluido Toprak Razgatlioglu, que no entiende qué hay la mirada de esa M1 con la que se ha topado tras engancharse a la miel de MotoGP. Tras quedarse sin metas en Superbike, vio escrito en la luna creciente que tenía que ir más allá.
Así, después de un mes de frustraciones en pretemporada, el icónico piloto turco está dispuesto a dar la vuelta a tó y a firmar en el asfalto con esa segunda piel que es su rueda. Un showman que ha llegado a dispuesto a romper con todo y quiere hacerlo ‘del-tó-ya’.
Maverick Viñales – Locura transitoria
No sé en qué parte de esta historia, perdí el argumento primario.
No sé qué cojones me agobia, voy según dice el calendario.
Vuelve a llegar la primavera, y me molesta el sol.
Alma que nunca se deshiela y se queja del calor.
(…)
Sufro locura transitoria,
bajo a la tierra y cruzo la línea divisoria que separa,
en esta historia, la locura y la razón.
C**o, un ruido del demonio, se mete en mi cabeza,
se enciende dentro un p**o rayo que no cesa.
Nadie sabe, en qué parte de su historia mundialista, Maverick Viñales perdió el argumento primario. Destinado a ganarlo todo, hace ya mucho tiempo que parece ir según lo que diga el calendario, dejando pasar las temporadas con el alma helada y numerosas quejas.
No son pocas las veces que ha provocado locura transitoria en la afición a través de actuaciones memorables… que nunca han encontrado continuidad. Como una eterna lucha entre locura y razón, el de Rosas vive sumido en un rayo que no cesa dentro de su cabeza, donde un ruido del demonio no para de recordarle lo que pudo haber sido y ni fue ni está siendo. Por ahora.
Brad Binder – Pequeño rocanrol endémico
Antes, nada te faltaba, si estabas conmigo.
Ahora, di que no, di que no. Anda, di que no, di que no.
Sabes que el centro del mundo era siempre tu ombligo
Ahora, di que no, di que no. Anda, di que no, di que no.
Dijo no y se fue, la traidora. No recuerdo quién eres ahora.
Soy un tipo que anda perdido por las calles de tu olvido.
(…)
Que este perro ya está en los huesos.
Yo sigo vigilando al destino.
Ve, que un mundo nuevo viene de camino.
Algo ha cambiado para Brad Binder. Antes, y casi desde que puede acordarse, sentía que a KTM nada le faltaba si estaba con él. Juntos conquistaron Moto3 con una temporada de récord, rozaron el título de Moto2 y lograron los mejores resultados finales de la marca en MotoGP. El ombligo del sudafricano era el centro del mundo en la marca austriaca. La misma que ahora le dice que no.
Desde 2025, la traidora de la RC16 se ha ido con Acosta y él es un tipo perdido, andando por las calles de su olvido. Aunque hace poco más de un año era top 5 en MotoGP, ahora se siente como un perro en los huesos que sigue vigilando al destino mientras observa como su amada se va con ese mundo nuevo que viene de camino.
Johann Zarco – De acero
De acero soy de la cabeza a los pies,
y el cielo es sólo un trozo de mi piel.
De carne y hueso para ti,
de carne y hueso solo para ti.
Y no me escondo casi nunca detrás de un cristal,
y no me corto cuando quiero volar.
Abre las alas junto a mí.
Que no nos queda tiempo no nos podemos parar,
que somos como el viento quien sabe dónde irá.
Johann Zarco es el piloto más 'old school' que queda en MotoGP, y no porque sea el más mayor. Lo es desde joven. Un tipo de los de antes, de acero de la cabeza a los pies, que se vuelve de carne y hueso solamente para su moto. Uno de esos que no se esconden detrás de un cristal cuando hay que hablar claro, y que no se corta cuando tiene la oportunidad de volar.
Sobre la moto o haciendo un backflip, siempre está dispuesto a abrir las alas. Sabe que no le queda tiempo y por eso no puede parar. Yamaha, KTM, Ducati y ahora Honda. El francés es como el viento: nadie sabe dónde ira.
Fermín Aldeguer - Papel secante
Me sube y me siento encima de las nubes,
me cuentan que tienes ganas de tormenta.
Qué importa si las noches se nos hacen cortas,
me mira y hasta las palabras se me olvidan.
Y cuando sale, el sol, empieza a bailar;
y cuando ríe, el mundo entero me da igual.
Y al despertar se acabó la primavera,
y al día siguiente la cabeza no me deja de girar,
repetiremos un sábado cualquiera:
nos hablarán las estrellas en cualquier lugar.
Por mucho que se sintiera encima de las nubes cada vez que se subía a su Desmosedici, a la primera temporada de Fermín Aldeguer en MotoGP no le faltaron tormentas. Aun así, las noches con su Ducati se le hacían cortas y las palabras se olvidaban al mirarse. Como aquel finde del pasado octubre en Indonesia, cuando bailó con ella bajo el sol y el mundo entero le dio igual.
Meses después, despertó de golpe de aquel sueño y vio acabarse la primavera con un fémur roto, haciendo que su cabeza no dejé de girar en lugar de estar él girando en moto. Ahora solamente queda tener paciencia, saber que repetirá algún sábado (o domingo) cualquiera, en cualquier circuito del mundo, en el que las estrellas volverán a hablarle.
Álex Rins - ¡Qué borde era mi valle!
He perdido la cabeza, la he perdido por perderte
Soy capaz de cualquier cosa por volver a verte.
Atravieso otra montaña, tu recuerdo me acompaña
¡Sí! Y voy cada vez más lejos.
Doy la vuelta a cualquier día, para darte compañía.
¡Sí! Y voy cada vez más dentro.
(…)
Hoy que me encuentro perdió, vamos a saltar del puente,
a ver si caemos al río, al mismo de siempre.
Puede que decir que Álex Rins ha perdido la cabeza por perder a Suzuki sea demasiado, pero su trayectoria en MotoGP desde que los de Hamamatsu cogieron las de Villadiego hace pensar que sería capaz de cualquier cosa por volver a verse con su añorada GSX-RR.
Desde entonces, el recuerdo de aquellos días no ha dejado de acompañarle mientras él se ha dedicado a atravesar montañas -primero las de Honda y ahora las de Yamaha-, llegando cada vez más lejos y entrando cada vez más dentro de una espiral negativa, convirtiendo cada carrera en un salto de fe desde un puente… en el que acaba cayendo al mismo río de siempre.
Luca Marini – Decidí
Decidí aprender a hacerme yo la maleta,
para poder vivir.
Hoy lloré, se me habrá metido un poco de arena,
eso no es para mí.
Me inventé mil maneras de perder la cabeza,
es más sencillo así.
Comprendí, y ahora vivo en un castillo de arena,
mi reino es para ti.
Luca Marini tenía muy claro que, si se mantenía en las faldas del VR46 de su hermano Valentino Rossi, todos sus logros iban a tener un asterisco. Por lo tanto, decidió aprender a hacerse la maleta para poder vivir y, con lágrimas en los ojos, aceptar la oferta de Honda, donde encontraría mil maneras de perder la cabeza.
Aunque pareciese mentira, para él era más sencillo así. Poco a poco fue comprendiendo los entresijos de la RC213V y ganándose el sambenito de gran desarrollador, construyendo su propio castillo de arena y haciendo suyo el reino de la marca del ala dorada.
Raúl Fernández – Experiencias de un batracio
Canta la rana debajo del agua,
sueña con ser una rana encantada:
sueña con ser un príncipe azul,
esperando un beso a contraluz.
(…)
Y sale de un salto, volando del agua.
Sueña con ser un ser vivo con alma:
necesitaría equilibrar
fuerzas que hay entre el bien y el mal.
Los primeros años de Raúl Fernández en MotoGP se han sentido como vivir dentro de un cuento de hadas sin tener frase en el diálogo. Como una rana de cuento que solamente canta mientras sueña con convertirse en un príncipe, esperando ese beso transformador… que finalmente llegó con la Aprilia RS-GP.
El pasado 2025, por fin pudo saltar del agua y volar; equilibrando las fuerzas que hay entre el bien y el mal para poder pasar de ser parte del decorado de la parrilla a poner su cuerpo y alma en la zona noble, de la que ahora ya no se quiere bajar.
Enea Bastianini – Salir
Ya no me acuerdo de na',
que todo era de colores.
¿Dónde estarán los besos?
Se los han quedado las flores
(…)
Para algunos, la vida es galopar
por un camino empedrado de horas, minutos y segundos.
Yo, más humilde soy,
y solo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo
me transporte mecido hasta el siguiente.
Aunque ya cuesta acordarse, no hace tanto que, para Enea Bastianini, todo era de colores. Sobre un cielo azul Gresini, vivía en un arcoíris de risas, besos y coronas de laurel. Pero el cambio a rojo Ducati no le sentó bien, y aquellos besos se los acabaron quedando las flores, viéndose en un camino empedrado en el que galopar dolía.
Por eso se fue: sin sitio en el oficial, tiró de humildad y puso rumbo a un equipo satélite de otra marca. Porque, por mucho que su apodo sea ‘Bestia’, el italiano no es precisamente un piloto explosivo: él es más de fluir y conservar las gomas, dejando que la ola que surge del último suspiro de un segundo le transporte mecido hasta el siguiente.
Fabio Di Giannantonio y Franco Morbidelli – Cerca del suelo
Y se desarma la luna sólo con tocarla,
y se enciende la luz que hay dentro de la charca.
Como dos gotas de agua de distinta nube,
que bajan y que suben.
Quedamos cerca del suelo a la altura de tu cintura
o quedamos cerca del suelo donde se refleje la luna.
Busco como el agua una bajada y me dejo caer
derechito hasta tus pies.
Juntos somos como cataratas puestas del revés,
y volver p'arriba otra vez.
Una montaña rusa. Así podría definirse el rendimiento de la pareja del VR46 que forman Fabio Di Giannantonio y Franco Morbidelli, capaces de desarmar la luna y sumirse en la negra noche, y una semana después encender la luz de la charca y acabar en el podio. Los dos bajan y suben. Como si fueran de dos gotas de agua, pero de distinta nube: uno siempre fue pupilo de Rossi y el otro llegó casi de rebote.
Siempre manteniendo los pies cerca del suelo, ninguno de los dos ha sido considerado nunca una súper estrella de MotoGP, pese a que ambos saben lo que son las victorias y los podios. Dos secundarios de lujo que saben lo que es bajar y caer; pero que, cuando han estado en la cuerda floja y parecían quedarse fuera de la parrilla, lograron invertir el sentido de la catarata… y volver p’arriba otra vez.
Jack Miller – El duende del parque
Pasan las cosas al compás del tiempo,
y yo no me entretengo ni en mirar, ¿pa' qué?
Cojo mi ropa, ¿dónde vas? ¿No ves?
Que está cambiando el viento a otro lugar, ¿y qué?
Que, a codo con la sinrazón, voy navegando.
Que, a codazos con mi corazón, voy dando tumbos.
Que encuentro un poco de calor, hoy no me derrumbo.
Jack Miller siempre ha dado la sensación de no preocuparse demasiado por todo lo que ha ido sucediendo a su alrededor. Que el tiempo pasa y él no se entretiene ni en mirar; y que tampoco ha tenido problema alguno en coger su ropa y marcharse a otro lugar cuando ha cambiado el viento.
A menudo navegando a codo con la sinrazón, como cuando ha puesto slicks mientras el resto ni se plantea los intermedios. Siempre anteponiendo el corazón, aunque le haya llevado a dar tumbos en más de una ocasión… pero siempre encontrando un poco de calor para seguir hacia delante sin derrumbarse cuando los resultados no salen.
Ai Ogura – Mi voluntad
Voy que te perdí de vista, detrás de tu pista.
Y, por si acaso, desaceleraré el paso,
para comprender primero
lo que estoy buscando sin parar.
Salgo por cambiar el ritmo fuera de mi mismo,
a ver qué pasa, por fuera de esta carcasa.
Después de hacer historia para Japón con su título mundial de Moto2, la irrupción de Ai Ogura en MotoGP no pudo ser más frenética. El quinto puesto en su debut fue un arma de doble filo, porque le hizo perder de vista el proceso que todo rookie debe seguir; obligándole a desacelerar el paso para comprender primero lo que estaba buscando.
Entendió que debía encontrar su sitio en la parrilla y, ya desde ahí, empezar a cambiar el ritmo para salir fuera de sí mismo e ir comprobando qué pasaba cuando se dejaba ir de su zona de confort y salía de su carcasa, que es su objetivo para 2026. Y a ver qué pasa.
Diogo Moreira - Desarraigo
Dar contra un muro pa'poderlo derribar,
que seguro nos depara una sorpresa,
si te atreves, yo me atrevo a atravesar.
La vida, vivo dando volteretas.
Los pies, al suelo, a mí no me sujetan,
que soy viento y me embalo
y arranco las veletas.
Diogo Moreira todavía era un niño cuando tomó la valiente decisión de cambiar Brasil por España para poder ser piloto profesional. La razón era sencilla: si se quedaba allí, el nivel de los pilotos europeos iba a ser un muro imposible de derribar. Lo que encontraría detrás era una sorpresa, pero tuvo el atrevimiento para atravesarlo.
Ahora ya se puede decir: salió bien. El brasileño ha vivido dando volteretas, siempre con los pies sin tocar el suelo, y cambiando de dirección como el viento: cuando podría haber sido el mejor del mundo en el supermotard, decidió arrancar la veleta del camino establecido y embalarse hacia MotoGP. Ya ha llegado, ahora toca seguir soplando.











