Vespa PX 125 y 150 2 Tiempos

Prueba de la Piaggio Vespa PX 125/150. Tras bordear el Coliseo y visitar el Palatino, nos dirigimos a la Fontana di Trevi a tomar un helado. Aprovechamos para comer en la Plaza Navona y, finalmente, con la auténtica Vespa PX, fuimos al Campo dei Fiori, uno de los puntos nocturnos más populares de Roma…

Lluís Llurba. Fotos: Piaggio -
Vespa PX 125 y 150 2 Tiempos
Vespa PX 125 y 150 2 Tiempos

El año 2011 marca el trigésimo cuarto aniversario del lanzamiento de la Vespa PX. Un periodo de tiempo donde se han alcanzado más de 3.000.000 de unidades vendidas en todo el mundo. Un scooter de sobrada robustez y fiabilidad que se caracteriza por ser la única, de la actual gama de Vespa, que ofrece el cambio de cuatro marchas en el manillar: un signo inconfundible e histórico para los apasionados a la firma italiana.

La PX se remonta hasta el 19 de octubre de 1977, momento en el que Piaggio lanza un modelo de Vespa radicalmente nuevo, con una estética moderna y contenidos técnicos de vanguardia. Inicialmente nace en la cilindrada 125 2T y en el momento de lanzamiento costaba unas 60.000 pesetas de la época, unos 347 euros al cambio actual. Un poco más tarde llega el modelo de 150 y 200 cc, motorizaciones que acompañan a la original hasta 2007.

Durante ese año, la firma italiana decide apostar por productos más modernos, como la LX, y da carpetazo a la mítica PX. Sin embargo, y tras la crisis que lidia el sector, la empresa transalpina ha decidido rescatar a su fenómeno de masas para cuajar en un mercado donde siempre han sido muy fuertes.

Objeto de culto
Más allá de la tecnología y la practicidad, la PX entra nuevamente en liza para captar a los más nostálgicos, a los que buscan por encima de todo la autenticidad. Y es que a Vespa PX es uno de los vehículos de dos ruedas que genera mayor pasión y placer de poseer. Es uno de los scooter del mundo que más se hace desear, suficiente para ser atendido y mantenido más allá de la media de la vida útil de cualquier otro vehículo, hasta superar su función de medio de transporte para convertirse en objeto de culto.

Asimismo, el mito se renueva para hacer frente a las nuevas legislaciones. Si bien mantiene todos los clásicos puntos de fuerza que han basado su éxito durante más de tres décadas: estética inconfundible, robustez por su cuerpo de acero (chasis monocasco autoportante) y fi abilidad de un motor simple e indestructible.

Además, presenta un cuadro de lectura más fácil. Sin caer en un estilo retro, el taquímetro con doble escala en kilómetros y millas y el indicador del nivel de carburante están iluminados por una luz neutra. El resto de «chivatos» luminosos incluyen indicador de luces, el de ráfagas, los intermitentes y la reserva de carburante. El asiento, por otro lado, es de mayor tamaño y cuenta de distinto revestimiento.

Perfecto para ir en pareja.
Por su parte, el faro delantero se la ha dotado de una lámpara halógena que da un buen haz de luz, mientras que el piloto trasero es de toda la vida, uno de los elementos diferenciadores de cada modelo de Vespa. Del pequeño y redondo de la mítica 98 cc de 1946, pasando por el faro de dos elementos diferentes y en parte cromado que embellecía la 125 cc de 1962, hasta el cuadrado, típicamente «años 70» de la primavera ET3. La Vespa PX reencuentra formas suaves para el faro trasero, al que añade un clásico y elegante borde cromado.

Estilo de vida
La PX equipa motores monocilíndricos de 125 cc y 150 cc, refrigerados por aire, adoptan el encendido electrónico CDI y se ponen en marcha con el estárter eléctrico pero manteniendo el pedal. Como no podía ser de otra forma, gracias a la adopción de un nuevo escape con catalizador, las motorizaciones de la Vespa PX se ajustan a las modernas normativas Euro3. El cambio, manual de cuatro marchas, impide que te muevas con la misma facilidad y comodidad que en un scooter automático.

No obstante, y pese a que al principio es algo desconcertante (cuesta pasar de segunda a tercera sin coger punto muerto), jugar con el puño del cambio es de lo más entretenido. Por cierto, los puños, fabricados en goma negra, llevan marcado el logo de Vespa, embellecidos con un acabado cromado. Al igual que ornamenta la cubierta del puente central, ahora con un elegante molde en material satinado.

Las suspensiones siguen en sus trece y en el tren delantero mantiene su brazo oscilante que acoge un muelle helicoidal y un amortiguador hidráulico de doble efecto. El sistema de suspensión trasera trabaja sobre el cárter motor que funciona como parte oscilante. El equipo de frenos adopta en la parte delantera un freno de disco de 200 mm y se completa con tambor posterior (150 mm de diámetro) que se acciona con el pedal. Éste no posee demasiado tacto y, en ocasiones, suele bloquear la rueda trasera.

La Vespa PX está disponible en los colores azul –color de lanzamiento–, blanco, rojo y negro a un precio de 3.099 la 125 y 3.199 € la 150 2T. Un precio bastante elevado, pero totalmente banal para los que buscan la autenticidad.

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