Hacia la perla del Adriático. Burgos-Dubrovnik

Si el mapa de Europa lo dividiera a lo largo en tres partes visto desde España, la izquierda la visité en el viaje a Cabo Norte (Noruega), el centro en el de Cracovia (Polonia) y me quedaba la parte derecha. El objetivo: llegar a Dubrovnik, la Perla del Adriático.

Tomás Alonso, Álvaro Briones, Juan Carlos Delgado, Javier Serrano y Maite Herrero -
Hacia la perla del Adriático. Burgos-Dubrovnik
Hacia la perla del Adriático. Burgos-Dubrovnik

La idea de este viaje fue surgiendo poco a poco finalizado el verano de 2008. 

Juan Carlos y Javier se habían quedado con ganas de haber venido a alguno de los que había hecho antes, me dijeron que contara con ellos si tenía pensado hacer otro al año siguiente y con Álvaro ya contaba desde el principio.

El primer rutómetro de este viaje era embarcar en Barcelona hasta Civitavecchia, visitar Roma junto con el Centro Tecnológico que tiene nuestra empresa (Bridgestone) a las afueras de esta ciudad. La siguiente etapa sería Bari y poder conocer la planta que tiene allí, que por sus características debe de ser muy similar a la de Burgos (donde yo trabajo). E

n esta ciudad volveríamos a coger un barco con destino a Dubrovnik, desde allí iniciaríamos el regreso recorriendo parte de la costa Croata y Bosnia, atravesaríamos Eslovenia, Austria y ya en el sur de Alemania visitaríamos algunos de sus famosos castillos, desde allí regresaríamos a la ciudad que nos vio partir dos semanas antes.

El no haber recibido a tiempo la confirmación de la visita a la planta de Bari hizo que variara esta primera ruta a una segunda opción mucho más interesante, pues de esta manera bajaríamos por Croacia y subiríamos por Bosnia Herzegovina, conociendo mejor esta parte de los Balcanes.

Salimos a las 11,30 h con un día espléndido para andar en moto (ni frío, ni calor). Nos encontramos con mucho tráfico de camiones saliendo de Zaragoza hasta Fraga. Cerca de Barcelona, en la carretera del litoral ya había atascos, gracias a ir en moto los sorteamos como pudimos.

Llegamos un poco justos de tiempo para coger el barco. Embarcamos a las 22,15 h, metimos las motos en su bodega junto con muchos más vehículos, (cuatro pisos de garajes). Dimos unas vueltas por la cubierta y después de cenar nos acercamos al casino, no para jugar sino para ver cómo lo hacen otros.

Amanece un día despejado y con temperatura agradable, esto fue la tónica general en lo que se refiere a la climatología de este día. Desayunamos parte de lo que llevábamos y después de dar unas vueltas por la cubierta, comimos en el restaurante del barco.

Unas horas antes de la llegada hicimos escala en Porto Torres (Cerdeña), donde desembarcaron algunas personas y vehículos. Llegamos a Civitavecchia a la hora prevista, desembarcamos y tomamos dirección a Roma, ayudados por el GPS llegamos sin dificultad al camping que habíamos reservado, el bungalow que nos dieron estaba bastante bien.

Nos fuimos con las motos a cenar al centro de Roma a una pizzería, como postre nos comimos en una heladería unos helados (éstos sí eran auténticos), dimos un paseo por la Plaza Navona y los alrededores, para finalizar la jornada en una breve tertulia sentados en el porche del bungalow, tomando unos chupitos.

Decidimos visitar el Centro Tecnológico que a nivel europeo tiene nuestra empresa (Bridgestone) a las afueras de Roma. Arrancamos las motos y nos pusimos en camino, Álvaro, Juan Carlos y yo (Tomás), habíamos quedado a las 9h. Javier y Maite decidieron ir a visitar Roma, al día siguiente partíamos hacia Florencia y el tiempo era limitado, pensamos que la visita al T.C.E. posiblemente nos llevaría casi toda la mañana.

Nos recibió una persona muy atenta que nos estuvo enseñando los distintos departamentos de los que se compone el centro, tanto los laboratorios físico y químico, centro de diseño, y en general todo un poco, también fabrican neumáticos de competición para la serie GP2 de la F.I.A.

Más tarde nos guiaron hasta Aprilia, donde tenemos el centro de pruebas más avanzado de Europa, con un circuito oval de 4 km de longitud. Allí nos presentaron al que iba a ser nuestro piloto, Aitor (italiano de padre navarro). Nos montamos en un Mercedes ranchera y mientras conducía nos estuvo explicando que su trabajo consiste en conducir en situaciones extremas distintos coches con diferentes neumáticos y valorar su comportamiento. Mientras nos decía esto, nos llevaba por un circuito que está continuamente con agua para pasar más tarde al oval.

Tomamos curvas a 220 km/h y llevó el coche a situaciones límite. Aun sintiéndonos «seguros» hubo momentos que pasamos miedo por no decir pánico. Al no ser plantas de producción sino de investigación y desarrollo, te das cuenta en parte de la magnitud y dimensión de la compañía. Después de despedirnos de Aitor y de haber visto los dos centros, nos fuimos a visitar Roma.

Aparcamos las motos cerca del Vaticano haciéndole una visita (al edificio), de allí nos fuimos con las motos y las dejamos cerca de la Plaza Navona, donde habíamos quedado por la tarde con Javi y Maite. Andando visitamos el Coliseo, Panteón, Fontana de Trevi, etc. Juan Carlos nos hizo de guía en muchas ocasiones, explicándonos un poco la historia de algunos monumentos. Teníamos pocas horas para visitar una ciudad que precisa muchísimo más tiempo, en este caso Juan Carlos marcó los sitios y lugares más importantes. Al final de la tarde fuimos a cenar al camping, allí nos pusimos al día con Maite y Javi y nos fuimos a acostar. El día había sido muy intenso.

Decidimos visitar el Centro Tecnológico que a nivel europeo tiene nuestra empresa (Bridgestone) a las afueras de Roma. Arrancamos las motos y nos pusimos en camino, Álvaro, Juan Carlos y yo (Tomás), habíamos quedado a las 9h. Javier y Maite decidieron ir a visitar Roma, al día siguiente partíamos hacia Florencia y el tiempo era limitado, pensamos que la visita al T.C.E. posiblemente nos llevaría casi toda la mañana.

Nos recibió una persona muy atenta que nos estuvo enseñando los distintos departamentos de los que se compone el centro, tanto los laboratorios físico y químico, centro de diseño, y en general todo un poco, también fabrican neumáticos de competición para la serie GP2 de la F.I.A.

Más tarde nos guiaron hasta Aprilia, donde tenemos el centro de pruebas más avanzado de Europa, con un circuito oval de 4 km de longitud. Allí nos presentaron al que iba a ser nuestro piloto, Aitor (italiano de padre navarro).

Nos montamos en un Mercedes ranchera y mientras conducía nos estuvo explicando que su trabajo consiste en conducir en situaciones extremas distintos coches con diferentes neumáticos y valorar su comportamiento.

Mientras nos decía esto, nos llevaba por un circuito que está continuamente con agua para pasar más tarde al oval. Tomamos curvas a 220 km/h y llevó el coche a situaciones límite. Aun sintiéndonos «seguros» hubo momentos que pasamos miedo por no decir pánico. Al no ser plantas de producción sino de investigación y desarrollo, te das cuenta en parte de la magnitud y dimensión de la compañía.

Después de despedirnos de Aitor y de haber visto los dos centros, nos fuimos a visitar Roma. Aparcamos las motos cerca del Vaticano haciéndole una visita (al edifi cio), de allí nos fuimos con las motos y las dejamos cerca de la Plaza Navona, donde habíamos quedado por la tarde con Javi y Maite. Andando visitamos el Coliseo, Panteón, Fontana de Trevi, etc.

Juan Carlos nos hizo de guía en muchas ocasiones, explicándonos un poco la historia de algunos monumentos. Teníamos pocas horas para visitar una ciudad que precisa muchísimo más tiempo, en este caso Juan Carlos marcó los sitios y lugares más importantes. Al final de la tarde fuimos a cenar al camping, allí nos pusimos al día con Maite y Javi y nos fuimos a acostar. El día había sido muy intenso.

Salimos sobre las 9 h, tomamos dirección Pisa por la carretera de la costa y de esta manera conoceríamos de paso la Toscana. En ello estábamos cuando comenzó a llover y después de recorrer unos 100 km por carreteras estrechas y llenas de curvas, tuvimos que desistir y buscar la autopista, en este caso más segura.

Llegando a Siena, nosotros nos dirigimos a Pisa y Javier con Maite fueron directamente a Florencia, al día siguiente tenían que embarcar a las 23,30 h en Livorno para volver a España, ya lo tenían así planifi cado desde el principio. Ellos habían reservado un hotel en la ciudad, nosotros un camping muy bien situado, a 10 minutos del centro.

Llegamos a Pisa y aparcamos las motos junto al Campanile (Torre Inclinada), Duomo y Batisferio (con permiso de los Carabinieri, alguna ventaja tiene ir en moto). Después de comer partimos, queríamos llegar a buena hora a Florencia. Gracias al GPS y al buen hacer de Juan Carlos, dimos sin difi cultad con el camping. Estaba situado junto a la «Piazzale Michelangelo». Desde allí disfrutábamos de la mejor vista de la ciudad y podíamos movernos andando a todos los sitios.

Entrada la noche nos dirigimos al centro. Estuvimos cenando en un restaurante típico italiano, después de dejarnos aconsejar en parte por el dueño, comimos pasta fresca y cosas típicas de la zona, fue la mejor cena que hicimos en Italia. Más tarde y como venía siendo habitual, nos comimos unos helados buenísimos en una «gelateria» (heladería italiana).

Nos levantamos pronto, visitamos el Duomo (catedral), Piazza della Signoria donde se encuentra una réplica del David de Miguel Ángel. Desde allí cruzamos el río Arno por el Ponte Vecchio (con su aire medieval).

Quedamos con Javier y Maite, nos vimos en la plaza San Lorenzo, cerca del Duomo donde había un mercadillo, nos despedimos y después de hacer algunas compras y visitar parte de la ciudad nos dirigimos a comer al camping. Juan Carlos nos había preparado una ruta a San Gimignano, a 65 km de Florencia.

Es un pequeño pueblo amurallado de origen medieval, erigido en lo alto de las colinas de la Toscana, muy famoso principalmente por su arquitectura medieval especialmente sus torres. Su centro histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1990.

Regresamos por la tarde al camping. Viendo que comenzaba a llover decidimos cenar algo y tomarnos la última cerveza en la terraza de la cafetería, desde allí se divisaba Florencia.

Tomamos dirección Trieste, ciudad que hace frontera con Eslovenia, por este país teníamos que pasar para dirigirnos a Croacia. Antes de Padua circulamos por una zona montañosa pasando varios puertos. Nos encontramos con varios grupos de moteros, la carretera y la climatología eran perfectas para dar un paseo en moto.

Unos kilómetros antes de Venecia la carretera discurría entre grandes canales. No entramos en esta ciudad porque además de no estar abierta al tráfico, se complicaba el dejar las motos y cambiarnos de ropa, esto signifi caba gastar un día completo.

En el camino y junto al guardarraíl, vimos con mucha frecuencia ramos de flores, señal de haber habido algún accidente con muerte. Yo había leído en alguna ocasión que en Italia se circula muy mal. Por lo que pude comprobar, el comentario se quedaba corto, en la carretera hay muchos tramos de línea continúa que nadie respeta, hay muchísimas motos, de hecho cuando los conductores de coches ven que te aproximas, circulan en parte por el arcén para que les puedas adelantar, sin importar si hay línea continua o si viene otro de frente, bueno esto lo hacen para facilitar el adelantamiento.

Enseguida llegamos a la frontera con Eslovenia, gracias a un lugareño que con su coche y nosotros siguiéndole con las motos nos llevó hasta estar a un par de kilómetros. Pasamos sin apenas trámites y en 20 km llegamos a la frontera Croata, este país aun no siendo de la Unión Europea tampoco pone muchas trabas para pasar, con el DNI es suficiente. Pasando Rijeka dimos con la carretera de la costa.

La imagen con la que nos recibió fue espectacular, desde lo alto se divisaba un pequeño pueblo pesquero encajonado en una cala, algunas barcas en el puerto y un mar de fondo plagado de pequeñas islas. La carretera discurría por la falda de la montaña, no vimos playas y sí algunos acantilados. Esta fue la tónica general en cuanto al paisaje de esta primera parte de costa, a nuestra izquierda montañas rocosas con apenas vegetación, de frente una carretera que serpenteaba entre las montañas y a la derecha un mar cristalino salpicado de innumerables islas.

Cada pocos km encontrábamos pueblos de pescadores encajonados en las calas que formaban los entrantes de mar, perdón que me despisto. Se hacía de noche y decidimos bajar a uno de estos pueblos para buscar alojamiento, este era pequeño con algunas barcas en su también pequeño puerto.

Viendo que el camping no había abierto por estar fuera de temporada preguntamos en un pub (no me he equivocado, eso es lo que parecía, una joven y esbelta camarera, música y gente tomando copas), si había algún hotel para pasar la noche, uno de los clientes hizo una llamada y nos dijo que le siguiéramos. Se montó en un Mercedes 500 SL sin matrícula. Mientras conducía mi moto siguiendo al Mercedes iba pensando, a qué se podía dedicar esa persona (creo que mejor no saberlo).

Llegamos a una casa junto al mar, nos recibió una señora de entre 40 y 50 años alta y esbelta. Parte de la vivienda la dedicaban al alquiler en verano. Cenamos en un restaurante junto al mar, la especialidad, cómo no, en pescados y mariscos, comimos una parrillada para dos personas, un plato de calamares para picar y una ensalada, no estuvo mal y no fue caro.

En la sobremesa, Álvaro, papel y bolígrafo en mano, comentó que era buena ocasión de volver a rediseñar el rutómetro, para lo que nos quedaba de viaje. Juan Carlos nos dijo que al día siguiente se volvía para España. Llevaba con problemas en la caja de cambios de su moto desde hace tiempo.

Nos dejamos guiar por el GPS (imprescindible si viajas por estos países), queríamos llegar a la hora de comer a Split, algunos carteles nos indicaban que quedaban 300 km y según avanzábamos en mi GPS ponía más de 400.

Deduje que teníamos que dejar la carretera de la costa ya que había más distancia que por el interior. Pasamos de un paisaje maravilloso a otro, en ocasiones desolador. Vimos pequeñas aldeas, algunas de ellas abandonadas, casas que solo conservaban la estructura de piedra, todo lo demás había sido pasto de las llamas, en algunas fachadas revocadas de cemento se notaban los impactos de las balas, junto con los boquetes provocados por los disparos de morteros.

Llegando a Split nos dimos cuenta de que era una ciudad más grande de lo que pensábamos, hicimos una visita rápida por su casco antiguo, yendo a parar a la zona del puerto donde había atracados varios cruceros. Después de un pequeño descanso, tomamos dirección Dubrovnik. Los 170 km. que nos quedaban los hicimos por la costa.

Llegamos a Dubrovnik pasada la media tarde. Encontramos alojamiento en un hotelillo frente a las murallas, regentado por un matrimonio mayor muy amable, metimos las motos en un garaje que tenían en la planta baja del edificio.

Después de arreglarnos nos dimos una vuelta por dentro de la ciudad amurallada, está llena de callejones estrechos, con muchos restaurantes y no siendo temporada alta encontramos mucho ambiente.

Después de un copioso y buen desayuno que degustamos en una especie de galería que tenía la habitación, nos dimos una vuelta por la parte antigua de esta ciudad que se la conoce como la Perla del Adriático y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979 por la UNESCO.

Paseamos por el exterior de la muralla. Viendo que llovía con mucha intensidad y se acercaba el mediodía, decidimos poner rumbo a Mostar. Circulamos por un gran valle junto al río Neretva. Llegamos a Mostar sobre las 14 horas. La visita a esta ciudad no te deja indiferente, símbolo de la guerra que enfrentó en los 90 a las comunidades musulmana, croata y serbio-bosnia, en una guerra civil que cubrió de sangre y destrucción la mayor parte de los Balcanes.

Al pasear por sus calles te das cuenta que aun habiendo pasado más de 10 años del conflicto, todavía quedan edifi cios destruidos y raro es el que no tiene impactos de balas o boquetes producidos por los morteros. Visitamos el Puente Viejo, símbolo de la ciudad y que tantas veces había visto en televisión, después de comer algo en una plaza cercana al puente hicimos unas compras y tomamos rumbo hacia Sarajevo.

Nos levantamos pronto y después de desayunar en el hotel nos dirigimos al centro de Sarajevo. Rodean a la ciudad montañas muy altas, todavía se ven carteles relacionados con las olimpiadas de invierno que se celebraron en 1984.

Es la capital de Bosnia con medio millón de habitantes, vemos que tiene barrios más antiguos encaramados en las faldas de las montañas. Echamos un vistazo por la zona antigua. Seguro que esta ciudad tiene mucho que ver pero nosotros queríamos dormir a ser posible en Croacia, cerca de la frontera con Eslovenia.

Al llegar a Karlovac decidimos quedarnos a dormir allí y así gastar las kunas (moneda croata) que nos quedaban. Encontramos alojamiento de la forma más tonta, preguntamos a una persona que estaba en la puerta de un gimnasio si había un hotel cerca de allí y acabamos en uno de los apartamentos que tenía su suegro o padre (la verdad no me enteré bien la relación de parentesco que tenían) a las afueras de la ciudad, por cierto estaba muy bien.

Tomamos dirección Eslovenia. Enseguida entramos en Austria después de pasar un largo túnel de 8 km. Tras recorrer más de 100 km por la autopista de la que decidimos salirnos para circular por carreteras de montaña pasando por dos grandes puertos y multitud de pistas de esquí, muchas de ellas con gente practicando este deporte.

Rodeamos Salzburgo por una carretera muy estrecha y empinada (22/100 de desnivel) por la que cruzamos una montaña. Circulamos durante unos km por la orilla del lago Chiemsee pasando muy cerca de Rosenheim. Llegamos a Múnich a primera hora de la tarde y dimos con una céntrica calle donde había un albergue juvenil, metimos las motos en el parking y después de arreglarnos, dedicamos lo que quedaba de tarde a visitar el edificio donde están las oficinas de Mercedes.

En esta visita rápida a la ciudad cruzamos el Olimpiapark, precioso parque que junto con las residencias, estadios, polideportivos y su gran «pirulí», confi guran una pequeña ciudad. Es aquí donde se celebraron los Juegos Olímpicos de 1972. Después de visitar este complejo fuimos a dar a otro, allí estaba el emblemático edificio de BMW, sede central de la marca, con una altura de 101 m que simula un enorme motor de cuatro cilindros.

En esta pequeña ciudad, BMW tiene una planta donde fabrica coches. También tiene gimnasio, guardería y posiblemente viviendas. No entramos en el museo por falta de tiempo pero lo que sí fuimos a ver es su concesionario de motos. No nos podíamos ir de Múnich sin haber probado una buena salchicha con pan y una refrescante cerveza de ½ litro. Eso es lo que hicimos en un pequeño mercadillo donde vendían productos típicos de la zona.

Llegamos al albergue pasado el mediodía y después de prepararnos y despedimos partimos rumbo al norte de Francia, habíamos pensado concluir esta penúltima etapa por esa zona. Decidimos sacrifi car la visita a varios castillos, como el de Fussen (castillo del Rey loco), para poder llegar a Burgos al día siguiente.

Comenzamos la jornada con un día cubierto de nubes amenazando lluvia. Tuvimos que coger en muchas ocasiones distintas autopistas de peaje. Entramos en nuestro país a media tarde después de haber recorrido 1.100 km.

Llamamos a la familia para decir que llegábamos ese mismo día, fue en ese momento cuando nos enteramos que era viernes y no sábado como pensábamos nosotros. ¡Vaya despiste! Bueno ya no podíamos retroceder y visitar los castillos del sur de Alemania, sin embargo vimos la parte positiva, estaríamos con nuestras familias un día antes y de esto ya teníamos muchas ganas.

Fue un placer llegar a casa y después de los besos y abrazos de rigor, la primera pregunta de mis hijas fue, que dónde estaba lo que había traído… Todos hemos sido jóvenes, o no.

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