La Dirección General de Tráfico sigue avanzando en su nueva generación de radares y cada vez son más los expertos que coinciden en una idea: los sistemas actuales son mucho más precisos, efectivos y difíciles de evitar que los utilizados hasta ahora. La gran revolución llega de la mano de la tecnología LIDAR tridimensional, unos dispositivos que utilizan láser en lugar de ondas de radio para medir la velocidad de los vehículos con una precisión mucho mayor.
Según distintos especialistas en sistemas inteligentes de transporte en una entrevista ofrecida a la Cadena Cope, este salto tecnológico cambia completamente la forma en la que funcionan los controles de velocidad en carretera. Los nuevos radares ya no se limitan únicamente a medir la velocidad en un punto concreto, sino que son capaces de analizar el comportamiento completo del vehículo mientras circula.
Uno de los aspectos que más llama la atención es su capacidad para detectar vehículos a gran distancia. Algunos de estos radares pueden identificar excesos de velocidad a más de 200 metros e incluso controlar hasta seis carriles al mismo tiempo. Además, los nuevos sistemas mejoran especialmente la detección de motocicletas, algo que históricamente resultaba más complicado para ciertos radares tradicionales. Gracias al sistema tridimensional, ahora pueden identificar motos con mucha más precisión incluso entre varios vehículos circulando juntos.
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La DGT también está apostando por radares dinámicos y móviles mucho más discretos. Algunos podrán operar directamente desde vehículos de la Guardia Civil de Tráfico, dificultando todavía más que los conductores puedan anticiparse a los controles. Otro de los cambios importantes es su capacidad para trabajar de noche y en condiciones meteorológicas complejas, manteniendo un nivel de precisión muy elevado gracias al uso de sensores láser avanzados.
Los expertos explican además que estos sistemas crean una especie de “nube de puntos” alrededor de los vehículos, permitiendo incluso diferenciar tipos de vehículos o analizar trayectorias y movimientos en carretera. Todo esto forma parte del gran plan de modernización de radares impulsado por la DGT, que durante 2026 está ampliando considerablemente el número de dispositivos de control de velocidad en las carreteras españolas.
Para los motoristas, este cambio supone una transformación importante. Muchos de los radares antiguos tenían más dificultades para detectar motos correctamente, especialmente en determinadas posiciones o condiciones de tráfico. Con la nueva tecnología LIDAR tridimensional, eso cambia completamente. La consecuencia es clara: detectar radares antes de tiempo será cada vez más complicado. Y precisamente ahí está una de las claves de esta nueva estrategia de Tráfico, que busca reducir los clásicos frenazos bruscos antes de un control y mantener velocidades más constantes durante todo el trayecto.
En definitiva, los nuevos radares de la DGT representan una nueva etapa en la vigilancia en carretera. Más tecnología, más precisión y mucha más capacidad de control en tiempo real tanto para coches como para motos.









