Mi mejor carrera. Colin Edwards. Italia 2002 (SBK)

Antes de llegar a las parrillas de MotoGP «el Tornado de Texas» ya había logrado su lugar entre los grandes con dos títulos mundiales de SBK, luchados hasta el último momento.

Venancio L. Nieto Fotos: Gold & Goose -
Mi mejor carrera. Colin Edwards. Italia 2002 (SBK)
Mi mejor carrera. Colin Edwards. Italia 2002 (SBK)

En la historia del campeonato del mundo ha habido grandes pilotos que se han ganado el reconocimiento del público a base de arrolladores resultados que reventaban las estadísticas de sus antecesores, sumando victorias y títulos en distintas categorías como han venido demostrando a lo largo de los años varias de las mayores estrellas de ayer y hoy.

En un plano ligeramente distinto, el piloto norteamericano Colin Edwards también es una estrella que cuenta con el apoyo y el afecto de miles de seguidores, aunque no haya ganado nunca una carrera de MotoGP. Lo cierto es que en ocasiones ha estado muy cerca de conseguirlo, pero la popularidad del tejano tiene más bien su origen, además de en el talento para pilotar al límite y la sensibilidad para encontrar la puesta a punto idónea de una moto, en un enorme carisma.

En efecto, la máxima profesionalización del deporte de la velocidad todavía permite excepciones así. Y no es la única. Antes que Edwards, su compatriota Randy Mamola fue cuatro veces subcampeón del mundo sin ganar nunca el título, pero 20 años después de retirarse Randy todavía conserva la admiración y el afecto de todos allá por donde pasa.

Barry Sheene pasó los últimos años de su carrera sin ganar, pero seguía siendo el favorito del público por su singular personalidad y sentido del éxito en la vida. Si Valentino Rossi no volviera a ganar una carrera, seguiría siendo igualmente querido por el público.

El carácter de Edwards recuerda mucho al de Mamola durante sus últimos años en activo. Al igual que éste, Edwards sigue siendo competitivo, pero su carrera deportiva se encuentra ya en un inevitable declive. Nadie esperaba en 1988 que Mamola ganase el título de 500 cuando fichó por Cagiva, y lo mismo le ocurre a Edwards en MotoGP, que se ha asegurado para 2012 un lugar en la parrilla de la categoría máxima desarrollando la nueva CRT de Suter y BMW.

Y al igual que Mamola entonces, cuando Edwards habla todo el mundo escucha porque saben que dirá algo interesante y, seguramente, también cargado con una oportuna dosis de sarcasmo.

Desde el título nacional norteamericano de motocross cuando era un adolescente, pasando por las distintas categorías del campeonato AMA -donde también fue campeón de 250-, el mundial de SBK o los GG.PP de MotoGP, pocos pilotos de la actualidad atesoran un volumen de vivencias similar al de Edwards en las competiciones de motos.

Quizá la más dura de todas ellas le involucró junto a Valentino Rossi en el accidente en el que falleció Marco Simoncelli.

Edwards parece haber conseguido sobreponerse a una desgracia que a todas luces resultó inevitable y en la que tampoco tuvo ninguna responsabilidad alguna, así que teniendo en cuenta su habitual gran espíritu no es extraño que, poco después de recuperarse de la clavícula que se lesionó en aquella desgraciada caída de Sepang, Edwards haya encontrado la fuerza y la motivación necesarias para subirse a la Suter BMW durante el pasado mes de diciembre.

Sin embargo, dejando atrás los malos recuerdos, nos encontramos con Edwards para revivir uno de los mejores. La gloria en las carreras de MotoGP es algo que seguramente Edwards nunca llegue a echar en falta.

No solo porque ha consolidado una existencia plena alrededor de las competiciones de motos, sino también porque antes de correr en MotoGP, Edwards ya ganó dos títulos mundiales en Superbike con Honda en las temporadas 2000 y 2002:


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«Sin duda, la mejor carrera que recuerdo es la de Imola en la temporada 2002, donde me jugaba el campeonato del mundo de Superbike contra Troy Bayliss. Allí gané la carrera y el título después de una gran lucha en cabeza de carrera».

Esa lucha por el título en el Autodromo Enzo e Dino Ferrari de Imola se palpaba en el ambiente desde que la caravana del Mundial de SBK llegó al circuito italiano para la última cita de la temporada:

«Cuando llegamos a Imola yo era líder del campeonato, aunque solo desde la carrera anterior en Holanda», continúa Edwards, «era solo por un punto y con dos carreras más por disputar. Aquello transformó la atmósfera durante todo el fin de semana. Es una experiencia muy intensa que me siento orgulloso de haber vivido. La tensión era máxima. Quien ganase en Imola, ganaría el título».

La temporada se había desarrollado en una constante persecución de Colin Edwards sobre el líder de la clasificación provisional Troy Bayliss, que se había extendido hasta la penúltima en Holanda, donde el australiano se cayó y no puntuó en la segunda manga.

Edwards pasó entonces a ser líder de la clasificación por primera vez en la temporada. Bayliss había comenzado el año de forma arrolladora como campeón en título de 2001, consiguiendo la doble victoria en España, en Australia y Sudáfrica, y volviendo a fi rmar el doblete en Italia, Alemania y San Marino.

La primera victoria del año para Edwards, subcampeón de la temporada anterior, no llegaría hasta la primera manga de la cuarta carrera del año en Japón, pero a partir de su victoria en la segunda manga de Estados Unidos, el tejano ganó de forma consecutiva en las ocho últimas salidas de la temporada:

«Cuando estábamos a mitad de temporada, yo no tenía ninguna posibilidad de ganar el título. Bayliss me sacaba 63 puntos en la clasificación y ningún piloto había conseguido ganar el título antes con semejante desventaja. Aquello convertía cada manga en un juego entre ganar o estrellarte, porque era todo lo que yo podía hacer en esa situación.

Pero resultó que las cosas fueron saliendo muy bien carrera a carrera y, cuando llegamos a la penúltima en Holanda, Troy cometió un error y se cayó, lo que me devolvió un buen puñado de puntos que me ponían líder de la clasifi cación, pero solo por un punto, para la última carrera en Imola.

Después de ganar tantas carreras en la segunda parte de la temporada sin alcanzar al líder de la clasificación, la sensación cuando Bayliss se cayó en Holanda fue increíble porque el año anterior yo había perdido el título contra él y mi estado mental era en ese momento completamente opuesto al de hacía un año».

Si Edwards venía de Holanda con la moral más alta que nunca, su rival australiano acababa de recibir el mayor golpe psicológico de la temporada, lo que de alguna forma terminaría condicionando el rendimiento de uno y otro a lo largo del fi n de semana en Imola: «Recuerdo que estuve rodando en un buen ritmo desde el primer entrenamiento, cosa que no le ocurrió a Bayliss, porque yo rodaba casi siempre medio segundo más rápido que él».

«Cuando empezó la primera manga Bayliss encontró su “medio segundo”, pero yo estaba líder y tirando del grupo hasta que sacaron la bandera roja que detuvo la carrera. Entonces se volvía a salir y se completaba la clasifi cación sumando los tiempos, por lo que al darse la nueva salida no había ninguna presión para mí. Me bastaba mantenerme segundo cerca de él para ganar la primera manga, así no había razones para tomar riesgos innecesarios. Así lo hice y gané».

«Antes de comenzar la segunda manga me encontraba muy bien, era capaz de rodar a buen ritmo y tenía una ventaja de seis puntos que me permitía ser primero o segundo para ganar el título. Así que cuando se dio la salida pensé en ir a por ello, rodar a buen ritmo y quizá tirar si tenía la oportunidad, pero Bayliss me pasó e intentó ralentizar el ritmo esperando que otros pilotos llegaran a intercalarse entre nosotros.

Entonces comenzamos a rodar en tiempos de 1’50”, cuando antes habíamos estado rodando en 1’48”, de forma que Rubén Xaus nos alcanzó. Todo aquello estaba dejando de gustarme por momentos, así que a tres vueltas del fi nal me puse delante y tiré tan fuerte como pude. En la última vuelta Troy y yo nos pasamos cuatro o cinco veces, pero le dejé atrás a tres curvas del final y gané».

«Cuando eres piloto y estás en esas circunstancias, sabes lo que tienes que hacer. Y en Imola me concentré al cien por cien. No soy capaz de recordar sensaciones concretas de esos momentos, pero creo que sentí que tenía mi destino en mis manos. Si ganaba aquella carrera, todo vendría solo sin depender de lo que hiciera nadie más. Cuando acabó la carrera todos en el equipo estaban encantados».

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