Los viajes de Alicia Sornosa


En septiembre de 2011, Alicia Sornosa inició una aventura sin igual. A los mandos de su moto, Descubierta, unió el Polo Norte con el Polo Sur y se ha convertido en la primera mujer en dar la vuelta al mundo en moto.

A. Acisclo. Fotos: A.S. -
Los viajes de Alicia Sornosa
Los viajes de Alicia Sornosa

“Compré a Descubierta, y un día me fui con unos amigos que hacer trail y me di cuenta de que no tenía ni idea, así que decidí apuntarme a un curso que daba BMW en los GS Days, y allí conocí a un escritor que iba a dar la vuelta al mundo y me sugirió que fuera con él para encargarme del contenido gráfico del viaje y de la comunicación, y además me dijo que sería la primera mujer española en conseguir dar la vuelta al mundo… como piloto. Y me puse manos a la obra”.

Así es como Alicia Sornosa un día decidió iniciar su aventura, eso sí, tenía poco tiempo para prepararse porque la situación que acabas de leer tuvo lugar pocos meses antes de que empezara el recorrido por el mundo, y antes de partir tenía que contar con un presupuesto de 36.000 euros… Algo que fue inalcanzable, pero ella ni corta ni perezosa decidió continuar con 18.000 euros en su “bolsillo”. En sus propias palabras: “Fui un poco inconsciente. Me fui dejando el poco trabajo que tenía como freelance, mi perro se lo dejé a mis hermanas, y de pronto me encuentro en Egipto, el primer shock. Tráfico caótico, normas de circulación inexistentes y a los mandos de una moto de 280 kilos en la que no soy capaz ni de girar la cabeza para ver si vienen coches. Cuando me di cuenta pensé: “Soy una inconsciente, que no sé manejar esta moto tan pesada, y me va a costar Dios y ayuda hacerme a ella”. En Egipto empezamos a rodar, de camino a coger un barco para llegar a Sudán, y empieza a desaparecer la carretera debajo de nuestras ruedas y me empiezo a dar cuenta de que no tengo ni idea de conducir una moto en tierra, y empiezo a sudar tinta… A las pistas facilongas, después de mucho sufrimiento acabé acostumbrándome, y ya llegamos a Sudán, un país desértico, en el que hay arena por todas partes, y las carreteras tienen unos agujeros de 1,50 m. Y otra vez a sudar como un pollo. Allí comencé a aprender a manejar la moto en arena, lo que supuso para mí un esfuerzo inmenso. Después de Sudán, llegamos Etiopía y lejos de ser un país desértico como yo imaginaba, llovía a cántaros, todo lleno de barro”.

Y esto acababa de empezar… Alicia se adentró en esta aventura sin el presupuesto adecuado, que consiguió mejorarlo al ponerse a colaborar haciendo reportajes sobre medioambiente para una página web mientras viajaba por el mundo, sin mucha experiencia a los mandos de su BMW… ¿Tú habrías hecho lo mismo?

Continuó el viaje y a su llegada a Etiopía se encontraron con “unos 300 y pico kilómetros de pista, con grietas, agujeros arena piedras gravilla… Para mí fue lo peor del viaje. Tres días encima de la moto, llorando, no podía con mi alma. Me sentía además impotente, esto lo está haciendo un tío que va delante con una 1200 que parece que va de paseo, y yo estoy aquí sufriendo, me dolían las muñecas, la cabeza… Parecía que la tortura nunca terminaba”.

Pero sí, la tortura terminó y dio paso a un nuevo país, India. Un país en el que el tráfico, la cantidad de gente por todas partes, y las vacas… Hacían muy difícil la conducción. Como sabrás las vacas en India son sagradas, y si una de ellas decide pararse en mitad del camino, pues ahí te quedas esperando hasta que ella quiera. “Un día estuvimos conduciendo 8 horas para hacer 300 km”, lo que nos da una idea de la cantidad de densidad de tráfico con la que se encontraron.


Ya se habían cumplido cuatro meses desde que comenzara el viaje, y en este punto Alicia decidió continuar viajando sola. Aunque en realidad nunca ha estado sola del todo. En muchos tramos de su viaje ha habido moteros que han decidido acompañarla, y a través de las redes sociales ha contado en muchas ocasiones con el apoyo que ha necesitado, porque no nos engañemos, en un viaje de estas características te puedes encontrar de todo, y Alicia, que se define como una persona a la que le encanta compartir y estar rodeada de gente, se ha valido mucho estos avances de la tecnología. “Ha habido ocasiones en las que a través de Skype he hablado con gente que he conocido posteriormente”.

De India viajó a Australia y a la Isla de Tasmania. “ Era todo muy bonito, pero también muy aburrido, porque no había nadie porque era abril, y allí empieza el invierno. Y cuando terminé el recorrido, volé a Los Ángeles”. Comenzaba así su periplo por Norteamérica, en el que además de ciudades como San Francisco y Seattle, visitó Alaska y llegó al Polo Norte canadiense. En este momento fue en el que se planteó que, además de dar la vuelta al mundo, quería unir el Polo Norte con el Polo Sur, y así fue, pero para llegar hasta el punto más al sur de la Tierra todavía quedan muchas aventuras.

En Nueva York hizo una parada en el viaje. Viajó a España para participar en los BMW Riders (Formigal), pero pronto regresó a comenzar lo que había empezado. Y desde la “ciudad que nunca duerme” inició el recorrido hasta México. “Había mujeres que me paraban para preguntarme si llevaba algún arma para defenderme, me decían que la frontera era muy peligrosa, pero me encontré con todo lo contrario”. Como sabes, la cultura estadounidense y las armas van de la mano.
“Llegué a Monterrey y allí tuve contacto por primera vez con una BMW en mi idioma, y es que el inglés a mí me ha costado muchísimo, porque me marché sin tener ni idea de inglés”. Sí, también se sumergió de lleno en esta experiencia sin dominar otro idioma que no fuera el español.

Recorrió Centroamérica con El Búfalo, un gaditano que con 6.000 euros se fue hasta Alaska se compró una moto y llegó hasta Ushuaia. En un momento se separaron, pero él le iba informando del estado de las carreteras y pistas que iba recorriendo. Y en Sudamérica no le faltó compañía tampoco, y es que “siempre había alguien que venía a buscarme, grupos de motoristas que me esperaban en alguna frontera o en algún pueblo. Por ejemplo, en Ecuador y Perú, donde siempre había alguien dispuesto a llevarme de una lado a otro. Me acogieron muy bien”.


Aprovechando la ventaja de las redes sociales, Alicia tuvo la suerte de encontrar un guía de excepción, Andrés, para llegar hasta Ushuaia. “Quedé con él en Chile, a 30 km de Santiago de Atacama. Me enseñó toda aquella zona, estuvimos en las lagunas altiplánicas, con los volcanes, los salares… D de tres o cuatro días de excursiones, me caí y me rompí el pie izquierdo. Así que me quedé 20 días de camping, con este pobre llevándome a caballito de un lado a otro. Fueron 20 días para parar, pensar, organizarme, ordenar mi cabeza y el camino hasta Ushuaia”.

Reiniciaron el camino, llegaron a los Pasos de los Andes y después de vérselas en la Ruta 40 con tormentas y tramos de pista realmente difíciles, recorrieron todo el Estrecho de Magallanes “por una pista llena de ripio, que es como una grava pero peor, más gorda, hasta la frontera de Chile con Argentina, y otra vez más ripio hasta llegar a Ushuaia, que ya hay una carretera que cruza hasta una montaña, maravillosa, pero lloviendo a cántaros. Por fin llegamos a Ushuaia, maravilloso. Lucía el sol, había conseguido unir el Polo Norte con el Polo Sur, y de ahí ya por carretera, por la Ruta del Viento, hasta Buenos Aires donde me encontré con Emilio Scotto (el gran viajero por excelencia)”.

El viaje estaba llegando a su fin, y es que Alicia llegó a Piriápolis (Uruguay), visitó Montevideo, y de ahí partió de vuelta a España.


Que a estas alturas alguien dé la vuelta al mundo al moto, no sorprende tanto por el hecho, sino por las vivencias que nos cuentan, y es que como suele decirse “todo depende del cristal con el que se mira”. Pero este caso es especial, y es que por primera vez una mujer ha realizado esta aventura.

En todo el tiempo que ha durado su viaje, nadie la ha extorsionado, y no ha tenido miedo, “ la única vez fue saliendo de Chicago, que puse el navegador y me llevó por una zona industrial, nadie por la calle, y la cadena de la moto se salía por aquel entonces. Llegué a una gasolinera y necesitaba que me ayudaran a levantar la moto, y el tipo que estaba allí me dijo que me fuera rapidito que no era un buen sitio para estar, y no salió de su cubículo blindado. Siempre que estoy en situaciones así aparece alguien, en este caso un tío en una pickup que en seguida se ofreció a ayudarme. Sacó su caja de herramientas, me puso el caballete me ayudó y ya me marché”.
“Las mujeres damos un poco más de ternura, da menos miedo una chica con casco y llena de barro, que un chico con barbas, pelo largo, barro”… Alicia nos comentaba que ser mujer a ella le ha beneficiado en muchos casos, y es que mucha gente le ha abierto las puertas de su casa. “Hay mejor conexión con una mujer”.

Su primera vuelta al mundo llegó a su fin, Alicia ha hecho historia en el mundo de las dos ruedas, pero en poco tiempo la veremos de nuevo, y digo veremos porque su próximo viaje lo podrás ver en la televisión, “Share the road”.

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